La renovación del águila

Roberto Rubio-Fabián

Esta noche es, simbólica y temporalmente hablando, noche de tránsito: del viejo al nuevo año, reflexión de lo que pasó y de lo que queremos que pase, tiempo de recolectar lo acumulado y sembrar lo proyectado, de fuerzas agotadas y energías recreadas. En fin, noche que nos evoca que todo se renueva para seguir existiendo, desde la vida de las partículas subatómicas y células hasta las estrellas y constelaciones, pasando por el ser humano y las sociedades. Buen momento para traer a cuenta y comentar un correo que recibí de un amigo y que contenía una breve historia sobre el proceso de renovación de las águilas.

El águila, el ave más longeva de su especie, puede llegar a vivir hasta los 70 años. Ahora bien, alrededor de sus 40 años el águila está ya con su vista cansada y casi ciega, sus garras están débiles y quebradizas, su largo y puntiagudo pico se ha encorvado hacia su pecho, sus alas se han vuelto gruesas y su vuelo lento. Por ello, a esta mediana edad ya no puede ver y cazar bien sus presas, y su supervivencia se encuentra seriamente amenazada. Entonces el águila enfrenta el dilema de morir o iniciar un largo y doloroso proceso de renovación que durará unos 5 meses.
El águila vuela así hacia lo más alto de una montaña en búsqueda de una roca donde anidar.

Ahí comienza a golpear su pico contra la roca hasta que se desprende de él, al tiempo que sus uñas se van cayendo. Durante el lento crecimiento del pico y las uñas, el ave mantiene sus ojos cerrados, lo que le permitirá posteriormente renovar su visión. Está entonces preparada para comenzar a retirar sus plumas hasta quedar prácticamente desplumada. Así, luego de una larga y profunda renovación, el águila alzará nuevamente su majestuoso vuelo y continuará imponente en las alturas.

Como las águilas, o como las personas, las sociedades también se debilitan y pierden vigor, y deben saber encontrar sus momentos de renovación, y salir con fuerza de ellos. La sociedad japonesa, en la época Meiji de principios del siglo XX, inició la renovación de su aislado y agotado sistema cuasi feudal y se abrió al mundo, convirtiéndose en pocos años en una potencia mundial.

La China post maoísta hizo también algo parecido. La Irlanda pobre, campesina y despoblada de hace unos 20 años supo encontrar el momento y la visión renovada que la colocan hoy en día entre las mejores economías europeas. La convulsionada y crítica España post franquista se renovó con los Pactos de la Moncloa y posteriormente con su hábil integración a la Comunidad Europea; mientras que el Chile post Pinochet se ha venido sabiendo renovar en la cultura de la concertación política.

Mientras nos admiramos de tantos países de éxito, y traemos expertos que nos cuenten de ello, en El Salvador todavía nos cuesta reconocer nuestro propio agotamiento, ya no se diga nuestra necesidad de renovación. La sociedad salvadoreña de hoy en día nos está dando suficientes pruebas de su falta de vigor y debilitamiento, y sin embargo la renovación no está todavía en el radar de la mayoría de nuestros dirigentes.

La energía concertadora que emanó de los Acuerdos de Paz se ha desvanecido y las dinámicas de la intensa y estéril confrontación política han tomado el relevo. La expansión económica de posguerra se quebró a partir de mediados de los noventa, y los repuntes de crecimiento de los últimos tres años todavía no dan prueba de vigorosidad macroeconómica, y mucho menos de fortalecimiento de las amplias economías familiares; al contrario, buena parte de estas manifiestan importantes signos de deterioro.

El actual esquema de crecimiento jadea y padece de agotamiento. Buena parte de las instituciones han perdido, si alguna vez lo tuvieron, las alas de la legitimidad y la credibilidad. Hay déficit de liderazgos políticos, sociales y empresariales, y la mayoría de los principales dirigentes políticos no se ubican en las alturas sino al ras del liderazgo cosmético y mediático.
Hay varios factores en el horizonte de 2008 que podrán debilitar aún más nuestra dinámica social: menor dinamismo de la economía norteamericana, continuadas presiones hacia el alza en el costo de la vida, dificultad para generar suficientes y buenos empleos como para combatir la violencia, incremento de demandas sociales, presencia creciente del narcotráfico, y sobre todo, la polarización estéril que está marcando la contienda electoral de 2009.

Para enfrentar estos y otros problemas de nuestro desarrollo, 2008 deberá ser, hoy más que nunca, año de renovación. Ello requerirá que nuestros liderazgos renueven actitudes y pensamientos, pues solo así sabrán remontarse a las alturas y, como auténticos líderes, podrán ver lo que otros no alcanzan a ver.

¿Agendas compartidas?

Juan Héctor Vidal

A menos que las propuestas de solución a la problemática que vive el país se traduzcan en objetivos programáticos realistas, creíbles y sensatos —que sean recogidos en un discurso convincente— la campaña electoral liderada por ARENA y el FMLN podría derivar en un ejercicio inocuo y ofensivo, como ha ocurrido en el pasado.

Ante una encrucijada política inédita, lo que también espera el electorado es un mensaje alentador, fundamentado en la ética política y el compromiso con El Salvador. Esto implica aceptar con valentía y coraje que los problemas que nos agobian no son de fácil solución y que no es de exclusiva responsabilidad del gobierno enfrentarlo; por el contrario, supone —aunque suene insensato decirlo— un sacrificio especial en procura del bienestar colectivo. Es aquí donde se torna fundamental definir el cómo, pues el qué no puede ser más evidente.

¿Quién estaría en contra de que la próxima administración ponga más énfasis en lo social, la distribución más equitativa del ingreso nacional, las acciones preventivas contra la delincuencia, el combate a la corrupción y el narco lavado, y haga un esfuerzo mayor para contribuir a una pronta y cumplida justicia? Tampoco la población estaría en desacuerdo con que haya una efectiva independencia entre los poderes públicos, se busque una mayor autonomía en materia de política exterior y se garantice el desarrollo sostenible.

Esto para hablar de lo más obvio y que por lo mismo no puede estar ausente en la agenda de ningún candidato que aspire a conducir con solvencia los destinos del país a partir de 2009. Pero nuevamente, el quid estará en el cómo. Aun así, todo indica que la definición estará grandemente influenciada por el tratamiento que se le dé a temas más específicos y la superación de todo aquello que sugiera indefinición.

Por ejemplo, en sus primeras apariciones ante ciertas audiencias, el candidato del FMLN ya se refirió a temas sensibles como la dolarización, el financiamiento público y el TLC con Estados Unidos, utilizando un lenguaje que, en principio, parecería estarse distanciando de la prédica tradicional de su partido.

Aunque en eventos sucesivos el señor Funes ha venido dosificando su mensaje alrededor de esos tópicos —sin duda por la reacción de la línea dura del partido— no hay que olvidar la posición irreductible que sobre los mismos ha mantenido el Frente. De alguna manera don Mauricio entiende que es necesario enviar un mensaje distinto para desterrar temores especialmente en los grupos empresariales. Otra cosa distinta es hasta qué punto sus posiciones cuentan con un respaldo “institucional”, al margen de las opiniones individuales de aquellos que probablemente no se sienten del todo cómodos con su candidatura.

Con todo, ARENA tiene que poner mucho ingenio para mantener su propio discurso desde una trinchera que siempre consideró invulnerable. Además, aunque no lo desee, su agenda podría traslaparse con la de su adversario más fuerte, con temas álgidos donde las opciones no abundan. Y el más complicado de ellos probablemente sea el de la dolarización.

Sobre este tema el partido gobernante sabe que no todo ha salido como se suponía, particularmente en lo que concierne a mantener bajo el costo del dinero tomado a préstamo (no la tasa de interés), una inflación alineada a la internacional y blindar la economía contra la devaluación, objetivo sin duda importante, pero que la depreciación brutal del dólar frente a las principales monedas de reserva se ha encargado de desmitificar.

Pero don Mauricio seguramente también intuye que revertir la medida, después de siete años, sería más contraproducente que haberla tomado, tanto en términos económicos como políticos.
En todo caso, la dolarización es solo parte de una agenda que tienen que compartir los principales contendientes de cara a 2009. Pero la verdadera definición no es un asunto trivial.