Sergio Muñoz Bata:
El domingo de Pascua, con la muerte de otro soldado norteamericano en Iraq, la cifra total llega a los 4,000. Ese mismo día, durante un ataque con proyectiles teledirigidos, también murieron 13 iraquíes, que se añaden a los más de 80,000 que han perdido la vida en el conflicto. Tres días antes, el jueves 20 de marzo, se cumplían cinco años desde que empezó la invasión y dos días antes, durante una breve visita al atribulado país, el virtual candidato a la nominación presidencial por el partido republicano John McCain celebraba la disminución de la violencia en las calles de Bagdad atribuyendo el hecho al aumento del personal militar allá. Actualmente, las fuerzas armadas norteamericanas en Iraq suman 158,000 personas.
Y aunque es fácil vaticinar que el número de muertos en Iraq seguirá en aumento, lo difícil es saber con certeza cuánto tiempo más durará el conflicto allá porque la decisión final dependerá, en última instancia, del resultado de la elección presidencial.
Barack Obama ha dicho que de ganar la presidencia empezaría el retiro de tropas a finales del año 2009, a un ritmo de entre una y dos brigadas al mes. Si se calcula que en una brigada hay 3,500 soldados en promedio, bajo el plan de Obama todavía habría tropas norteamericanas en Iraq al terminar el período presidencial del próximo presidente. Aparte del personal militar para resguardar la embajada estadounidense y para combatir a Al Qaeda. El plan para la retirada de tropas presentado por Hillary Clinton no es muy distinto al de Obama, aunque ella ofrece menos detalles sobre cuántos, cómo y bajo qué circunstancias saldría el grueso del ejército de ocupación. Por otro lado, ambos han dicho que privilegiarían una ofensiva diplomática multilateral para propiciar la evacuación militar norteamericana del área.
De los planes de McCain mucho se ha hablado de su disposición a mantener ahí las tropas por cien años si esto fuera necesario. En realidad, lo que dijo fue que lo más probable es que EUA mantenga bases militares en ese país por lo menos durante los próximos cien años. También se ha negado a fijar una fecha para iniciar el retiro de tropas aduciendo que hacerlo sería un error militar que tendría graves consecuencias.
Dado su pasado militar y su estatus de prisionero de guerra, sus afirmaciones tienen un enorme peso. No obstante su reputación, esto no significa que el expediente de McCain sobre la guerra en Iraq sea impecable.
Antes de que se iniciara la guerra, por ejemplo, McCain predijo que la victoria sería contundente y que se lograría en tiempo récord. Nunca imaginó que los iraquíes serían capaces de presentar el tipo de resistencia que han venido presentando. Él fue uno de tantos senadores que, sin contar con las pruebas necesarias, acusó a Sadam Husein de mantener arsenales con las llamadas armas de destrucción masiva y fue uno de los mayores promotores de su derrocamiento.
Una vez iniciada la guerra, McCain criticó al entonces secretario de la defensa Donald Rumsfeld por enviar a combate un número insuficiente de tropas. Aunque predijo que el Ejército norteamericano sería aclamado por el pueblo iraquí por su misión liberadora.
A McCain habría que reprocharle también el haberse inclinado, desde finales de los años noventa, en favor de políticos iraquíes deshonestos como Ahmed Chalabi, y de haber promovido apoyos monetarios que después harían posible que este y su camarilla recibieran millones de dólares generosamente donados por los descuidados funcionarios de la administración de George W. Bush, y que solo se interrumpieron cuando sus malos manejos fueron denunciados por la CIA.
Finalmente habría que dejar constancia del grave error que acaba de cometer durante una conferencia de prensa en Bagdad, donde en su afán por culpar al Gobierno iraní de armar a los extremistas iraquíes confundió a chiitas con sunitas sembrando la duda de si realmente tiene la experiencia que dice tener sobre la región.
Lo evidente, en todo caso, es que la elección presidencial de noviembre, quien quiera que sea finalmente el candidato demócrata, estará ineludiblemente ligada a la capacidad de los americanos para soportar el peso de la guerra.
En este momento, las encuestas de opinión muestran una división casi pareja entre quienes quieren que el retiro de tropas empiece lo antes posible (49%) y quienes opinan que las tropas deben permanecer ahí hasta que se estabilice el Gobierno iraquí (47%). En lo que coincide la mayoría de los estadounidenses es en su deseo de ganar la guerra. Y si el pasado sirve de guía para pronosticar el futuro, 4,000 soldados norteamericanos muertos no parece ser una cifra intolerable.