Claudio M. de Rosa:
La tasa de interés es un precio clave en la economía y dependiendo si sube o baja, se contiene o estimula la actividad económica. Por esto, en EUA, ante la amenaza de una posible recesión, la Reserva Federal (FED) ha recortado su tasa de interés de 5.25% en septiembre de 2007 a 2.25% en marzo de 2008, esto es 300 puntos base menos. La tasa LIBOR (London Interbank Offered Rate), que es la tasa de referencia que prevalece en el mercado mundial, ha seguido la misma tendencia de la tasa FED y entre julio de 2007 y marzo de 2008 cae de 5.43% a 2.44%, una baja de 299 puntos base, esto es, una relación de casi uno a uno.
En el caso del mercado bancario de El Salvador —que siguió muy de cerca lo que sucedía en el mercado internacional, especialmente en relación con la tasa LIBOR, en sus años antes de su venta a bancos extranjeros—, muestra, por ahora, gran indiferencia a lo que sucede en el mercado internacional en lo que respecta a la tasa activa. En efecto, la tasa de interés promedio ponderado sobre créditos hasta un año era de 7.78% en julio de 2007, mientras que en promedio simple de las últimas dos semanas de marzo ronda 7.70%, solo ocho puntos base menos, muy lejos de la reducción de 300 puntos base registrada en el mercado internacional.
Sin embargo, esto contrasta con la evolución de la tasa de interés promedio ponderado sobre los depósitos a 360 días, cayó de 5.27% en julio de 2007 a 3.60% ahora en marzo, esto es 167 puntos base menos. Esto se debe a la suficiente liquidez que hay en el mercado y por la facilidad al acceso a tasas de interés menores en el mercado internacional, que es otra fuente de financiamiento bancario que nuevamente está comenzando a utilizarse con mayor preferencia. Así, el diferencial entre tasas activas y pasivas ha aumentado de 251 puntos base a 4.10 puntos base, algo que debe corregirse.
Al comparar directamente la evolución de la tasa de interés en El Salvador y la LIBOR a un año, vemos que la diferencia entre ellas era de 235 puntos base en julio de 2007 (7.78% y 5.43%, respectivamente) y ahora es de 526 puntos base (7.70% y 2.44%, respectivamente). La diferencia entre ellas se ha más que duplicado.
En 2001, cuando la tasa LIBOR comenzó a bajar, las tasas domésticas sobre los créditos también tomaron algún tiempo en ajustarse, mientras que las de depósitos lo hicieron con gran celeridad. Ahora está sucediendo lo mismo, por lo que es de esperar que se retome el camino de reducción de tasas de interés sobre créditos a la brevedad.
Además, se esperaría que se aumentara la tasa de crecimiento del crédito, que si bien continúa expandiéndose a buen ritmo, es bastante menor que lo que se dio en los últimos dos años. Más aún, preocupa profundamente que el crédito agropecuario esté prácticamente estrangulado, porque este sector es de gran importancia, especialmente ahora que es necesario aumentar la producción de granos y verduras, para reducir el impacto inflacionario del mercado externo. Ahí está faltando un poco más de visión de país, que debería primar sobre los intereses propios de un negocio internacional que solo vela por maximizar las utilidades.
La expansión más acelerada del crédito, con énfasis en el orientado a funciones productivas, aunque sin dejar de lado el de consumo, que ayuda a mantener la demanda agregada, es de gran importancia para el país ante las amenazas externas que nacen fundamentalmente de la desaceleración económica de EUA, que está virtualmente en condiciones de recesión. Si hay menos ingresos a los esperados por remesas familiares y exportaciones, la expansión del crédito doméstico, con menores tasas de interés, puede constituir un aporte clave para estimular la inversión y minimizar un adverso impacto externo.
Creer que una contención del crédito minimizará el riesgo que normalmente enfrenta un banco es un error, porque si la economía se desacelera más de lo esperado (una mayor reducción de la demanda agregada), se incrementa la posibilidad que haya empresas y personas naturales que entren en dificultades de pago. Esto es, menor actividad económica, menores ventas y posibles cierres de turnos y despidos de personal. Por tanto, si la banca reduce las tasas de interés, en línea con el mercado internacional, y expande adecuadamente el crédito interno, esto permitiría mantener un mayor nivel de actividad económica y contener el adverso impacto de la desaceleración económica mundial.