La opción Rodrigo

Geovani Galeas:

El sector empresarial de ARENA no votó a favor de Rodrigo Ávila en las internas de ese partido, pero eso puede ser una buena noticia. Si hacemos memoria, Roberto d’Aubuisson era un líder de clase media; su proyecto político fue exitoso en la medida en que lo identificó claramente con los intereses del salvadoreño de a pie en las ciudades y el campo. Todo en él, visión de mundo y de país y hasta el estilo personal, sintonizaba perfectamente con esa identificación.

Esa era la derecha popular. Pero en algún momento de su historia, el partido ARENA comenzó a ser percibido como expresión o instrumento del gran capital. Muchos analistas políticos, nacionales e internacionales, dispuestos a reconocer sin tapujos los éxitos areneros en la conducción de la positiva transformación nacional de posguerra, señalaron el punto reiteradamente, al deplorar una creciente cooptación del Estado por parte de los grandes empresarios.

El punto más alto de esa percepción se concretó, antes de la debacle electoral arenera de 2003, en dos frases acuñadas por antiguos líderes de ese partido: “tenemos un COENA oligarca” y “se privatizó el partido”. En ARENA, comenzó a decirse abiertamente, el gran elector es el gran capital.

Con el énfasis en los programas sociales y con un estilo personal cercano al salvadoreño de a pie, Tony Saca comenzó a revertir poco a poco esa percepción, primero como candidato y luego como presidente. Ello le valió revertir también un evidente y sostenido declive del respaldo electoral que ARENA había venido padeciendo desde 1997, y que se expresaba con toda claridad en las elecciones municipales y legislativas, hasta llegar al desastre de 2003, fecha en que el FMLN pasó a ser temporalmente la primera fuerza política del país.

En la recién pasada elección interna dentro de ARENA todos los sectores que conforman el partido hicieron sus apuestas propias, y pugnaron con fuerza por hacerlas prevalecer, al punto de que en varios momentos pareció que el proceso podía desbordarse hacia la crisis. Rodrigo Ávila no era evidentemente el candidato de los grandes empresarios, pero fue él quien finalmente ganó la partida.

No se trata de una teoría sino de un hecho simple y concreto: en ARENA se está operando un retorno a su proyecto histórico original, cuya base no es el patrocinio de los grandes sino el apoyo de los muchos. Un primer efecto positivo sería el surgimiento de una sana distancia entre el Gobierno y los grandes empresarios, pero también un nuevo mapa de prioridades en las políticas públicas, que estarían orientadas principalmente a la profundización de los programas sociales.

La opción por Rodrigo Ávila y la constancia con la que él se refiere al reimpulso del proyecto histórico de su partido parecen confirmar que este será el nuevo rumbo de ARENA. Y si es así puede decirse que un candidato que no está situado precisamente en el vértice de la pirámide del poder (donde por definición no caben muchos), sino en la base (donde está la mayoría), tiene buenas posibilidades de triunfo.

Por otra parte, y según puede colegirse de las declaraciones y discursos de Rodrigo Ávila, este hará centro de su campaña en tres elementos que pegan en el núcleo de las emociones populares: la ayuda de Dios, la fuerza de su partido y el sentimiento del pueblo. Pero, fuera de las generalidades expresadas hasta ahora, aún falta lo fundamental: la oferta concreta que Rodrigo Ávila le hará a los salvadoreños. De ello dependerá, en última instancia, que el país experimente la permanencia de una derecha renovada o un incierto viraje hacia la izquierda.