Te pareces tanto a mí…

Óscar Picardo Joao:

¿En qué se diferencian los planteamientos políticos-estratégicos actuales entre ARENA y el FMLN? Más allá de la historia, de los colores, de las raíces ideológicas y de los caprichos parlamentarios, nos encontramos a dos partidos antagónicos —en la forma—, pero con visiones coincidentes —en el fondo.

A nivel discursivo, la “nueva derecha” de Rodrigo Ávila fue definida como aquella que está absolutamente identificada con las grandes mayorías y totalmente comprometida con la solución de sus problemas; la que impulsa un país más justo en donde nadie envidia el éxito y nadie se sirve con la cuchara más grande, en donde todos tienen posibilidad de superarse en base al trabajo y al esfuerzo.

Por su parte, Mauricio Funes en su discurso “Ha nacido la esperanza” afirmó que no acabará con el mercado, que impulsará un Estado que intervendrá para sacar a los salvadoreños de la pobreza y lograr mayor igualdad social; asimismo, promoverá una legislación que evite monopolios y oligopolios; y en otros espacios de entrevistas afirmó no revertir la dolarización ni abolir el TLC, a lo sumo revisarlos.

Las reales diferencias estriban en el grado de intervención estatal en el mercado, en la amplitud o restricción de relaciones diplomáticas con ciertos países de gobiernos polémicos, en la posibilidad de una reforma fiscal, y paremos de contar. Las coincidencias son mayores y estructurales: combatir la pobreza.

Es obvio que Mauricio Funes o Rodrigo Ávila podrán contar con una realidad indiscutible a la hora de gobernar: Una gran demanda social de necesidades educativas, económicas, sanitarias y de seguridad, contra una limitadísima oferta estatal anclada en la recaudación fiscal (pronóstico ingobernabilidad mesurada).

Los matices de este escenario a corto plazo poco podrán variar con el restringido aporte de la cooperación internacional y con los tenues movimientos económicos de las remesas, de las exportaciones y de la inversión internacional.

El camino para un verdadero cambio de rumbo supondrá un viraje hacia la eficaz integración centroamericana y hacia el diseño de políticas de Estado centradas en la educación, la ciencia y la tecnología; pero ninguna de las dos opciones tienen rédito político inmediato y requieren de la ausente paciencia y esperanza.

Habrá que leer entre líneas las propuestas de planes de gobierno, analizar el perfil de los candidatos a los ministerios y tener mucha creatividad e imaginación para descubrir las diferencias, ya que las críticas e hipótesis del pasado están resultando: una derecha que deja sus dogmas neoliberales para ser más social, y una izquierda que guarda sus manuales radicales estatistas para dialogar con el mercado.

Ambos partidos se mueven hacia el centro, hacia la tercera vía, hacia el modelo ideológico de la eficacia, dejando a un lado los fantasmas del comunismo y del anticomunismo.

En el fondo descubrimos un signo de madurez política que supera el fanatismo ideológico y prepara las condiciones para la alternabilidad y la madurez democrática; no nos podemos imaginar a un partido ARENA perenne en el poder, ni a un FMLN arraigado en la oposición marxista. Estos cambios son parte de la evolución política de El Salvador aunque cueste creerlo y asimilarlo, habrá que superar esa etapa del siglo XX para ingresar a la política del siglo XXI.

Lo más importante de esta transición será: a) la dimensión ética de las propuestas políticas (transparencia); b) la capacidad ciudadana de fiscalización; y c) asegurar la institucionalidad de las estructuras gubernamentales y ciudadanas (reformas).

En conjunto, estas son las aparentes razones de la incertidumbre política que viven ARENA y el FMLN; los demás partidos deberán poner las barbas en remojo y reflexionar: Si no hay errores en esta lógica desaparecerán, si los hay podrán aprovechar para reinventarse.