“Viva la vida loca”... del mercado

Roberto Rubio-Fabián:

Dicen que la historia de la humanidad nos muestra que el ser humano es la única especie que cae dos veces en el mismo hoyo. La historia de las crisis financieras nos enseña que el mercado suele caer muchas veces más en el mismo hoyo. Así por ejemplo, apenas en los últimos 15 años el mercado financiero ha caído tres veces en un mismo y gran hoyo.

La primera gran caída fue la del mercado financiero estadounidense, con la crisis de las Savings & Loans (S&L, especie de cajas de ahorro y crédito) de mediados de los años 80 y principios de los 90. En medio de la algarabía liberalizadora de la “reaganmanía” y de la desregulación bancaria, la expansión alegre de las S&L y de sus créditos dejó unas pérdidas de más de $160,000 millones, que al final tuvieron que pagar los contribuyentes norteamericanos.

La segunda gran caída, a escala del mercado internacional, fue a mediados de los años 90, con la llamada “crisis asiática” de 1997, o la primera gran crisis de los mercados globalizados como la calificaron algunos (Paredes Rodríguez, 1999). Esta crisis del mercado financiero mundial, que tuvo su primera manifestación en la devaluación en cadena de las monedas de algunos países del Sudeste Asiático, tenía también a su base, como la crisis de las S&L en los Estados Unidos, la expansión irresponsable y alegre del mercado bancario y crediticio.

El fuerte crecimiento de las exportaciones de los países del Sudeste Asiático favoreció enormes inyecciones de préstamos, que en lugar de dirigirse a la producción se destinaron a la especulación inmobiliaria. Esto llevó, como sucede con la actual crisis del “subprime”, a una verdadera fiesta de préstamos basados en la sobrevaloración de los activos y acciones inmobiliarias. Créditos que luego se volvieron incobrables y darían fin al festejo bancario.
La crisis no tardaría en alcanzar al “milagro japonés”. A principios de 1998 Japón también comenzó a sentir los efectos de la “parranda” organizada por la burbuja financiera. Situación similar, aunque de naturaleza diferente, se viviría en México antes de la crisis asiática (1995) con el “Efecto tequila”, o luego de 1997 en Argentina y Brasil con el “Efecto tango” y el “Efecto samba”.

Los mercados ebrios son de memoria corta, y pronto olvidaron la amarga experiencia de las caídas. Apenas entrados algunos años del presente siglo, los mercados financieros, especialmente el norteamericano, volvieron de nuevo a embriagarse de la expansión crediticia ligada a la sobrevaloración inmobiliaria, y cayeron por tercera vez en el mismo hoyo, está vez mucho más grande y profundo.

La actual crisis financiera mundial, calificada de crisis de los subprime (por el hecho de tener como base los créditos fáciles a los clientes subprime o no solventes), de nuevo tiene como telón de fondo los créditos alegres y los festines especulativos inmobiliarios. De nuevo la desregulación irresponsable y sorda, que genera río revuelto donde mejor pescan los grandes pecadores del mercado. De nuevo la socialización de las pérdidas y la privatización de las ganancias, y de nuevo la ciudadanía contribuyente cargando con ello. De nuevo la ambición desmedida y desenfrenada. De nuevo transformando el sentido del “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar) de Adam Smith por el “déjenme a mí hacer, déjenme a mí pasar”. De nuevo bailando al compás del “Viva la vida loca”.

Las grandes instancias financieras (bancos, aseguradoras, fondos de inversión, fondos de pensiones, casas corredoras, bolsas de valores, etc.), sus mecanismos y operaciones, se han globalizado. Ya no están tanto afincadas/registradas en sus países de origen, sino que se han desplazado hacia países fuera del control de sus respectivos gobiernos: hacia paraísos fiscales o centros “off-shore”, donde las alegres plazas tropicales del Caribe son las más atractivas para sus bailes (Islas Cayman, Anguila, Islas Vírgenes, Bahamas, Aruba).

Razón por la cual han evadido las regulaciones de los gobiernos nacionales, y aprovechado la ausencia de gobernanza mundial en la materia para organizar sus propias orgías financieras. Razón por la cual no se sabe el verdadero alcance de la actual crisis financiera del subprime, pues no se sabe con exactitud la profundidad del hoyo en que se ha caído. Hoyo del que seguramente se saldrá no sin antes pagar altos costos. Hoyo del que, pasados algunos años, seguramente se volverá a caer si no se establecen los controles y regulaciones internacionales pertinentes.