Rafael Castellanos:
Martes 4 de marzo, 10 a. m. Llegamos al n.º 2 de la calle Dong Chang An, en Pekín, sede del Ministerio de Comercio Exterior, en un día soleado y frío, 10 grados centígrados, muy agradable. Nuestros objetivos: explorar el interés chino en el comercio con América Latina, cómo ven a Centroamérica, si la región tiene para ellos alguna importancia debido al CAFTA, el ampliado Canal de Panamá, Cutuco y el canal seco en el Norte.
Xu Ying Zhen, directora general de asuntos para América y Oceanía del Ministerio de Comercio Exterior, es una funcionaria joven, moderna, más parecida a una ejecutiva financiera de Nueva York, que lo que se hubiera esperado de una funcionaria burócrata china. Habla perfecto español, aunque su intervención oficial fue en mandarín. Su recepción muy abierta y cordial, mostrando una visión mundial muy clara y un interés creciente en Latinoamérica.
Además de agradecer la visita poco común, de una delegación académica centroamericana, explicó que China tiene una creciente relación comercial con América Latina, relaciones diplomáticas con 22 países, 15 con acuerdos comerciales, 10 con acuerdos para la protección e inversión extranjera, y varios para evitar la doble tributación.
Dijo además que varias comisiones mixtas con países latinoamericanos estudian el incremento de relaciones comerciales, que el comercio con Latinoamérica pasó de $1,200 millones en 1979 a $102,500 millones en 2006 y buscan ampliarlo. Que desean encontrar la forma en que sus empresarios conozcan mejor Latinoamérica y viceversa.
Brizio Biondi, presidente del Consejo Directivo de INCAE, expresó que reconocemos la importancia de la economía china y aprovechando que Costa Rica abrió relaciones diplomáticas con ellos, la visitamos con el interés de exponer a los estudiantes centroamericanos a China y estudiantes chinos a Centroamérica, y siendo INCAE una institución regional con nexos prácticamente en toda América Latina, pudiéramos ser un vínculo importante con otros países.
Preguntamos si verían a Centroamérica como un posible centro logístico y de distribución para Estados Unidos, concretamente con inversionistas chinos llegando a la región. A esto respondió que ya trabajan de cerca con Panamá y la Autoridad del Canal profundizando relaciones y que su funcionario principal estuvo en China en esos días. Que es interesante explorar el resto de la región, pero la ausencia de relaciones diplomáticas lo dificulta, desde cosas simples como dificultades de visas, la firma de tratados de protección de la inversión extranjera, de comercio, etcétera, una posición igual a la que encontramos en cancillería.
La evolución de China, a partir de 1978, constituye el fenómeno de crecimiento económico más notable en la economía mundial de todos los tiempos. En los últimos 25 años, cuadruplicó su tamaño, y en la década de los noventa lo duplicó en solo nueve años, lo que significa mantener sostenidamente una tasa de crecimiento del PIB superior al 9%.
Este año se pronostica un crecimiento entre 10.5 y 11%. El crecimiento de la economía china se ha basado en características únicas, una apertura muy amplia y laxa a las inversiones extranjeras, con salarios muy bajos, un tipo de cambio que ata el yuan al dólar, señalado repetidamente como infravaluado, poco respeto a las regulaciones medioambientales, a la propiedad intelectual y un férreo control del Estado sobre la libertad de la población china, enfocado a producir a bajos precios.
China enfrenta dificultades para hacer su modelo sostenible, como la falta de democracia, el exceso de población contra la escasez de recursos, agua, energía, productos básicos que tienen que importar, petróleo, metales, alimentos, además del aumento en los precios que ellos mismos ocasionan con la vasta demanda de ellos. A pesar de todos esos peligros, China probablemente será la economía más grande del mundo en 2017. Centroamérica, con excepción de Costa Rica y probablemente Panamá, no tiene relaciones diplomáticas con Pekín, sino con Taipéi.
Se ha mantenido, alineada originalmente con Estados Unidos desde la guerra fría, sostenida por amistad y contribuciones económicas de Taiwán, no por inversiones significativas o transferencia de tecnología. Muchos sostienen que Pekín y Taipéi se arreglarán entre ellos, más temprano que tarde. Los mayores inversionistas en China son taiwaneses; hay muchísimos matrimonios entre ellos y una relación comercial y familiar muy fluida.
El presidente electo de Taiwán anunció un acercamiento entre la isla y tierra firme en todo sentido, dejando congelado indefinidamente el tema de la soberanía. En el contexto lógico y en el de la globalización pareciera que establecer relaciones diplomáticas con Pekín es el rumbo lógico. ¿Qué será lo mejor para el país? ¿No hacerlo nunca, por amistad y tradición? O hacerlo pronto, cuando puede tener valor estratégico, o ser de los últimos cuando cuente poco.