El bilateralismo comercial en perspectiva (y III)

Juan Héctor Vidal:

Antes del RD-CAFTA, la mayoría de las exportaciones centroamericanas y dominicanas a Estados Unidos estaban regidas por un estatus especial de concesiones unilaterales que favorecía su acceso. Ingresaban bajo la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) —luego asimilada a la “Caribbean Basin Trade Preferences Act de 2002”— y el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). En los hechos, el tratado vino a normar el comercio en base a concesiones recíprocas.

Más allá de la complejidad de los temas negociados como el acceso al mercado, las reglas de origen, los tiempos de desgravación, las compras gubernamentales etc., no hay que olvidar que los seis países están compitiendo por el mismo mercado y en muchos sentidos, con los mismos productos. Acaso por esta realidad, los voceros oficiales salvadoreños siempre insistieron en que el país que firmara primero el Tratado tomaría ventaja sobre los demás. El Salvador se adelantó, pero los resultados, hasta ahora, no son los que se esperaban.

De acuerdo con información del US-Trade las importaciones (CIF) de Estados Unidos procedentes de Centroamérica en 2005 se distribuyeron así: Honduras (27.8%), Costa Rica (25.4%), Guatemala (23.3%), El Salvador (14.8%) y Nicaragua (8.7%). En 2007, la situación registró los coeficientes siguientes: Costa Rica (27.1%), Honduras (26.9%), Guatemala (20.9%), El Salvador (14.1%) y Nicaragua (11.0%).

Obsérvese que Costa Rica y Nicaragua aumentaron su cuota de mercado (1.7 y 2.3 puntos porcentuales) en desmedro de la participación relativa de Guatemala porcentuales (2.4) Honduras (0.9) y El Salvador (0.7%). Dos aspectos deben ser resaltados en este caso: por un lado los costarricenses se desplazaron al primer lugar, sin tener vigente el CAFTA; por otro, los nicaragüenses progresaron relativamente más que el resto —aunque con ventaja en cuanto a las reglas de origen en la maquila— a pesar de que su PIB solo representa el 30% aproximadamente del salvadoreño.

Nuevamente en este caso, se pone en evidencia el grado de preparación previo de los países, su capacidad exportadora y el cumplimiento de los compromisos adquiridos. Es sabido que Honduras, por ejemplo, tiene un caso pendiente porque en opinión de su competencia en EUA ha sobresaturado el mercado de calcetines, y justo la semana antepasada fue afectada con sus exportaciones de melones, supuestamente por no cumplir con las normas fitosanitarias. Algunos embarques salvadoreños también han sido afectados por problemas de etiquetado y fallar en las estipulaciones de la FDA.

Pero como decíamos en la primera entrega, todas estas cosas son parte del aprendizaje. Sin embargo, también hay que entender que los tratados comerciales ayudan, pero no garantizan, la inserción que andamos buscando en el mercado global; mucho menos son sinónimo de desarrollo. Sin duda algunos países han sido exitosos en esos dos planos, pero la proliferación de este tipo de tratados, no siempre ayuda a la causa nacional y más bien se convierten en un obstáculo más para liberalizar totalmente el comercio mundial como lo postula la OMC y se ha planteado la Ronda de Doha. Pero los empresarios, que tienen mucho que opinar en estos temas, prácticamente no participan en lo que negocian los gobiernos.

Este problema lo experimentamos con el CAFTA y parece que se está replicando en las negociaciones con la Unión Europea. No dudamos que este Acuerdo sería de enorme trascendencia para los centroamericanos, por sus connotaciones en temas vitales como la democracia, la sostenibilidad ambiental, los aspectos sociales y la cooperación para el desarrollo. Además, los europeos están exigiendo como punto de partida la profundización de la integración regional, otorgándole una prioridad a la unión aduanera. Este es un sueño largamente acariciado, pero los gobiernos deben ser más responsables en este caso, no despertando falsas expectativas como ha ocurrido con el bilateralismo comercial.

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P.D. El crimen de Katya no debe quedar impune.