El país necesita una Ultradoceplex

Julio Rank Wright:

El Salvador, históricamente, ha sido un país lleno de alegría, esperanza y un decidido compromiso de obtener el éxito multidimensional del desarrollo para las mayorías. Lastimosamente, presiento que con el pasar del tiempo nuestra gente empieza a convencerse de que nuestro destino como país es el de la pobreza interminable. El aire que respiramos es pesado y transmite, entre olores putrefactos de ríos contaminados y autobuses con colas de humos negros, una inequívoca sensación de que estamos muy mal.

Los ánimos cada vez son más lúgubres entre las multitudes agobiadas por el hambre, las deudas y la falta de oportunidades. Parece que la columna vertebral de una nación se quebranta con una osteoporosis crónica que apenas la deja respirar. El caldo es ideal para que lo termine de cocinar a su antojo cualquier propuesta demagógica y populista.

El salvadoreño, por naturaleza, parece ser impaciente, ambicioso e impulsivo. En 2009 preocupa que se junten ese contexto de adversidad global con la impaciencia e impulsividad nuestra para darle entrada a cualquiera que prometa cuanta cosa venda. El año 2009 no será una elección de valores o de ideologías.

Estas ya hemos visto que pueden oscilar dependiendo del público meta; fenómeno que no debe sorprendernos porque esa es la naturaleza de la política electoral. El año 2009 será una elección de soluciones viables, alcanzables y medibles; sin embargo, las soluciones no le corresponden únicamente a los gobiernos, nos guste o no. La nueva política requiere de la participación activa de todos los actores de la vida nacional y eso le incluye a usted y a su familia.

La empresa privada tiene una tremenda labor porque debe modificar su paradigma de eficiencia productiva al menor costo y mutar a uno donde las actividades productivas sean vistas como un aporte integral a la sociedad en general. Es decir, la labor de la empresa no termina cuando el consumidor le compra su producto o servicio.

Debe existir un compromiso no solo social sino de aporte nacional de la empresa privada. La sociedad civil urge de un cambio de chip también. No abona en nada señalar sin actuar. Los gobiernos y sus burocracias (o tecnocracias, el término que usted prefiera) deben ser el actor más eficiente de la vida nacional. Una noticia que ilustre niveles de ejecución presupuestaria del 76% es prometedora pero no suficiente. La meta moral de cada funcionario público debe ser siempre el 100%, nada menos.

Finalmente nos corresponde a cada uno de los ciudadanos de esta gran nación encontrar un renovado sentido de orgullo nacional. Si bien es cierto hay quienes se alimentan de la desesperanza, es obligación de cada uno de nosotros aportar optimismo y pragmatismo. Algunos me dirán que del optimismo no comen los pobres y debo concordar, pero también es cierto que del derrotismo nadie se recupera.

Al menos el optimismo levanta a gente de sus camas en busca de oportunidades. Los sabios concuerdan: el subdesarrollo de las naciones muchas veces está íntimamente ligado a la mentalidad de sus gentes, si no preguntémosle a cada ciudadano de Singapur que en apenas cincuenta años, con un país sin una sola fuente de ingresos, sin agricultura y recursos naturales, con apenas 704 km² de territorio y con más de 4.5 millones de habitantes, ha logrado convertirse en ejemplo de superación.

Entre las muchas cosas puntuales que El Salvador necesita como salud, educación, infraestructura, profundización de la democracia, fortalecimiento institucional y desarrollo económico nos damos cuenta de que el país y toda su gente también necesitan una Ultradoceplex: un suplemento vitamínico que le brinde vitalidad, energía y claridad de rumbo al Pulgarcito de América.