Es tiempo de lo político

Nacho Castillo:

Dicen que hay momentos y momentos. Unos son para edificar a largo plazo, sobre la base de un modelo o una idea de desarrollo muy concreta; y otros son para hacer frente a una coyuntura determinada. El primero se lo dejo a los economistas; el segundo, a los políticos.

Lo que está viviendo hoy el país es una situación específica: un desmesurado aumento generalizado de precios producto de varios factores, ninguno de los cuales puede ser manipulado por las autoridades locales. Estamos frente a factores externos que están minando seriamente el bolsillo de cada salvadoreño, como también el de todo habitante del planeta, con mayor énfasis en los que tienen menos.

El impacto entre un país y otro está en sus recursos o la situación económica en que lo encontró la crisis. Por ejemplo, Perú y Chile pueden resistir mejor el embate porque en los últimos años los altos precios de los minerales que se extraen de sus minas han dejado en las arcas del estado ahorros nunca vistos. Argentina y Brasil, con millones de kilómetros cuadrados destinados a la agricultura, pueden, por el contrario, darle vuelta a la crisis y transformarla en la gran oportunidad para volver a convertirse en los graneros del mundo.

La realidad salvadoreña y de la mayoría de los países del istmo es distinta. No somos —por diferentes razones, culpas o responsabilidades— capaces de alimentarnos a nosotros mismos. No producimos la suficiente cantidad de frijoles, arroz y harinas, para olvidarnos de comprar fuera de nuestras fronteras. Para qué decir del trigo, por razones climáticas, no producimos ni una espiga.

Se nos han venido encima alzas importantes en todos los productos alimenticios que consumimos diariamente. Y para qué hablar de la gasolina, que está provocando el mismo efecto en todo lo demás. La situación es insoportable y requiere de medidas excepcionales.

Nadie puede pedirle a un pobre que se quede tranquilo. Hay situaciones que van más allá de cualquier motivación política. El estómago es independiente de la cabeza y del corazón. Hay quienes no pueden esperar.

El Gobierno tiene la obligación de escuchar a los economistas del país, ponderar muy bien todos los aspectos que supone una medida extraordinaria, pero tiene que tener muy claro que la conducción fundamental de un país es política. La economía es parte de lo político.

Que me perdonen mis amigos los economistas, a quienes respeto muchísimo. Es más, no estoy diciendo que estas medidas extraordinarias que el Gobierno está obligado a tomar en estos momentos sean irresponsables. Lo que estoy diciendo es que una medida política extraordinaria, como la que se requiere hoy, no debe estar ajustada a la rigurosidad económica.

El presidente tiene que ir en auxilio de los más pobres del país con dinero en la mano o con subsidios directos. Si hay que endeudarse más, pues hay que hacerlo. Si hay que recurrir a fuentes no pensadas hasta ahora, hay que analizarlo. Lo que no se puede es poner en juego el futuro político del país.