Rafael E. Lorenzana:
Tanto se dice en nuestro país... que la libre competencia por aquí, que por allá; que el mercado se autorregula; que la ley de la libre competencia, etcétera.
En una buena parte esos estribillos o voces se usan como medida demagógica para ganar votos o para aplicar regulaciones que permitan al mercado hacer ajustes. Hay oportunidades, en las cuales las regulaciones se violentan, con la complicidad de los organismos encargados de resolver las diferencias legales, escudando, a veces, sus compromisos, en lo complejo de los benditos “procedimientos”.
Sin embargo, hay ocasiones en que se logran resultados sin querer, queriendo. Y de ellos pueden aprender los funcionarios que hablan de libre competencia.
Uno de esos casos es la reciente disputa COPA-TACA. Mucho se escribió en diferentes medios, presionando a la CSJ por una resolución apegada a la ley, la moral, sin dejar de lado, por supuesto, lo que tanto se pregona: “la libre competencia”. Después de apelaciones y una engorrosa batalla legal, a COPA le fue autorizado su segundo vuelo Panamá-El Salvador.
Muchos nos alegramos, ya que entendimos que eso beneficiaría el tráfico aéreo a horas más convenientes y quizá hasta mejores tarifas. Nuestra esperanza nacía de aquellas experiencias vividas por los costarricenses, guatemaltecos, nicaragüenses, hondureños y panameños. Países todos, en donde ha funcionado la libre competencia. Hasta pensamos que ese intento abriría la puerta a una verdadera libre competencia en los cielos salvadoreños.
Los ejemplos siguen confirmando que lo mejor sería, para los consumidores, que se adoptara la política de cielos abiertos. No había terminado de anunciar COPA que estaría implementando su segundo vuelo, cuando TACA anuncia no solo la creación de un nuevo vuelo El Salvador-Panamá, sino que sorpresivamente baja la tarifa aérea de y para Panamá. Sorpresa también causó, que TACA no parece haber encontrado oposición de parte del Gobierno panameño, ni de COPA, para establecer ese nuevo vuelo.
Como consumidores, solo nos queda exclamar: ¡Sí se puede! ¿Verdad que se puede?
A las autoridades de Aviación Civil, encargadas de autorizar los vuelos, al Ministerio de Turismo, a las líneas aéreas y sobre todo los usuarios, hoy es cuando deberíamos pedirle a nuestro gobierno que sea consistente con su discurso de libre competencia y que le permita al mercado hacer lo que TACA tan elocuentemente ha iniciado... ¡Real competencia!
Si extrapolamos lo que ahora sucede, con la ruta El Salvador-Panamá y lo aplicamos a los destinos que utilizan los salvadoreños que viven en Estados Unidos, que son los que nos mandan “los dineritos”, para fortalecer nuestra economía, otra cosa sería. Tendríamos más turismo de nacionales y extranjeros, más consumo de bienes y servicios. Todo esto se traduciría en mayor actividad económica que nos beneficiaría a todos.
La competencia trabaja, si se le permite trabajar, sin malentendidas protecciones. Compite la señora del mercado, el médico, el abogado, el sastre, el fontanero. ¿Por qué no habrían de competir las líneas aéreas? TACA está dando el ejemplo. Señor ministro de Turismo: la puerta está abierta.