Rescate de EEUU y facilidades de la Fed no alcanzan

Por John Kemp

Las experiencia muestra que las crisis financieras se agudizan muy rápido y requieren una respuesta veloz y decisiva de los funcionarios para romper el ciclo de pánico.

Tomarse tiempo para reflexionar, elaborar políticas profundas y considerar las consecuencias de largo plazo, son todos lujos que los funcionarios no pueden darse.

Pero el problema con las respuestas audaces es que suelen tener consecuencias indirectas. Las medidas de política individuales pueden resultar inconsistentes entre sí, incumplir los objetivos y causar problemas mayores a futuro.

Los acontecimientos de la última semana sugieren que el programa de rescate estadounidense ha caído en esta trampa y ahora está deshaciéndose rápidamente.

Los dos pilares del plan de rescate son, por un lado, los múltiples programas de liquidez y asistencia que ofrece la Reserva Federal y, por otro lado, el Programa de Alivio de Activos en Problemas, o TARP por sus siglas en inglés.

Ambas iniciativas ahora enfrentan graves dificultades. De hecho, los distintos paquetes de rescate corren riesgo de convertirse en un ejemplo de libro de texto de cómo los programas mal diseñados pueden ser inútiles para lograr sus objetivos.

LIQUIDEZ NO LLEGA A ECONOMIA REAL

La Fed ha incrementado su hoja de balance desde 884.000 millones de dólares a 2,055 billones de dólares sólo en dos meses y extendió ayuda adicional por casi 1 billón de dólares al sistema bancario a través de los distintos programas de crédito de emergencia del último año.

Pero una parte muy reducida de toda esta liquidez adicional está llegando a las familias y a los deudores corporativos. De hecho, la mayor parte sigue dentro del sistema bancario.

Los bancos han incrementado sus tenencias de reservas en depósito en la Fed desde 8.000 millones de dólares a 494.000 millones de dólares.

Esto representa 488.000 millones de dólares más de lo que la Fed estima que necesitarían normalmente para conciliar sus pagos y mantener como reserva prudencial. El aumento de las reservas ha absorbido quizá la mitad de la liquidez que colocó la Fed en el sistema bancario.

Gran parte del resto casi seguro fue invertida en la montaña de bonos que el Tesoro estadounidense ha estado emitiendo. Sólo una proporción menor quedó para ser prestada a la economía real.

Para los bancos es mucho más seguro prestar los fondos excedentes a la Fed y el Tesoro que cedérselos entre sí, mucho menos a las familias y las empresas, considerados más riesgosos.

La Fed ha empeorado aún más estos incentivos perversos al aceptar el pago de intereses sobre las reservas en exceso.

Los funcionarios han ignorado la distinción entre dinero y crédito, o, para usar la terminología monetarista, entre “dinero estricto” y “dinero amplio”.

La Fed puede crear dinero (estricto) ilimitado aumentando las reservas al sistema bancario, pero no puede recrear el “dinero amplio”, el crédito del sistema bancario y otras instituciones financieras.

El problema es que las extensiones de crédito dependen de que los bancos saludables estén dispuestos y puedan prestar, y los prestatarios saludables estén dispuestos y puedan pedir recursos.

El miércoles, el Tesoro, la Fed y la Corporación Federal de Seguros de Depósitos dijeron que esperan que “todas las organizaciones bancarias cumplan su papel fundamental en la economía como intermediarios de crédito a las empresas, los consumidores y otros prestatarios solventes”.

Pero esa orden firme para empezar a prestar de nuevo podría ser inútil.

Hasta que el valor del colateral, especialmente las propiedades residenciales y comerciales, se estabilice y haya más certidumbre sobre el panorama económico, no habrá incentivos para que las instituciones solventes se endeuden o para que los bancos presten. Pero sin crédito, la contracción se agudizará.

FONDO DISCRECIONAL DE 700.000 MLNS DLRS

En tanto, el programa TARP enfrenta problemas aún mayores.

Este fondo de 700.000 millones de dólares originalmente había sido creado para ofrecer un “comprador de última instancia” de valores respaldados por hipotecas y otros activos que se habían tornado ilíquidos y se estaban vendiendo a precios de remate.

Pero la legislación del TARP ofreció al secretario del Tesoro una autoridad casi ilimitada sobre cómo se debería usar el dinero, sujeto sólo a una junta de supervisión compuesta principalmente por funcionarios del Poder Ejecutivo.

El fondo ahora se ha transformado rápidamente.

El Tesoro ya usó 125.000 millones de dólares para inyectar capitales en nueve grandes bancos, algunos de los cuales incluso dijeron que no querían o no necesitaban el dinero. Otros 125.000 millones están disponibles para inyecciones de capitales en bancos regionales y comunitarios.

Unos 40.000 millones se están usando para respaldar a la aseguradora AIG. Y al Tesoro sólo le quedan ahora 60.000 millones de dólares del TARP antes de tener que regresar al Congreso para que le apruebe más gastos.

El miércoles, el Tesoro admitió que ahora no tiene planes de empezar a comprar activos en problemas, abandonando totalmente el propósito original del programa.

El Congreso enfrentó fuertes presiones para aprobar el TARP con la promesa de que las compras de activos podrían empezar en cuestión de días después de su promulgación.

Los legisladores muestran crecientes señales de preocupación de que el TARP se haya convertido en un gigantesco fondo discrecional de 700.000 millones de dólares fuera del proceso regular de asignación del gasto público.

Existe frustración de que los recursos del TARP estén siendo usados para reforzar las hojas de balance del sector financiero, sin un aumento del crédito a las familias y las corporaciones.

Pero la cuestión fundamental es que ni la liquidez de la Fed ni los acuerdos del TARP resolverán el problema principal, la creciente ola de incumplimientos en el mercado hipotecario residencial y la continua caída de los precios de las casas y del valor del colateral.

Hay cierto error de interpretación general, de que la renovada extensión de crédito por sí sola revivirá a la economía real.

Pero eso es poner el carro delante de los caballos. El crédito sólo volverá a fluir cuando los bancos y los potenciales prestatarios puedan ver alguna señal de que la economía, los flujos de caja y el colateral se estabilizan.

Como han indicado varios funcionarios de la Fed, la política monetaria ya ha hecho todo lo que podía.

Sólo la política fiscal, combinada con una reprogramación sistemática de préstamos y amortizaciones de principal de la deuda, pueden lograr una estabilización de la economía real y el mercado de las casas.