Sergio Muñoz Bata:
En una reunión con la junta editorial del Reno Journal Gazzette, un periódico de línea conservadora en el estado de Nevada, Barack Obama unió su voz al coro de los candidatos republicanos para ensalzar las glorias de la presidencia de Ronald Reagan.
Según dijo Obama, “Ronald Reagan cambió la trayectoria de Estados Unidos, de una manera que ni Richard Nixon ni Bill Clinton pudieron hacer”. Decir esto, en un momento en el que los republicanos buscan cobijo a la sombra de Ronald Reagan porque la popularidad del republicano que actualmente ocupa la presidencia anda muy a la baja (el último índice de aprobación de George W. Bush ronda los 30 puntos) no solo es síntoma de tendencias suicidas, sino que denota confusión o un desaforado oportunismo.
Cómo se puede entender que en plena campaña por la nominación del partido demócrata a la presidencia Obama se esfuerce por reinventar a Reagan como el presidente que cambió la trayectoria del país al inyectarle la “claridad, el optimismo, el dinamismo y el espíritu empresarial perdidos”… ¡durante la administración de un presidente demócrata, Jimmy Carter!
Y como si juzgara insuficiente la ofrenda a sus anfitriones, Obama remató afirmando que “sería justo admitir que el Republicano ha sido el partido de las ideas en los últimos 10 ó 15 años, porque lograron desafiar el pensamiento convencional”.
Por más esfuerzo que se haga para contextualizar sus afirmaciones aclarando que su propósito era trazar un paralelismo entre el ambiente electoral actual y el que había en 1980, lo evidente es que el objetivo principal de su visita era conseguir el apoyo del periódico y, de paso, darle un golpe bajo a Bill Clinton.
Lo obvio, desde cualquier perspectiva, es que Obama cometió un error político. Peor aún, también incurrió en un error de apreciación histórica al glorificar y universalizar el legado de Ronald Reagan.
Si bien es cierto que en sus ocho años de gobierno Reagan restauró el poderío militar estadounidense, el crédito que se le da por haber ganado la Guerra Fría es inexacto o por lo menos desproporcionado, pues no toma en cuenta el proceso de descomposición interna del corrupto e ineficiente socialismo soviético.
Con sus grandes dotes de comunicador, Reagan logró radicalizar el conservadurismo del partido republicano y convencer a un sector de la población de una muy cuestionable superioridad moral de los estadounidenses.
Para los líderes de la lucha por los derechos civiles, la defensa que Reagan hiciera de “los derechos de los estados” sirvió de apoyo a la causa de la segregación racial en el sur. Asimismo, su crítica de los dictámenes de los tribunales ordenando el transporte en autobús a niños de raza negra a escuelas de niños blancos fue interpretado como un repudio del mandato del Tribunal Supremo. No en balde para el magistrado de la Suprema Corte de Justicia, Thurgood Marshall, Reagan fue un racista.
Sus políticas de desregulación permitieron la destrucción y la contaminación del medio ambiente. Sus recortes a los impuestos beneficiaron a los ricos al tiempo que destruyó las redes de asistencia a los más necesitados y durante toda su carrera política Reagan fue enemigo acérrimo de los sindicatos.
Cuando Reagan tomó el poder en 1981, el déficit presupuestal del país rondaba los $74,000 millones, y la deuda federal era de $930,000 millones. En dos años, el déficit llegó a $208,000 millones y para 1988 la deuda totalizaba $2.6 billones. En ocho años de “Reaganomics”, el país pasó de ser el mayor acreedor del mundo a ser el mayor deudor.
Mención aparte merecen sus mentiras para ocultar los pactos siniestros que le permitieron a su administración financiar la conexión Irán-Contra nicaragüense. Una encuesta realizada por la cadena de televisión ABC y el periódico Washington Post en el momento cumbre del escándalo reveló que el 62% de los estadounidenses estaban convencidos de que Reagan les había mentido mientras que otra encuesta de CBS y el New York Times reportaba que a un año de terminar su período presidencial la popularidad de Reagan había caído de 67% a 46% en el transcurso de un mes.
Finalmente, en lo que respecta al monopolio republicano sobre las ideas que Obama proclama habría que dejar constancia de la aversión que Reagan sentía por los intelectuales y de su mínima afición a la lectura que en los dos últimos años de su presidencia, según reportes publicados en el Wall Street Journal y en Los Ángeles Times, llegó a niveles preocupantes porque según sus propios asistentes “el presidente no leía ni los breviarios que le preparaban y se ausentaba de su oficina para ver viejas películas de Hollywood”.
Obama se equivoca
El voto latino en las primarias: ¿Obama o Clinton?
Joaquín Samayoa:
En menos de un mes, las elecciones primarias del partido demócrata en Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur dejaron fuera de la contienda a la mayoría de los aspirantes, derribaron la hipótesis de inevitabilidad de Hillary Clinton y mostraron convincentemente el potencial de la candidatura de Barack Obama, tanto para las primarias restantes como, eventualmente, en la pelea contra cualquier candidato republicano.
En esta corta fase de depuración, la comunidad latina ha tenido una participación muy marginal, pues solo ha podido tener algún peso en el estado de Nevada, el cual aporta solo unos pocos de los más de 4,000 delegados que elegirán al candidato presidencial demócrata en la Convención Nacional de ese partido.
Los demócratas latinos siguen ausentes todavía en el transcurso de la presente semana. La elección realizada ayer en Florida no cuenta, ya que la máxima autoridad de su partido mantiene el castigo impuesto a ese estado por haber ignorado la normativa partidaria al adelantar las fechas de sus elecciones primarias. A no ser que la Convención Nacional decida lo contrario, los delegados de Florida no tendrán voz ni voto en la elección del candidato presidencial.
De cualquier forma, la población hispana en Florida es predominantemente de origen cubano e ideología republicana, por lo que no es muy representativa del voto latino en los demás estados.
El gran día de los latinos será el próximo martes, cuando los principales aspirantes demócratas midan fuerzas en estados grandes y con mucha población hispana. California, New Jersey, Chicago y New York, entre otros, realizan primarias ese día. Un gran día político para los hispanos, porque su participación conseguirá un importante número de delegados para Hilary Clinton o para Barack Obama. Según las reglas del partido, los delegados se asignan proporcionalmente al voto popular, lo que significa que ambos candidatos pueden sumar delegados en cada Estado aun si no terminan en primer lugar.
En una contienda que será muy reñida, los delegados obtenidos mediante el voto latino podrían resultar decisivos. No me refiero únicamente a los delegados que, en virtud del voto popular, quedan comprometidos con un determinado candidato. En el partido demócrata hay cerca de 800 superdelegados, aproximadamente un 20% de los electores, que no están amarrados a ninguna candidatura y pueden cambiar de opinión en cualquier momento. Estos delegados tendrán muy en cuenta las posibilidades que ofrece cada precandidato para derrotar al adversario republicano consiguiendo votos de diversos grupos étnicos, de edad, de ideología y de género.
Normalmente los superdelegados apoyan al candidato que emerge como claro ganador del voto popular; pero en esta ocasión, si la contienda se mantiene reñida hasta el final y ninguno de los precandidatos llega a la Convención Nacional habiendo asegurado los 2,025 votos que necesita para convertirse en candidato presidencial, la decisión quedará en manos de los 796 superdelegados. Por eso es tan significativo el apoyo que el senador Kennedy y la hija del presidente John F. Kennedy han dado al senador Obama.
Pero además de la influencia que pueda ejercer Kennedy en otros superdelegados, le ayudará también a Obama a ganarse la confianza de la comunidad latina, el único grupo que, hasta ahora, se le ha resistido. En Nevada, los latinos apoyaron en proporción de dos a uno a Clinton sobre Obama, pero ese respaldo gratuito a la señora Clinton debiera examinarse más cuidadosamente, ya que podría tener consecuencias indeseables en las políticas migratorias del próximo gobierno y en otros temas de particular interés para los latinos.
A lo largo de su carrera política, Hillary Clinton no ha mostrado mucho interés ni eficacia en la defensa de los derechos de la comunidad latina. En ese capítulo, la superan claramente el presidente Bush y otros republicanos. Por otra parte, en lo que va del proceso de primarias, tanto ella como su principal contrincante han evadido el espinoso tema de los inmigrantes ilegales porque no han tenido que dirigirse a grupos significativos de población hispana.
A ambos hay que exigirles posiciones claras y realistas en el tema migratorio. Pero mientras no se demuestre lo contrario, Barack Obama merece más el apoyo latino. Tiene una sensibilidad más genuina por sus años de contacto directo con comunidades marginadas. Tiene el respaldo de uno de los políticos que más ha peleado por una reforma migratoria respetuosa de los derechos humanos. Tiene mucho más carisma para ejercer el tipo de liderazgo que hace falta para conseguir consenso en un tema que ha sido sumamente divisivo.
TACA y los intereses del pueblo
Ivo Príamo Alvarenga:
Al primer artículo sobre TACA, un miembro de la claque del FMLN encargado de atacar a sus rivales, me escribió los acostumbrados insultos groseros. Al segundo artículo, otro lector me preguntaba por qué a quien me censura, le atribuyo ser efemelenista. No me molestan —le respondí— opiniones opuestas a las mías, razonadas con argumentos. Lo intolerable, seguramente originado en el partido izquierdista, es un enjambre de simples improperios.
Dicho segundo artículo, en efecto, recibió numerosos comentarios de lectores razonables, aunque críticos. Su principal queja es que TACA no haya llevado gratis a los Ángeles de El Salvador, que fueron al Desfile de las Rosas. Alguien vuelve al elevado valor de los boletos durante la guerra, cuando solo ella viajaba al país. Algunos hablan de que es un monopolio, cuyos precios altos los favorece el Estado, por ejemplo bloqueando a compañías cuyos tiquetes serían más baratos, de lo que un ejemplo actual es el caso Copa. Un ex empleado se queja del trabajo excesivo y ciertos malos tratos. Alguien agradece a la aerolínea salvadoreña sus tarifas favorables a Suramérica, donde debe trasladarse de vez en cuando y por otras aerolíneas le es prohibitivo.
Síntesis de lo expuesto es que los empresarios salvadoreños hacen insuficientes esfuerzos en mostrar a la población lo tremendamente difícil que es su profesión, la compensación que merecen por eso y los riesgos que corren, así como lo provechosas que las empresas fuertes son para el país.
Llevar gratis a 300 muchachas y muchachos a Estados Unidos es imposible pedírselo a nadie. Los costos serían insoportables. La participación de los jóvenes fue brillante, enaltecedora para el país; pero igual es la de numerosos deportistas que merecerían el mismo privilegio.
La guerra permitió a TACA aprovecharse, pero lo mismo hicieron aviones que hacían vuelos internos e incontables empresas que se enriquecieron con el conflicto, sin correr los enorme riesgos de la aerolínea, a la que un solo atentado como los que sufrieron los buses, le habría causado daños colosales.
Con la diferencia de que en vez de gastarse los ingresos extraordinarios en lujos exorbitantes, sus dirigentes ampliaron y mejoraron los equipos y el servicio, al grado de vencer a la competencia paritaria y rivalizar con la gigante subsidiada de Estados Unidos. Esa es una victoria nacional semejante a clasificar en un mundial de fútbol. Pero la gente no la valora. Los empresarios, repito, han fallado en concientizarla.
En cuanto al litigio con Copa, las autoridades han favorecido a esta de capital en su mayoría norteamericano, contra la línea nativa. Ambas tenían dos vuelos San Salvador-Panamá y regreso, importante no por los pasajeros locales que son apenas de 20 a 40, sino por los que vienen del sur y transbordan en el istmo para el norte, o al contrario. La aerovía supuestamente panameña solicitó una tercera frecuencia que le da mayor agilidad en el tráfico norte-sur-norte y pone a TACA en grave desventaja.
La Autoridad de Aviación Civil salvadoreña aprobó la petición en un procedimiento sumamente dudoso del que TACA no se enteró, por lo que pidió amparo a la Corte Suprema de Justicia. Esta en un primer momento lo admitió y luego lo revocó, en una decisión insólita cuya impugnación prácticamente ha desoído.
Bonita manera de favorecer un monopolio que en ningún aspecto puede llamarse tal, pues carece de posibilidad para condicionar el mercado nacional, en el que realiza el 6% de sus ventas; mucho menos el exterior en el que comercializa el 94% restante, sometido a una feroz competencia y a severas regulaciones internacionales y extranjeras.
Recuperando la dignidad perdida
Rafael Castellanos:
Qué bueno que el COENA reaccionó pidiendo a sus diputados que vean cómo enmiendan el grave error de la Asamblea. Sin embargo, el triste episodio del aumento de salarios y su reacción desdeñosa es una muestra contundente de la dignidad perdida, sustraída a la sociedad por la clase política.
Una ciudadanía sin dignidad se desmoraliza y un país demoralizado difícilmente se supera. Más peligroso, cuando se harta, se suelen producir cambios violentos que deben evitarse. Es tiempo de recuperar la dignidad perdida pacíficamente.
El incidente, además de poco sensato y reñido con la ética, fue acompañado de insulto a la ciudadanía, no de recapacitación y humildad como hubiera sido lo correcto e inteligente. Algunos dicen que el Frente emboscó a ARENA, si fue así, peor aún.
Imperdonable la grosería del diputado que cínicamente dice “sí y qué” reincidentemente y el presidente de la Asamblea, insultando nuestra inteligencia con su “filosofía”.
La Asamblea tiene la estima más baja entre la población, pero a los partidos políticos no parece importarles, porque tienen secuestrado el sistema político. Hacen lo que les da la gana, en parte porque, debido a la polarización que fomentan, por miedo en un lado y obsesión de cambio en el otro, creen que tendrán los votos por siempre.
Desafortunadamente, el ciudadano no tiene armas expeditas para corregir esto. La reforma que tanto necesita el país para superar su grave problema de institucionalidad y sus índices más deficientes de competitividad necesitan una reforma política, que deben aprobar los diputados que se perjudicarían.
Tendrían que aprobar, entre otros cambios, la forma de su elección, que representen a un grupo específico de ciudadanos a quienes rendir cuentas, no al partido. Que votemos por la persona, con nombre y fotografía, conociendo quién es, qué piensa, su récord de votaciones si ha sido diputado, qué promete hacer. Muchos piensan que lograrlo es tan difícil como convencer al vampiro de clavarse solo la estaca que lo mata.
Puede que no sea así. En las dos elecciones que vienen, los partidos no solo se juegan el futuro del país. También se juegan el propio. La práctica sostenida de los políticos sirviéndose del pueblo y tratándolo con desdén, como lacayo en vez del soberano que es, ha llevado al desastre a países como Venezuela. Chávez está allí, destruyendo al país y amenazando a muchos más, debido a ese comportamiento de los políticos venezolanos por décadas. Es un camino a evitar. Los que toman las decisiones en los partidos deben verlo con claridad y evitar una explosión catastrófica, un cambio violento.
Lo trágico del caso es que la Asamblea además de aprobar leyes y aumentarse el salario decide temas transcendentales para la democracia en elecciones de segundo grado: la Corte Suprema de Justicia, cabeza del sistema judicial; la Corte de Cuentas, que debe auditar correctamente el uso de fondos del Estado. Su politización es grave, es esencial que funcionen independiente y correctamente.
¿Cómo puede iniciarse la metamorfosis? Algo debe hacerse, pues “cambio” está en el corazón y la mente de los electores. Hay que entender que este cambio es el que más cuenta, el que nos quitará el lastre que no nos deja despegar. El partido más inteligente lo iniciará. Tiene mayores posibilidades el más autónomo, en el que los diputados no poseen el partido. ARENA parece ser el único en esa situación.
Si decide cambiar el perfil de sus diputados, aunque hay algunos muy buenos, escoge un grupo fresco, los más capaces, preparados e inteligentes, con peso propio, que respiren y proyecten honestidad, una nueva clase legislativa. Sería el inicio de la revolución que necesitamos, el inicio de esa reforma política que puede llevarnos a un nivel más alto.
Si sus dirigentes tienen la claridad y la valentía de hacerlo, además de la capacidad de vender ese pensamiento a sus bases, habrán logrado un paso histórico, de estadistas. Además del logro patriótico, seguramente le produciría réditos políticos y electorales de una magnitud insospechada, no solamente para la elección de Asamblea, sino para la presidencial, algo que pueden entender fácilmente los políticos visionarios.
La iniciativa pasaría por la dificultad usual de que los mejores, los primeros a quienes se llama, no aceptan. Para superar eso, el compromiso de la dirigencia y líderes que influyen debe ser diáfano, creíble y acompañado de la seguridad de una independencia de criterio importante, no condicionado a una obediencia ciega al partido, en cosas sin sentido, pues así la idea no despega. ¿Será que sueño lo imposible, aunque muchos piensan igual? Esperemos que no.
Ciudadanía cero
Roberto Turcios:
Impresionante ha sido el rechazo al aumento salarial de los diputados y a sus justificaciones. Hasta las fronteras partidarias quedaron borradas en un repudio expresado desde las izquierdas y las derechas. También ha sido impresionante la poca sensibilidad de los diputados defensores del aumento hacia los reclamos de la ciudadanía.
Durante la posguerra pocas veces se había manifestado un enojo tan pronunciado y extendido. Las acusaciones han sido terminantes contra los autores del aumento; cito algunas: canallas, sinvergüenzas, groseros, descarados, corruptos, mediocres, ladrones, cínicos, y sigue un largo etcétera. No hago un recuento exhaustivo, solo copio algunas palabras de los comentarios publicados dos días en este periódico.
Ante semejantes calificativos uno espera verdaderas explicaciones de parte de los defensores de la medida. Nada de eso. Dos diputados se asumieron como portavoces de la argumentación oficial, expresando razonamientos livianos y desatinados, junto a bromas de mal gusto; sus referencias a los donativos en comunidades y a las invitaciones a los periodistas podrían formar parte de una enciclopedia de sinsentidos políticos. Pero por esos rumbos extraños anda una parte de los hombres y las mujeres que define las políticas nacionales.
Nada pudo provocar un debate transparente. Las acusaciones de unos contra otros crearon un lodazal de versiones contradictorias, confusas y ambiguas. Y los defensores explícitos del aumento pusieron de manifiesto que conceden a la opinión ciudadana un valor cercano a cero; para ellos solo vale la lógica del poder y el mando del partido.
Una versión de los aumentadores atribuyó la medida a las pensiones esperadas al momento de su retiro. Así se ve el tamaño del desatino, pues la mayoría de las personas pensionadas reciben cuotas mínimas. Además, así mostraron la amplitud de su horizonte; sus miradas apuntan a la pensión y el retiro, no a la historia política. En otros lados, cuando los políticos se acercan al final de su mandato se afanan por pasar a la historia, promoviendo medidas novedosas y extraordinarias. En nuestro medio no hay nada parecido; en el horizonte de las señoras y los señores del aumento están la pensión, las cuentas del retiro y el “ya no hay más que hacer”, pronunciado —palabras más, palabras menos— por un diputado en el último debate legislativo. Algo deben de tener los legisladores para causar malestares generalizados.
A lo mejor, ellos capitalizan el rechazo a la mediocridad, las componendas y los arreglos bajo la mesa tan extendidos en la política de los últimos años. Ahora los aumentadores han mostrado la inconciencia política, al presentarse como si estuvieran encima de la ciudadanía. Pensaron que el aumento pasaría inadvertido, y se equivocaron.
Hay otro aspecto inquietante en este episodio de la política nacional: es el poco peso de la opinión ciudadana. A los diputados del aumento les ha importado poco el repudio público. A lo mejor tienen razón, porque el enojo de la gente no está organizado ni puede expresarse en la próxima elección. No existen agrupaciones cívicas que valgan ante el poder público, tampoco las corrientes de opinión independiente tienen peso político.
Además, el sistema de elección legislativa favorece a los partidos, no a la ciudadanía, pues se vota por banderas y no por candidatos. Y mientras esos hechos continúen, las dirigencias partidarias seguirán considerando que las aspiraciones ciudadanas equivalen a cero.
La ruta del desarrollo
Ricardo Antonio Ibarra Manzanares:
Nada debe impedir que El Salvador alcance el desarrollo integral que necesita y merece. Debe reconocerse que pese a las dificultades habidas, hasta la fecha ha caminado una buena parte de ese recorrido, lo cual es corroborado por los extranjeros y hermanos salvadoreños que por muchos años han vivido fuera de nuestro territorio. El país ha crecido y se mantiene al día con las innovaciones tecnológicas, lo cual nos hace entrar a la era de la globalización.
Está casi por concluir un período presidencial, con muchos logros y proyectos por terminar e iniciar otros y realmente que se siente corto un período de cinco años para darle solución a una serie de necesidades que se presentan a escala nacional.
Para no ir muy lejos veamos la gestión realizada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería a través del Centro de Desarrollo Pesquero (CENDEPESCA), al haber concluido con éxito el Proyecto de Moluscos que fue ejecutado con la Cooperación Japonesa y el apoyo interinstitucional que se le ha brindado.
Vale la pena hacer alusión a ese proyecto, en el que el Ministerio de Seguridad Pública y Justicia colaboró en el área de seguridad y organización ciudadana a través de la Policía Nacional Civil y la Dirección de Seguridad Ciudadana.
Así mismo es digno de mencionar el apoyo que se ha brindado a la Universidad de El Salvador a través de la Escuela de Biología poniendo a disposición del proyecto a los estudiantes de último año para realizar sus respectivos trabajos de tesis.
El proyecto en mención permitió brindar a las comunidades de pescadores alternativas de desarrollo y capacitarse en el manejo de los recursos pesqueros que por muchos años habían sido explotados sin ningún control, con peligro potencial de terminar con los recursos marinos, por lo que es importante destacar que los pescadores con el apoyo de CENDEPESCA son capaces de manejar las poblaciones de curiles y cascos de burro, que actualmente ya están produciendo utilidades.
Por otra parte los estudios que se hicieron en las poblaciones nativas de ostras y los ensayos que se realizaron con los arrecifes artificiales vinieron a propiciar mayores niveles de producción de otras especies pesqueras.
Debe de mencionarse también que los ensayos que se realizaron con la ostra del Pacífico han dado resultados significativos, lo cual indica que en el futuro se podrían obtener producciones de una nueva ostra.
El proyecto de cultivo de moluscos a escala nacional es un proyecto que ha ubicado a nuestro país como pionero en la investigación de nuevas alternativas para el desarrollo del cultivo de moluscos en el ámbito centroamericano y algo muy importante que se debe destacar es que como resultado de dicho proyecto se ha podido capacitar a un equipo de biólogos jóvenes que pueden dar la pauta para la generación de investigación que tanta falta hace a nuestro país.
Es evidente que el desarrollo de un país debe de estar asociado con su nivel educativo y en este caso la educación superior desempeña un papel de primer orden, sin descuidar la formación primaria y secundaria que son las bases fundamentales para la obtención de buenos estudiantes universitarios que al final formarán ese recurso humano muy valioso para el desarrollo de cualquier nación.
Insisto en lo que señalo al principio: el desarrollo debe de ser integrado y el reto que quedará a los próximos gobiernos será bastante amplio, pues nuestro país tiene que continuar su camino hacia ese deseado desarrollo integral.
Que El Salvador funcione
Roberto Rubio-Fabián:
A fines de octubre del año recién pasado se llevó a cabo en Toledo, España, un encuentro que convocó a un grupo de dirigentes políticos y empresariales del país. Entre sus principales objetivos se encontraba conocer la experiencia de la transición española. Uno de los ponentes del encuentro fue Juan Manuel Eguiagaray, ex ministro de Administraciones Públicas y ex ministro de Industria y Energía. Contaba este en su ponencia que un día le preguntaron al entonces recién electo presidente del Gobierno español, el socialista Felipe González: “¿Qué es para usted el socialismo?” Y Felipe respondió: “Que España funcione”.
Ahora que el ánimo nacional comienza a respirar aires de moderación y exige ritmos similares a sus actores políticos, ahora que la voz nacional (cansada de tanta verborrea polarizante) obliga a aproximar el discurso de la derecha y la izquierda; ahora que la conciencia colectiva permite usar la camiseta socialdemócrata sin vergüenza; ahora que la derecha y la izquierda coquetean con la ponderación, quizá ahora sea pertinente preguntarse: ¿qué es, hoy y acá, una derecha o una izquierda moderna y moderada?, ¿cuál debe ser la agenda de esa derecha o izquierda que quiere transformarse y transformar el país? Podemos responder entonces, como Felipe González: “Que El Salvador funcione”.
Hacer que funcione el Estado y las instituciones. Que el aparato estatal no se “privatice” y no sea usado por unas pocas y poderosas personas o grupos para amasar fortuna propia, hacer competencia desleal o defender intereses personales, corporativos o partidarios. Que funcione el sistema de justicia y que no solo trate de alcanzar al descalzo para lavar su mala imagen, sino que también alcance los abusos y las ilegalidades que cometen los que calzan de buena imagen y buena posición. Que la Fiscalía fiscalice a fondo; que no deje impunes casos como los de Katia Miranda o los desfalcos de la OBC; que no actúe casi como parte defensora como en el caso de ANDA/Orellana. Que la Corte de Cuentas no sea propiedad de un partido político e instrumento indecente de negociación política. Significa también que funcione el fisco y que todos paguen los impuestos como se debe y se profundicen como se debe las reformas fiscales.
Hacer que el país funcione es hacer que la Asamblea Legislativa no sea una olla de lealtades e incapacidades obedientes, sino un recipiente calificado, con personalidad y excelencia. Que El Salvador funcione significa que el mercado funcione: que no haya abusos al consumidor ni precios abusivos por parte de petroleras, emisores de tarjetas de crédito, telefónicas, distribuidoras de electricidad, sector de medicamentos, etc.; que no haya competencia desleal ni ganancias desleales; que las ganancias del mercado no se apoyen en el deterioro de los ecosistemas y de las condiciones laborales; que los mercados no favorezcan la pobreza y la desigualdad; que contemos con un sólido y accesible mercado de capitales; que los pequeños y medianos productores y no solo los grandes tengan amplias y buenas oportunidades, etc.
Hacer que El Salvador funcione es garantizar un transporte “público” eficiente, seguro y decente para el público, y evitar que los buseros sigan con el chantaje del incremento del pasaje; que se cumpla la ley respecto al humo y revisión técnica de las unidades de transporte; que no queden impunes, sin costo y sin castigo los empresarios y motoristas irresponsables que dejan muertos y heridos en las calles; que se respeten las paradas y se ubiquen adecuadamente; que se paguen las multas; que se ordenen las rutas; que se ponga paro a tanta ineficiencia y desorden, etc.
Que los servicios públicos, y especialmente nuestro pésimo sistema de salud, funcione: que se impulse sin excusas la postergada reforma del sistema; que se asegure acceso, calidad y suficiencia en los medicamentos; que se garantice calidad en la profesión; que se proteja al enfermo de las malas prácticas; que se aseguren servicios gratuitos a los pobres; que se desarrolle el seguro médico y hospitalario; que se terminen las mafias sindicales del Seguro, etc.
El Salvador requiere también que la ciudad capital funcione: que las ordenanzas no sean decorativas; que se recoja y trate adecuadamente la basura y la ciudad no sea un gran basurero.
Que se recuperen los espacios públicos: que los vendedores no invadan y “privaticen” por todos lados las aceras, que recuperemos el centro histórico o buena parte de él, que le devolvamos al/a ciudadano/a su derecho de pasear y caminar en espacios limpios y seguros, etc.
En fin, la agenda de hoy en día de derechas o izquierdas pasa por hacer que El Salvador funcione. Algo aparentemente tan simple y elemental, pero sin duda profundamente reformista o revolucionario.
¿Qué pasa con los costos? (II)
Juan Héctor Vidal:
Un adelanto obligado. En la columna anterior habíamos empezado a discernir un poco sobre las implicaciones que puede tener, en términos de costos de oportunidad, la implementación de la Alianza por la Familia. Pero la decisión de los señores diputados de recetarse un aumento salarial fuera de toda consideración ética, financiera y legal, nos obliga a adelantar algunos criterios que de todas maneras íbamos a formular en esta serie de artículos, a sabiendas de que gran parte del problema fiscal deriva de los malos manejos que se hacen de los recursos públicos.
Los casi dos millones de dólares que costaría ese abuso de autoridad —lo ponemos en condicional porque todavía abrigamos la remota esperanza de que la comisión designada para estudiar el caso será consecuente con el repudio general que ha causado la decisión— tienen usos alternativos relacionados directamente con las grandes carencias que padecen amplios segmentos de la población. Esta realidad no debería ser ignorada por ningún salvadoreño genuinamente preocupado por el futuro poco halagüeño del país, si nuestros dirigentes no enmiendan su comportamiento y la ciudadanía en general no ejerce responsablemente sus derechos y asume con igual entereza sus obligaciones.
Con los recursos que han comprometido los señores diputados para servirse con la cuchara grande, al menos se puede enfrentar parte de las ofertas contenidas en la “Alianza” y otros programas gubernamentales. Por ejemplo, se puede favorecer por un año a más de 8,000 hogares, dentro del programa Red Solidaria; contratar por igual período a más de 400 maestros; otorgar 1,000 subsidios de US$2,000 a familias de bajos recursos para la adquisición de vivienda, que le darían techo a 5,000 personas; contratar a 400 policías para dar mayor seguridad anualmente a por lo menos 125 mil personas, considerando la población y el número de agentes con que cuenta la corporación en estos momentos.
Pero el problema no se reduce a esos costos de oportunidad. Para llevarlo al plano de los valores (no monetarios), nos preguntamos ¿con qué autoridad moral se nos pide a los que cumplimos con nuestras responsabilidades tributarias que hagamos un esfuerzo mayor en beneficio de los sectores más vulnerables —que sin duda se lo merecen— cuando nuestros dirigentes actúan con tanta desfachatez, sabiendo que deberían ser los primeros en dar un ejemplo, si no de austeridad y transparencia, por lo menos de solidaridad con los menos afortunados.
La reacción de la población y la de algunos sectores organizados está más que justificada ante el cinismo con que se quiere respaldar y defender una decisión que lacera y a la vez indigna.
Estas breves consideraciones sobre un episodio que no ayuda precisamente a lavarle un poco la cara a la clase política del país —ya no digamos a llevar pureza a su conciencia— no tienen otro propósito que llamar a la reflexión de todos aquellos que tienen la pretensión de gobernarnos a partir del año 2009, para que recapaciten seriamente sobre las consecuencias de sus actos y reflexionen sobre la importancia de convencer a la ciudadanía de que El Salvador sí vale la pena.
El tema de los costos de la Alianza por la Familia lo seguiremos abordando en próximas entregas, tal como estaba previsto inicialmente.
Sin embargo, no quisiéramos terminar estos comentarios —forzados en todo caso por las circunstancias, aunque igualmente pertinentes dentro del tema central— sin antes compartir la preocupación que ya se nota en el ambiente, de que el “paquete salarial” podría ser solo un anticipo de las cosas que ya se están cocinando, de cara a las próximas elecciones.
Estilos de ejercer el poder (III)
Kalena de Velado :
La democracia es el sistema que mejor permite la participación activa de los ciudadanos. Pero para que sea auténtica debe respetar la dignidad humana, ordenarse al bien común, y respetar una correcta jerarquía de valores. Los candidatos para las próximas elecciones deberían de querer ejercitar la democracia en el marco de la moralidad y del orden jurídico legalmente constituido, pensando en el bien común aunque la situación nacional sea adversa.
Quienes resulten elegidos deben ejercitar su poder con sentido de servicio a las personas, evitando la tentación de buscar el beneficio personal y la poca transparencia (corrupción). Servir desde una posición de poder requiere investirse de “la autoridad moral que poseen aquellas personas en las que se confía y a las que se respeta porque se cree en ellas y en la tarea que están llevando a cabo.
No es una fe ni una servidumbre ciegas, ni consecuencia del arrastre de un gran carisma personal, sino una reacción consciente y libre que esas personas producen en los demás gracias a su honestidad, su valía y su actitud hacia los demás”. (Aguilo)
Hay que recordar que la autoridad reside en última instancia en el pueblo y se transfiere a los que van a ser elegidos para gobernar, pero el pueblo mantiene la posibilidad de afirmar su soberanía y reemplazar a quienes gobiernan si no llevan a cabo su tarea de modo satisfactorio.
Esto implica la necesidad de que los candidatos que serán electos tengan que dar cuenta.
En el fortalecimiento de los procesos democráticos los medios de comunicación tienen el papel de servir al bien común proporcionando información basada en la verdad, manteniendo la ética periodística. ¿Cómo tratar las opiniones contrarias entre los diferentes candidatos y precandidatos? Las opiniones no se han de entender necesariamente como contrapuestas formalmente a la verdad (Andrés Ollero Tesara). Por eso es importante que quienes compiten no se olviden de dialogar, ya que “la opinión honesta, acertada o no, se ofrece como aproximación a la verdad, no como si no tuviera nada que ver con ella.
Ha de tenerse en cuenta que la política versa sobre la verdad práctica. Y siendo inmutables ciertas verdades, el modo de llevarlas a la práctica es plural... En democracia puede entenderse que hay valores innegociables, a la vez que modos negociables de aplicación. Se entiende que la capacidad humana de captar la verdad y lo bueno es limitada. También es siempre limitada la capacidad humana de conocer la verdad con sus exigencias prácticas. Es razonable que cada cual examine otras opiniones que puedan complementar y enriquecer la propia”.
Pero no es verdad que todas las opiniones merezcan el mismo respeto. Quienes merecen todo el respeto son las personas, pero no sus opiniones. Al contrario, tenemos la obligación de ayudar a los demás a mejorar sus opiniones, a cambiar sus convicciones, mostrando las razones que asisten a nuestras posiciones morales y sociales para permitirles que se pasen, si lo desean, a nuestro lado. Es importantísimo distinguir entre pluralismo y relativismo.
El relativista no tiene interés en escuchar otras opiniones, mientras quien ama el pluralismo no solo afirma que caben diversas maneras de pensar acerca de las cosas, sino que sostiene además que entre ellas hay maneras mejores y peores, y que mediante el contraste con la experiencia y el diálogo los seres humanos somos capaces casi siempre de reconocer la superioridad de una opinión sobre otra y de adherirnos a ella (Stanley Cavell).
Nuestra nauseabunda Asamblea Legislativa
Narciso Castillo:
Algo está funcionando muy mal en nuestra democracia, porque si a los diputados no les importa lo que piense la gente, tras recetarse un inmoral y desvergonzado aumento de salarios, es porque no son, ni se sienten, parte del juego democrático.
Como lo hemos dicho hasta la saciedad, en nuestro país los dirigentes políticos no responden a la población, sino a sus partidos, que a su vez funciona como una sociedad anónima, con junta directiva, accionista, ejecutivos y un bien montado plan financiero y de mercadeo.
La mayoría de las veces, las buenas intenciones expresadas en encendidos discursos no dejan de ser más que simples patrañas, viles mentiras, que esconden tremendas ambiciones personales, de también demasiados personajes incapaces e ineficientes que no pueden competir más que con su propia oscuridad.
¿Padres de la patria? Este apelativo siempre me ha parecido un chiste. Yo diría más bien, chupadores de la sangre de un pueblo que en su gran mayoría sobrevive con grandes dificultades económicas.
Por supuesto que no todos los diputados tienen las características antes descritas, los hay también inteligentes, honestos y trabajadores. Lástima que estos últimos sean tan pocos.
ARENA y el FMLN tienen que explicar muy claramente a la sociedad salvadoreña cómo es que se tomó esta medida y cuál fue su verdadera posición al respecto, a ver si algo logramos creerles, porque está difícil de entender. Del PCN mejor ni hablar, creo que se ha cavado su propia tumba.
La receta de los diputados no hace más que evidenciar la cultura de la viveza que impera en nuestro país y por supuesto manda un mensaje extremadamente negativo a cualquier ciudadano, en el sentido de que es mejor hacer las cosas inmoralmente que trabajar en conjunto para construir un país mejor.
¡Qué diferencia con los países desarrollados, donde impera el estado de derecho y cada ciudadano tiene perfecta conciencia de su rol en la sociedad y de la necesidad de construir juntos una nación próspera!
Lo ocurrido en la Asamblea Legislativa me recuerda a un militar que conocí en la década de los ochenta que, cuando estaba con unos tragos encima, sacaba su cédula de identidad y confirmaba que había nacido vivo. Antes las cédulas traían la pregunta de si había nacido vivo o muerto. Pues él decía: “Ven, nací vivo, no tonto”.
Pero como hasta de las peores cosas se puede sacar una lección, sin duda esta nos lleva a la urgente necesidad de hacer la reforma electoral que permitiría a los ciudadanos votar por el diputado a su elección, y no el que les imponga por lista un determinado partido político. La otra es que los mismos partidos, llenos de vergüenza, tomen por fin la acertada decisión de no llevar a la reelección a todos aquellos que a todas luces carecen no solo de capacidad, sino también de moral.
¡Qué tristeza da nuestra nauseabunda Asamblea Legislativa! Machuca: Los periodistas, para titularnos, tenemos que haber aprobado la materia de moral y ética. Si quieres, te consigo los apuntes.
Alianza frente al conflicto de civilizaciones
Felipe González/Ex presidente del Gobierno de España:
La corriente de fondo que nos lleva a un diálogo entre civilizaciones va ganando fuerza frente a la tumultuosa corriente del choque de civilizaciones. Es una corriente más tranquila, que se mueve entre los meandros de la complejidad del momento histórico presente, en tanto que la profecía del choque de civilizaciones es más simple en sus planteamientos de amigo-enemigo y de confrontación para dominar. Por eso tiende a autocumplirse.
Como siempre, construir la paz, como condición necesaria para todo lo demás —el desarrollo o la cooperación—, es más difícil que declarar la guerra al otro, al que se supone que encarna el mal. Como siempre, el diálogo que busca el conocimiento del que es diferente y tiene una percepción distinta de la realidad es un ejercicio más costoso, que parte de la renuncia a la imposición de nuestras verdades, aun sin aceptar la imposición de las verdades del otro.
Venimos de un proceso histórico peculiar, por la profundidad y por la velocidad de los cambios. La caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética llevaron a la desaparición de la vieja división del mundo en dos bloques ideológicos antagónicos y mutuamente excluyentes.
Inmediatamente afloraron realidades ocultas o aplastadas por esa división.
Pero este mundo se parecía más a sí mismo, aunque se hiciera más incierto y se nos mostrara más complejo, que el de la división en bloques ideológicos, con sus alineamientos simplificadores y su reparto de influencias. Los viejos conceptos de equilibrio del terror o destrucción mutua asegurada, y su correlato menos negativo que fue la coexistencia pacífica, perdieron vigencia sin encontrar un sustituto.
En los años noventa parecía que vivíamos en una cierta pérdida de reglas de juego, del valor de la política, de soluciones supuestamente espontáneas que vendrían del mercado libre. Se hablaba de los dividendos de la paz, aunque al mismo tiempo se elaboraba la teoría del choque de civilizaciones.
Pero al tiempo que ocurrían estos acontecimientos, se aceleraba el curso de la revolución tecnológica, especialmente la informacional, como ruptura de las barreras del tiempo y del espacio en la comunicación entre los seres humanos. La globalización hizo próximo e inmediato el planeta Tierra, en todos sus rincones, en todo lo que acontecía, y empezó a cambiar la relación de fuerzas en el mundo.
En realidad, había quedado uno de los dos bloques antagónicos, el liderado por Estados Unidos como única superpotencia, pero su justificación por contraposición a la amenaza soviética había desaparecido con la URSS. La teoría del choque de civilizaciones, casi como una profecía, se basaba en la necesidad de llenar el vacío del enemigo, anunciando la aparición de nuevos demonios civilizatorios, en sustitución de los ideológicos, que había que prepararse para combatir y dominar.
Ya en los meses siguientes a la Guerra del Golfo de 1991, los profetas de la confrontación trataron de colocar sus teorías en la Casa Blanca, reclamando para Estados Unidos el papel de gendarme del nuevo orden internacional. Pero hasta los atentados de las Torres Gemelas, con su dramatismo y brutalidad, no tuvieron la oportunidad de colocar su producto, envolviéndolo en la amenaza real del terrorismo internacional para dar consistencia al choque de civilizaciones.
La dimensión de esta forma de criminalidad internacional sería muy distinta si el enfoque no hubiera sido el de la confrontación civilizatoria, con todas las implicaciones de criminalización de una de las religiones del Libro. El error más grave ha sido y es la falta de comprensión de que esta amenaza real no está destinada en mayor medida a desplazar el poder en el mundo occidental que en el islámico.
Las críticas ante la estrategia de la pura confrontación, de la hegemonía y de la imposición, con guerras preventivas y sin base en la legalidad internacional, han ido creciendo. Los que fueron en su día partidarios de este planteamiento se han ido replegando o reduciendo, aunque persistan los más impenitentes. Es evidente que en la visita del presidente Bush a Medio Oriente se insiste en alimentar la confrontación histórica entre sunitas y chiitas, entre árabes e iraníes, pasando a segundo plano el propósito de avanzar en el problema israelo-palestino.
Sin embargo, se ve con cierta frialdad la propuesta de la Alianza de Civilizaciones, con sus mecanismos de diálogo entre diferentes culturas y religiones para avanzar, hacia una mayor comprensión mutua y acuerdos que fortalezcan el objetivo de un nuevo orden internacional basado en los valores de las propias Naciones Unidas.
En nuestro país han sido y son especialmente críticos los que aplaudían a rabiar la declaración de guerra a Iraq, los que la justificaban con mentiras y endosaban el conflicto pese a su ilegalidad manifiesta. Aún hoy argumentan que perdemos peso internacional si las propuestas que hacemos como país se encaminan hacia el diálogo y el respeto a la legalidad internacional.
Pero, asumida por Naciones Unidas, la Alianza de Civilizaciones ha encontrado el apoyo de 80 países, muchos más que los que apoyaron la teoría y la práctica de las guerras preventivas y el unilateralismo. Y se van a seguir sumando otros. Pero lo más significativo es la gran corriente de simpatía que se va creando en numerosos actores de la sociedad civil, en las distintas confesiones religiosas, en las ONG, todos dispuestos a hacer impulsar con acciones la estrategia del entendimiento frente a la de la pura confrontación.
Asumir la diversidad, cultural o religiosa, como una riqueza compartida, en la que podemos encontrar valores comunes y objetivos que también lo sean, frente a la violencia destructiva, es un objetivo alcanzable que irá restando capacidad al terrorismo, a pesar de las muchas dificultades para encontrar rutas adecuadas.
Por el contrario, insistir en la propuesta de agresión, en el unilateralismo al margen de las reglas, va a seguir alimentando la caldera del terror, incluso dándole excusas ante los ciudadanos de mundo que se sienten víctimas de esta estrategia.
La clave: Leer el país
Rafael Ernesto Góchez:
A escala mundial y por primera vez en la historia, la población urbana superará a la rural en 2008. En Latinoamérica, la población urbana sobrepasa el 75%. Hoy, El Salvador es un país eminentemente urbano y su distribución poblacional a escala municipal ha cambiado de 1992 a la fecha.
Un enigma es ¿se están o no los salvadoreños acostumbrando a vivir en lo sucio e inseguro? Miles de compatriotas creen además que nada o poco se puede cambiar. Esta actitud hay que cambiarla y pronto. Así lo sugieren los “hermanos cercanos” al quejarse de la basura, la delincuencia y el humo de los buses cuando visitan su querido país. ¿Por qué? Debido a que ellos han tenido la oportunidad de vivir en una sociedad más civilizada.
Otra característica cuzcatleca es que tanto gobernantes como gobernados quieren “soluciones rápidas”, lo cual es imposible. Los salvadoreños piensan que todo se resuelve fácil y a última hora, cuando los hechos demuestran que para progresar se requiere de esfuerzo, perseverancia y disciplina.
Un problema nacional es la falta de recursos propios para combatir la pobreza y mejorar la educación y el saneamiento básico. El financiamiento externo es una opción realmente limitada: las donaciones son cada vez más difíciles, los préstamos están prácticamente congelados y el uso de las remesas es una legítima decisión familiar. ¿Qué alternativas hay? Aumentar los ingresos públicos (cobranza y/o impuestos) y reducir gastos (austeridad y probidad).
Este panorama y la poca disponibilidad de recursos propios para inversión social harán difícil la próxima gestión gubernamental. Se visualiza una época de “vacas flacas”. No obstante, la propaganda partidaria le hará creer a la población que su oferta electoral es la solución. Prueba de ello es que los principales contendientes piensan que van a ganar en 2009 y que el rival debe perder para el bien del país.
¿Cómo serán las próximas elecciones? ¿Más de lo mismo? Sí y no. Sí, en el sentido que los partidos políticos ofrecerán seguridad y empleo. No, en la medida que los principales partidos políticos deberán captar la atención de los votantes indecisos y flotantes, para ganar la presidencia. Este segmento poblacional demanda propuestas racionales y viables. Por ello, los candidatos presidenciales deberían explicar cómo van a financiar sus planes de gobierno.
Otra particularidad es que habrá nuevo Órgano Ejecutivo y Legislativo simultáneamente en 2009. Después nombrarán magistrados de la CSJ, Corte de Cuentas y otros importantes cargos públicos. Las dos fuerzas antagónicas tendrán la mayor parte de escaños legislativos, pero ninguna logrará mayoría calificada (56 votos). Es decir, el próximo presidente deberá conciliar con la Asamblea Legislativa para ejecutar su plan y fortalecer el estado de derecho.
Un punto sobresaliente es que la decisión electoral presidencial tendrá expresión territorial. La hipótesis es la siguiente: (1) la mayoría de votantes rurales (33%) estaría prefiriendo el partido en el gobierno, y (2) los votantes del Área Metropolitana de San Salvador (33%) estarían inclinándose ligeramente hacia la “izquierda radical”. La carrera presidencial, entonces, se definiría en el resto de cabeceras departamentales y ciudades intermedias (33% de la población).
¿Cuáles son las prioridades de las doce cabeceras departamentales del interior del país? ¿Qué problemas socioeconómicos agobian a los centros urbanos dentro y fuera del AMSS? ¿Cuáles son las demandas de jóvenes y mujeres en las ciudades intermedias del país? Estas interrogantes necesitan respuestas. Conviene voltear la cabeza hacia la población y el territorio nacional.
La propiedad de los partidos políticos
Rafael E. Lorenzana:
Siendo que los partidos políticos son la única vía por medio de la cual los ciudadanos podemos tener acceso a cargos de elección popular y a través de los cuales podemos “elegir” a nuestros alcaldes, diputados y presidente, resulta ofensivo ver a los actuales convertidos en propiedad privada de grupos.
Todos, unos más que otros, muestran con singular descaro que hacen lo que quieren en sus respectivos partidos. Predican, con la mayor desfachatez, que son democráticos y nosotros los ciudadanos estamos, según ellos, destinados a creerles.
Examinemos lo que está pasando en este periodo de selección de candidatos, que van a representar los intereses del pueblo. Cada partido parece tener una definición diferente; aunque últimamente, por lo menos en discurso, parece que las extremas han encontrado finalmente quién es ese pueblo.
En todos los partidos, los dirigentes no sueltan la “guayaba”. Solo se cambian de puesto; si no, vean en el FMLN: parecían haber aprendido la lección, cuando de forma “democrática” eligieron a Mauricio Funes, no militante del partido, su candidato. Ahora, ya terminaron de ponerle el cerco, que se inició con el candidato a vicepresidente y luego, con los dirigentes de su campaña.
Hubiésemos pensado que habrían aprendido con la elección de presidente... Nooo, había que repetirlo. Otro dedazo con la alcaldesa, ¡No hay otra! ¿Quién más puede dirigir la peor administración municipal del FMLN? No hay duda, solo la perenne diputada, hoy alcaldesa. ¿Y los militantes? Bien, gracias.
En el proceso de la selección de candidato a presidente y de alcaldesa del FMLN se llevaron de encuentro al Cambio Democrático, partido que posee a los que parecen más capaces y más ingenuos políticos en la historia desde la posguerra. ¿Qué necesitan para entender que no era por ahí? Quizá, nunca oyeron aquello de que “es mejor ser cabeza de ratón que cola de león”.
Claro, ARENA también hace lo propio. Antes era el FMLN quien hacía “primarias” y ARENA, dedazo. Hoy se volteó la tortilla. Todos pretendemos saber quién será el candidato de ARENA. Entonces, ¿para qué primarias? Hasta hace poco, creíamos que sabíamos que el ministro Figueroa era el candidato ¿Qué pasó? El pleito allí es diferente: ese partido tiene sus dueños, pero ha tenido diferentes administradores, cada cinco años. Hoy, los de turno no se quieren ir y pretenden elegir al sucesor, en “primarias”.
El problema de transparencia es claro: los que votaron a mano alzada fueron nombrados y juramentados por el COENA (léase ministro Figueroa). ¿Recuerdan, hace más o menos seis meses, las giras de juramentación? Bueno, más obvio no puede ser. El nuevo ingrediente fueron los anteriores administradores del partido, los ex presidentes, quienes algo importante hicieron, para que Hugo Barrera se decidiera, 15 minutos más tarde, participar.
El PDC de Rodolfo Parker. Este partido ha reclutado personajes que si bien son populares, no han salido de los principios democristianos, por lo menos por sus actuaciones políticas pasadas. No existe más coincidencia, que con los principios del secretario general del partido. Por eso se le conoce como el PDC de Parker.
La misión de este partido es ganar suficientes diputados para “desbarrancar” al PCN de su posición de “facilitador de la gobernabilidad”. Yo no creo tener que explicar lo nefasto que eso ha sido y será para el país.
El problema que ocasionan estos grupos que se apoderan de los partidos es que, además de eliminar la verdadera participación ciudadana, escogen no a los candidatos más idóneos, sino a aquellos que sirvan mejor a sus intereses de partido, pero sobre todo: personales.
Un tema crítico
Sandra de Barraza:
El ordenamiento territorial en 20 mil km² con 5.7 millones de habitantes es un tema que ha inspirado la contratación de distintos estudios. En la última década el país ha gastado al menos US$25 millones en contratos para empresas que tienen o dicen tener conocimiento y experiencia en este tema. Para los cuatro principales centros urbanos de nuestro país, San Salvador y todos los municipios que conforman el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS), al igual que San Miguel, Usulután, Santa Ana y Sonsonate, desde finales del siglo pasado se hicieron las propuestas de zonificación y usos del suelo.
En esa época, el estudio más amplio y complejo fue el del AMSS. Los PLAMADUR, como son denominados, incluyeron desde diagnósticos hasta estimaciones sobre la inversión necesaria para asegurar condiciones de vida en armonía con el medio ambiente. Hasta la fecha, poco o nada ha sucedido con estos estudios. Más bien, hemos acumulado ejemplos de medidas que contradicen la lógica y las propuestas de intervención.
La administración pública continúa con criterios discrecionales para las decisiones y con estas prácticas nos sorprendieron los terremotos de 2001 y continuamos hasta la fecha.
En el año 2001 el Ministerio de Medio Ambiente y el Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano, cada uno por su lado, iniciaron gestiones para hacer estudios de ordenamiento territorial. En el camino decidieron aunar esfuerzos y recursos en la contratación del Plan Nacional de Ordenamiento y Desarrollo Territorial (PNODT).
Dos años trabajaron (2002/2004) los diagnósticos, las prospecciones, las propuestas de intervención, los proyectos por subregión, el nuevo marco institucional y legal entre otros muchos temas. Como se acostumbra, hubo un equipo técnico de contraparte para darle seguimiento, retroalimentar y dar por aprobado el estudio. El estudio se dio por aprobado, el cheque de US$4.1 millones fue cancelado a las empresas contratadas y no pasó nada más que acumular de manera ordenada valiosa información hasta la fecha poco aprovechada.
Los términos del contrato del PNODT contemplaron temas críticos como la formulación de una política de ordenamiento territorial, la propuesta de un anteproyecto de ley de ordenamiento territorial y también la/s propuesta/s de institucionalidad. Allí están las propuestas, pero nada se ventiló ni discutió públicamente y más bien, nadie tomó decisiones. Lo que se aprovechó con ese millonario estudio fue una propuesta de estructuración de 14 subregiones que han inspirado y motivado la contratación de estudios geográficamente más concentrados con una dimensión y contenido de mayor detalle. El FOMILENIO tiene una buena base de información para tomar decisiones y avanzar porque los 4 de la zona norte están por finalizar.
La meta del Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano, una de las instituciones vinculadas con el tema, es contar con 14 estudios subregionales que sean el marco de referencia para decisiones e intervenciones que den sostenibilidad al territorio. Es relevante la iniciativa, pero los estudios subregionales, al igual que los esfuerzos anteriores, tienen un gran problema y debilidad: No se traducen en normas ni en decisiones porque carecen de legislación y de institucionalidad descentralizada.
Los estudios significan millonarias erogaciones, allí están en las libreras de las instituciones, pero allí se quedan. En el territorio con información o sin ella, todo sigue igual: el desorden es la norma. Por esto, las preguntas han sido: ¿Para qué se contratan? ¿Quién asume la responsabilidad de poner orden? ¿Hasta cuándo continuará la indiferencia?
El tema viene madurando porque la realidad así lo exige.
En la Asamblea Legislativa la comisión de municipalismo desde más de un año viene haciendo lo suyo... está formulando una propuesta de ley con participación de muchos sectores. El proceso ha aprovechado los estudios y las propuestas, el proceso ha sido amplio y sostenido y a la fecha, ya tiene el producto que le compete, pero tiene que asegurar consistencia con una política que hasta el día de hoy el Órgano Ejecutivo no termina de formalizar.
Dicen que esto cambiará el lunes próximo, fecha prevista para el lanzamiento oficial de la política. ¿Qué se espera? (1) Que refleje una visión integral y no se quede atrapada en el desarrollo urbano. (2) Que resuelva la dispersión institucional en la toma de decisiones. (3) Que otorgue carácter legal a los planes de ordenamiento subregional para convertirlos efectivamente en instrumentos de decisión y rendición de cuentas. (4) Que defina la regionalización del territorio para ordenar la administración pública. (5) Que sirva de base para que la comisión de municipalismo, por fin, termine su tarea y contemos con una ley que efectivamente “tenga dientes”.
La agenda política se impone
Rafael Rodríguez Loucel:
Se ha venido insistiendo sobre lo prematuro de la campaña política por una importante razón: desvía la atención del funcionario gubernamental, del empresario y del ciudadano en general de la agenda importante del país que es superar el subdesarrollo.
Para aquellos que de una u otra forma son comunicadores, la política adquiere un matiz de agenda urgente y atractiva para una audiencia curiosa, ávida de morbo y con un nivel promedio de poca educación. También particularmente he reflexionado que la madurez no solo es producto de “la acumulación de juventud”, sino también sinónimo de sabiduría que desplaza toda posibilidad de ser identificado como viejo necio. Consecuentemente hablemos de política de un país con un quehacer subordinado, a un arte, doctrina o ciencia, que lógicamente se impone cuando hay intereses individuales que proteger.
El entorno y las circunstancias polarizadas conllevan riesgos para la institucionalidad y la democracia con el predominio de una fuerza o una tendencia y el ejercicio del poder en el manejo de los asuntos públicos de la misma. La decisión de quién ejercerá el poder adquiere otra connotación: la representatividad, la credibilidad, la idoneidad en el sentido estricto del término; la capacidad de ejercer un auténtico liderazgo y no de fachada por subordinación a intereses políticos y económicos, el ser garante con credibilidad fidedigna del compromiso de anteponer los intereses fundamentales de mayor relevancia claramente consignados en un proyecto país. Estas son características todas, sin excepción, coyuntural, estructural y absolutamente necesarias de los candidatos.
Lo anterior parece un sueño o fantasía, talvez una terapia liberadora de un ciudadano, escéptico, frustrado por el poco “avance esencial” de su país. Este último, secuestrado por políticos que se alimentan del seno del poder con cuestionable eficacia para gobernar por sus constantes yerros y con la amenaza subyacente de la corrupción. La contraparte, el votante, con diversas características, necios, vulnerables, fanáticos, confundidos, indiferentes, permeables al engaño e iguales de inocentes políticos como el que escribe estas reflexiones.
La duda metódica se inicia con el proceso de selección del candidato a escala de agrupación política, en el cual se acumulan méritos por grado de pertenencia con el partido, la importante aceptación del filtro de las bases del partido, imagen nacional (carisma y arrastre necesarios), capacidad de administración, capacidad competitiva ante un aparente solo adversario, influencias y negociaciones en el interior del partido, proposiciones de caciques o líderes históricos, etcétera. Todo a espaldas de una mayoría silenciosa, la clase gobernada, apática y con una inercia pasmosa, solo a la espera de la señal para volver a votar.
Este ha sido el procedimiento y hay que tener la sabiduría para aceptar aquellas normas que no se tiene la mínima posibilidad de cambiar. Uno de los dos partidos fuertes decidió con antelación su candidato, un ciudadano relativamente joven, nueva cara en el campo de la política, con experiencia en periodismo y no militante del partido que lo propone. El otro partido con posibilidades, el que actualmente gobierna, se prepara para su elección interna.
¿Quién será el escogido? No tengo idea. Soy un ciudadano, contribuyente, sin afiliación política, perteneciente a la mayoría gobernada que solo desea el bienestar colectivo y que el nuevo gobierno, independientemente de sus colores y su ideología, inicie de una vez por todas la ruta del crecimiento sostenido, una mecánica efectiva de equidad del beneficio de ese crecimiento, la reducción perceptible de la pobreza y el encuentro con una mejor calidad de vida para esa mayoría.
Las elecciones futuras nos conciernen a todos: los agentes de cambio o los cómplices del atraso a perpetuidad.
¿Y los pensionados?
Henry Campos:
Un ejemplo del irresponsable manejo de los recursos del Estado por algunas de nuestras instituciones o funcionarios se ha puesto esta semana en la vitrina de los medios. Nuestros diputados se recetaron enormes aumentos bajo la figura de gastos de representación. Se dice que se trató de un acuerdo reservado de los miembros de la Junta Directiva de la Asamblea Legislativa, pero ahora que no pudieron conservar el secreto, pocos se atreven a dar la cara. Los que mostraron valentía o frialdad de ánimo nos dicen que los fondos adicionales les servirá para mostrar su cara más amable, haciendo obras de caridad y agasajos a sus votantes.
Muchos ciudadanos han expresado su indignación considerando que se trata de ingresos inmerecidos. Otros recuerdan que los pensionados, los pacientes de hospitales públicos y los niños en las escuelas públicas deberían recibir más respeto de quienes deciden el reparto de los fondos públicos y de quienes los administran. Muchos sectores de la sociedad se encuentran en una situación económica difícil y los diputados y en general las instituciones del Estado deberían ser más cuidadosas de los recursos y saber establecer prioridades.
El hecho también demuestra que los funcionarios siguen usurpando la soberanía popular, cuando se apropian de los asuntos públicos y se niegan a rendir cuentas a la población. La información como siempre no salió por una publicación oficial de la Asamblea Legislativa, sino por iniciativa de periodistas que obtuvieron la información de fuentes no oficiales.
El presupuesto del Estado siempre se ha manejado de forma irregular, con procedimientos en los que se publican datos aparentes, pero que esconde detalles por donde se cuelan con facilidad grandes recursos destinados a favorecer intereses personales. Se ha denunciado siempre la existencia de fondos secretos que manejan muchas instituciones y que no aparecen reflejados en el Presupuesto General de la Nación. Nadie da detalles a los ciudadanos de la ejecución del presupuesto y las instituciones de control.
Como ya se ha expresado reiteradamente por instituciones de prestigio nacional e internacional, es necesario que toda la actividad del Estado sea transparente; para ello se ha propuesto la creación de mecanismos e instituciones que permitan tener acceso a la información pública. Hasta la fecha más bien se insiste en mantener un secretismo aberrante.
Uno de los casos más recientes de cambio institucional fue el de México, que después de la creación de un mecanismo establecido por ley y una institución propiciadora del acceso a la información ha ido devolviendo más respeto a los ciudadanos y más confianza en el futuro. A propósito del punto, ha sido gracias a esos cambios que los ciudadanos se empezaron a enterar de los sueldos mensuales de algunos funcionarios, que rondaban las decenas de miles de dólares. A pesar de las incomodidades iniciales que esto provocó, se produjeron y seguirán produciéndose reacciones positivas en algunas instituciones.
En El Salvador tenemos demasiados ejemplos de un mundo oscuro construido por las propias instituciones. Recordemos el caso de la información sobre datos de homicidios que esconden instituciones del Estado; el presupuesto de la tropa en Iraq; los fondos de campaña de los partidos políticos; los gastos de publicidad; etcétera.
Para dar cumplimiento a los compromisos asumidos en la Convención de la ONU Contra la Corrupción firmada el 9 de diciembre de 2003 por nuestro país, la Asamblea Legislativa debería preocuparse más que por ocultar información y hacer malabares contables, por ser transparente y promover leyes, mecanismos e instituciones para hacer realidad el acceso a la información pública de parte de los ciudadanos.
El voto latino
Sergio Muñoz Bata:
Ahora que la campaña presidencial ha cambiado de rumbo, el cortejo de los aspirantes a la nominación presidencial a los votantes latinos entra a su fase crucial el 5 de febrero. Ese día, unos 6 millones de latinos irán a las urnas en 23 estados de la Unión Americana y muy probablemente su voto sea el que incline el fiel de la balanza en el seno del Partido Demócrata.
La primera batalla ya la ganó Hillary Clinton en el estado de Nevada donde no solo volvió a mostrar su capacidad para movilizar el voto de las mujeres, tal y como lo hiciera en Nueva Hampshire, sino donde dio la primera muestra de su habilidad para ganar el voto de los hispanos. Según una encuesta de CNN, el voto de los latinos favoreció a Hillary sobre Barack Obama en una proporción de tres a uno.
Para una comunidad de inmigrantes que dejaron sus países de origen para labrarse un futuro económico mejor, sin duda el tema central de esta elección es la economía. En épocas de crisis, los latinos saben que ellos son los primeros que sufren las consecuencias. En este renglón, sin embargo, la coincidencia entre Clinton y Obama es casi total. Ambos han prometido estabilizar la economía dando marcha atrás a los recortes de impuestos que Bush impusiera para favorecer a quienes ganan más de $250,000 al año.
Dado el desproporcionado número de hispanos que carecen de seguro médico, el cuidado de la salud es otro tema clave, pero también aquí hay semejanza en lo que ambos proponen, aunque Clinton habla de un seguro de salud universal y obligatorio subsidiado por los empleadores y el Gobierno mientras que Obama solo haría obligatorio el seguro a los niños. Ambos lo subsidiarían utilizando el dinero que ahora se ahorran los más ricos con los recortes a los impuestos.
Otro tema que preocupa a la comunidad es la guerra en Iraq, los dos candidatos han prometido sacar a las tropas a la mayor brevedad posible y solo varían en el plazo para hacerlo. Aunque tanto Clinton como Obama votaron a favor de la construcción del muro en la frontera sur del país, ambos coinciden en la necesidad de replantear una reforma migratoria integral que incluya la legalización de quienes ya están trabajando en el país sin documentos.
“La reforma migratoria es un tema muy importante para todos los latinos porque les afecta personalmente y que se hará notar sobre todo en noviembre”, dice Sergio Bendixen, el estratega de la campaña hispana de Clinton.
Lo mismo dice el senador estatal Gil Cedillo, quien se ha distinguido por su lucha a favor de los indocumentados en California y ahora apoya la candidatura de Obama. “La diferencia”, según Cedillo, “es que Obama ha luchado por ofrecerles a los indocumentados la oportunidad de obtener una licencia para conducir en Illinois.”
Así las cosas, la pregunta clave es si ¿Podrían los 46 millones de latinos convertirse en los grandes electores de la elección del 2008?
Mi respuesta es que no necesariamente; pero sí, si se dieran ciertas circunstancias específicas, y para empezar a despejar la ecuación habría que señalar que seis de cada 10 latinos se identifican como demócratas y apenas dos de cada 10 como republicanos. También que la fuerza electoral de los hispanos se disminuye notablemente porque solo el 9% se ha registrado para votar y de estos quizá votará un 6.5%.
En este sentido, la verdadera importancia del voto latino es su capacidad para inclinar el fiel de la balanza en elecciones apretadas. Y si tomamos lo sucedido en Nevada como punto de referencia para pronosticar lo que sucederá el 5 de febrero, la inevitable conclusión es que, a menos que suceda lo imprevisto, Clinton debería llevarse la mayoría del voto hispano en California (3.1 mill) en Nueva York (1.1 mill) en Nueva Jersey (400,000) Arizona (350,000) Nuevo México (300,000) y en Colorado (300,000). Solo en Illinois, donde los posibles votantes latinos suman medio millón, se estima que Obama podría salir triunfador. La Florida, donde los hispanos representan el 14% del electorado, se autoeliminó del proceso de las primarias demócratas al adelantar la fecha de su realización sin contar con la autorización del partido.
¿Significa esto que los demócratas, apoyados en los latinos, se encaminan a un triunfo fácil en la elección de noviembre? No. Porque lo más probable es que la carrera por la nominación republicana apenas estará comenzando el día que los demócratas decidirán quien será su candidata o candidato.
Cambio
Joaquín Samayoa:
Esa es la palabra que más se está usando para sintetizar las posiciones de los principales contendientes en las campañas electorales de Estados Unidos y El Salvador. A favor o en contra del cambio, así, a secas, o matizado con algún calificativo. En el discurso político, la palabra “cambio” rara vez encierra algo realmente novedoso, pero cualquier generalización puede tener excepciones. Todo depende de si el tal cambio, inspirador de ilusiones o instigador de aprehensiones, es solo una palabra tomada de los libros de texto de los publicistas, o expresa la convicción genuina y realista de un verdadero líder.
En las sociedades democráticas, lo más común es que los abanderados del cambio sean personas, partidos y organizaciones que buscan respaldo popular para acceder a posiciones de poder que han perdido o todavía no han podido tener. Esto es muy lógico. Si no hubiera necesidad de cambiar, no tendría mucho sentido disputarles el poder a quienes lo detentan. De ahí que los opositores muestren tanto empeño en resaltar los errores y deficiencias de los gobernantes y estos se empeñen en convencer a los electores de que un cambio entraña más peligros que beneficios.
El poder político es esencialmente conservador. Los que lo tienen no lo quieren soltar. Para ellos, el cambio es solo una estrategia adaptativa. Dentro de esa lógica, admiten la necesidad de pequeños ajustes en políticas y planes de gobierno; sustituyen a algunos funcionarios y realizan algunos cambios reales o meramente discursivos con el fin de enmendar, sin reconocimiento explícito, los errores más evidentes de su gestión, o simplemente para ponerse más a tono con las expectativas populares o con circunstancias de las que derivan nuevas exigencias y oportunidades.
El lema es que todo cambie un poco para que todo pueda seguir igual. Pero esa vieja máxima aplica por igual a todo el poder político, independientemente de su signo ideológico. La vista panorámica puede ser engañosa; muestra a unos a favor y a otros en contra del cambio. Pero cuando se acerca el lente para ver en primer plano a los abanderados del cambio, salta a la vista su propio conservadurismo. Al interior de cada partido u organización también hay fuerzas y personas que promueven cambios y otras que se resisten a cambiar.
Como antes señalé, la diferencia entre cambios cosméticos o insostenibles y cambios profundos pero viables solo la puede marcar un verdadero líder, un Gorbachov en lo que fue la URSS, un Felipe González en la transición española hacia la democracia, un Martin Luther King en el movimiento por los derechos civiles; un Copérnico en las ciencias; un Juan XXIII en las religiones; un Nelson Mandela en la lucha contra la discriminación racial.
Con la posible excepción de Barack Obama en la contienda electoral estadounidense, no veo en ese proceso, ni en el nuestro, líderes con la estatura de los personajes que, a manera de ejemplo, mencioné en el párrafo anterior. Y no es que no pudiera haberlos; es que por diversas razones y circunstancias no están apareciendo esos liderazgos casi en ninguna sociedad ni ámbito de acción humana.
Y cuando faltan liderazgos que se distinguen por su excepcional fortaleza y magnetismo espiritual, las promesas de cambio hay que tomarlas con bastante reserva.
Pero que no existan esos líderes en el panorama no significa que debamos quedarnos cruzados de brazos o que no tengamos mejor opción que tragarnos los garabatos retóricos con los que buscan seducirnos o disuadirnos los aspirantes a cargos de elección popular. Tenemos que esforzarnos en reconocer y potenciar a aquellos que más se acerquen al ideal de un líder inteligente, honesto y humanista.
Lo que no se vale es aceptar sin esfuerzo crítico, como lo están haciendo la mayoría de mujeres e hispanos en Estados Unidos, a la senadora Hillary Clinton como la candidata con mejores credenciales para combatir la discriminación étnica y de género en ese país. No se vale allá ni aquí firmarle a nadie un cheque en blanco, tragarse el rollo del cambio sin preguntar siquiera cuál cambio, cómo, cuándo, para qué.
No todo cambio es bueno ni todo cambio es realmente posible. Pero lo mismo puede decirse de la estabilidad que algunos proponen como opción más segura. No siempre es bueno o posible mantenerla.
A los políticos debemos exigirles que sean mucho más concretos en lo que proponen y en lo que rechazan. Por lo menos deben mostrar que entienden los obstáculos que deben superar y que tienen las ideas y los recursos necesarios para lograrlo.
Hugo Chávez se jugó los restos por una guerrilla moribunda
Fernando Londoño Hoyos/Columnista de El Tiempo, de Bogotá :
“En nombre del presidente Chávez: estamos muy pendientes de su lucha. Mantengan ese espíritu. Mantengan esa fuerza y cuenten con nosotros. Cuídense, camaradas.”
Así, de compañero a compañero, de socio a socio, despedía el ministro de Venezuela a los secuestradores de las FARC que devolvían sus presas.
Aquellas palabras, bastantes para romper relaciones con el Gobierno en cuyo nombre se dijeran, sugieren algo mucho más sustantivo que indignación. Meditando bien las cosas, llegamos por ellas a la conclusión de que estamos en el fin del fin, como bien llama a la hora el general Freddy Padilla de León. A nadie se le lanza un salvavidas, sino cuando se ahoga. Una audacia semejante solo se intenta ante una catástrofe. Chávez pierde sus amigos más cercanos, sus aliados más preciados y oye sus quejas lastimeras. E intenta su rescate, sin medir precio y sin regatear esfuerzo.
Las FARC están vueltas pedazos. Sus secuestrados son la viva imagen de su propia desolación. Porque son crueles, perversas y cobardes, pero llegan a estos confines de infamia porque no tienen alternativa. En la época del Caguán, los cautiverios eran menos inhumanos. Hoy son como son, y los hechos nos ahorran describirlos, porque no tienen otra cosa para dar. Podrían liberar a los secuestrados, pero no les alcanza el alma para ese gesto, al menos por ahora.
Así que se los llevan al único sitio que les queda, la profundidad de la selva, en medio de todas las privaciones, las calamidades, las fieras, las endemias más atroces. A sus víctimas les agregan la ignominia de una cadena y una jaula. Lo otro, el hambre, la ausencia de medicinas y de esperanza, el terror de la espesura, la falta de todo contacto social, lo comparten captores y rehenes. Por eso hay que pedirles que mantengan “fuerza y espíritu”, porque el camarada Chávez sabe que se les agota la parca ración que de eso les resta.
Ya no se están entregando al menudeo: han resuelto, como dijo alguno, llegar a viejos y levantan los brazos, piden clemencia, izan trapos blancos y se entregan con lo que les queda, es decir, con casi nada. Ayer fueron 15, hoy 18, con cabecilla incluido, y mañana serán decenas y centenas. A los 12,000 bandidos que depusieron sus armas se sumarán muchos otros, en cadencia uniformemente acelerada, hasta que los jefes no tengan más remedio que entablar diálogos, o lo que es harto probable, quedarse del todo en Venezuela.
Por lo menos mientras tengan camarada que los reciba y mientras el mundo tolere el paraíso cocalero que les valga de refugio. Por esa angustia está saliendo el camarada Chávez al quite. Soportando las ofensas que asegura estar sufriendo; desentendiéndose de la voluntad del presidente Uribe para que pare sus arbitrajes; haciendo el ridículo ante el mundo, como lo hizo en diciembre y lo repitió en la farsa de la entrega; desafiando la furia universal que desataron sus voces de solidaridad con los peores criminales del mundo, Chávez lo arriesga todo, exhibe todas sus penurias.
¿Por qué?
Porque las FARC son la esperanza que le queda. Solo ellas podrían organizarle su ejército miliciano, entrenar a sus amigos en todos los crímenes, manejarle el narcotráfico, sostenerle su perorata antiimperialista y antioligárquica, con el desmentido prestigio de que son imbatibles. Por eso quiere montarles oficina en Caracas, con nutridas sucursales en el resto de Venezuela.
En el juego del póquer, lo que está haciendo Chávez se llama jugar los restos por una guerrilla moribunda. Por eso le manda $500 millones y pretende su rescate político. Pero nada basta. Porque Chávez y las FARC están, ambos, en el fin del fin. Y de dos cadáveres morales no se hace un ser vivo.
TACA y el sistema de libertades
Ivo Príamo Alvarenga:
Mi precedente artículo sobre la compañía salvadoreña de bandera atrajo uno de los acostumbrados vómitos de insultos, proveniente del equipo que el FMLN mantiene para monitorear y responder, a las expresiones que en los medios sean desfavorables a sus opiniones. Pero generó razonados comentarios, varios quejándose de que la empresa cobra a los salvadoreños precios más altos que en la misma ruta pagan quienes toman sus aviones en otros países; o utilizan diferentes aerolíneas.
Admito desconocer en qué medida se da y cuáles son las causas de eso que suena a abuso o falla de la libertad empresarial, en el seno del sistema de libertades, cuya esencia nunca sobra evocar.
Recordemos que el “Filósofo de la Libertad”, Friederik Hayek, llama “propiedad plural” al régimen en el que se combinan la propiedad individual, la de grupos sociales y la del Estado, dando base a la economía de mercado, en la que cada quien es libre de emprender la actividad productiva lícita que desee, así como elevar su éxito en ella, hasta donde su creatividad, constancia, trabajo tenaz, y un poco de suerte, le permitan. El empresario triunfador, necesita relevantes cualidades que la inmensa mayoría no poseemos. Como algunos desconocen esas características, se llenan de irracional resentimiento y atribuyen la riqueza a la explotación de los trabajadores y el atropello de los clientes.
Estos, en cambio, la atención y satisfacción de sus necesidades, son la guía del buen emprendedor. Entre nosotros vemos extremos. Los buseros del Gran San Salvador, por ejemplo, constituyen uno de los sectores sociales más detestados por la ciudadanía. Si se les sometiera a rígido control, hasta expropiarlos y sustituirlos por empresas extranjeras o estatales, a la gente nada le importaría; al contrario, emitiría un profundo suspiro de alivio. La mayor cadena de supermercados, en la punta opuesta, a todos genera un sentimiento silencioso de agradecimiento. Su dueño tiene utilidades infinitamente mayores que los buseros, pero a nadie molestan. Es parecido a la estrella deportiva o artística, cuyos estratosféricos ingresos no ofenden.
Algo parecido debiera suceder con TACA. Su constante es satisfacer al cliente, aunque a veces tenga motivo de quejas. La renovación de sus equipos es la mayor demostración de que vela por su seguridad y confort.
En una época, cualquier país, por pequeño y pobre que fuese, montaba su línea aérea como cuestión de primario prestigio nacional. Ahora la competencia y los altos costos de operación han dejado sobrevivir solo a los mejores. En Centroamérica, los seis estados tenían su compañía de aviación. Hoy solo quedan dos. Copa de bandera panameña y capital en mayoría norteamericano; y TACA, de propiedad exclusivamente salvadoreña.
En la actualidad da empleo a 2,000 personas dentro del país y unas 4,000 fuera. Su filial Aeroman tiene 2,000 empleados y está por crear 4,000 adicionales. Como decía en el artículo anterior, tardó 75 años en construirse una sede propia, en la que hoy trabajan unas 1,000 personas, antes dispersas en edificios alquilados.
Una empresa así, que compite contra los gigantes norteamericanos subsidiados oficialmente, es un orgullo nacional. Debiera tener, como todas las de su género, protección estatal, pero no tiene ninguna. En el país hay política de cielos abiertos; cualquier aeronave puede recoger pasajeros en El Salvador, salvo las restricciones de tratados internacionales y las a menudo estrictas del aeropuerto extranjero de destino.
En los días presentes, está en un conflicto que se ha hecho creer pone en juego la protección de los pasajeros salvadoreños, lo cual es falso. Talvez pueda aclararlo en breve.
Peligros de las primarias en ARENA
Rafael Castellanos:
Quienes elijan al candidato presidencial en ARENA tienen una responsabilidad muy delicada, no confundirse en la suerte de primarias que han implementado para este objetivo, escoger a la mejor alternativa posible para ganarle a Funes y al FMLN, que nunca habían tenido tantas probabilidades de ganar.
La mejor alternativa para ganarle al Frente será aquella que logre ilusionar a los 500 mil o más votantes que no son duros ni de ARENA, ni del FMLN. Los duros votarán por su partido, no importa quien sea el candidato.
El Frente definió pronto y muy inteligentemente su campaña. Reconoció que solo puede ganarle a ARENA si conquista a esos 500 mil y hacia ellos ha dirigido su estrategia. Escogió a un candidato moderado que probablemente goza de popularidad en ese segmento por los 20 años de carrera televisiva, presenta un discurso moderado, alejado de lo que ha asustado a esos votos que quieren capturar, visten al candidato de blanco separándolo del rojo y del discurso revolucionario que le ha costado ya tres elecciones.
Falta preguntarse si en ARENA existe esa claridad.
Hasta ahora, no parece. Los intentos de candidaturas que se dieron hace meses no correspondieron a esa estrategia y los primeros días de campaña de los actuales no lo demuestran. Aún es tiempo de corregir, falta mucho.
El experimento de apertura es bueno para la democracia, pero no viene en el mejor momento para ARENA, en la elección más difícil, cuando el rival está definido, sin probabilidades de divisiones internas importantes y adelante en las encuestas. Por ello deben cuidar mucho de que el proceso no les perjudique más de lo que beneficia.
Al votante indeciso, al que ambos partidos se disputan, parece no importarle que Funes haya sido impuesto, le importa que el escogido no sea un comandante, sino alguien moderado y que les satisfaga para sentirse cómodos y comparar a la hora de votar, si es que no hicieron ya su decisión.
Tampoco parece que la falta de democracia le provoque al Frente divisiones internas importantes a la hora de enfrentar a ARENA, que trabajen con menos tesón o no salgan a votar el día de la elección. Por el contrario, se sienten triunfalistas y sus posibles divisiones internas, si las hay, han sabido administrarlas.
ARENA en contraste, es hasta ahora que enfrenta lograr el delicado balance de escoger al mejor para ganarle a Funes, para conquistar los corazones de esos 500 mil o más, y no sufrir divisiones internas que le perjudiquen en la mística de trabajo, en la entrega de sus activistas cuyo favorito no sea el electo.
Le es más difícil que al Frente por ser más abierto, menos autocrático y menos disciplinado que ellos. Le es más difícil porque en importantes actores internos prevalece el ego, porque grandes patrocinadores, gente que influye al COENA y estructuras partidarias que cuentan mucho, tienen su favorito, no por su idoneidad para conquistar al grupo objetivo, sino por conocerlo, por simpatía personal, o por haber sudado la camiseta.
El COENA y el grupo elector enfrentan la responsabilidad de comprender claramente, sin equivocaciones, que las primarias no son una elección interna de ARENA para escoger al más popular, al favorito de cada votante, al que más simpatía tiene en el partido, sino en elegir a quien le puede ganar al FMLN y Funes, de la manera más científica posible, ayudados del mejor marketing político disponible.
Igual que el FMLN deben tener la capacidad de una vez electo el candidato, cerrar filas y tener una unidad monolítica. Eso le toca al COENA. Los nombres viables son pocos, es de esperar que con ellos estén haciendo las encuestas y evaluaciones científicas necesarias para decidir mejor.
Las encuestas deben ser claramente dirigidas a esos 500 mil o más indecisos, no cometer el error de encuestar una muestra amplia que incluya voto duro de ARENA o del Frente, porque el error les puede salir muy caro.
En el pasado escuchamos de la popularidad del presidente Saca, ahora a la baja como es lógico después de cuatro años era la mejor arma para ganar. Eso no es necesariamente cierto con el grupo objetivo.
La aceptabilidad del candidato, que será electo al final por los indecisos, debe medirse por sí misma y cuanto más independiente del presidente, mejor.
Si ARENA no reconoce la importancia fundamental de este grupo objetivo y no escoge su candidato en función de ellos, probablemente pierde la elección.
Parcialidades electorales
Roberto Turcios:
Hoy, al calor de la campaña prematura, tienden a expresarse con facilidad afirmaciones terminantes, en especial para sostener que hay grandes peligros sobre el sistema económico, la democracia y la patria. Todo está en juego, dicen algunas personas destacadas cuando argumentan sobre el significado de las próximas elecciones. Ellas, en general, se ubican a la derecha en las corrientes de opinión.
La derecha tiende a expresarse como gran juez, mostrando una capacidad asombrosa para lanzar elogios al poder y condenas inapelables a los opositores. Parece en estado de gracia; sin embargo, sus argumentos y sentencias la ponen cerca de la intolerancia, o en la intolerancia plena. Examina mucho desde el bien y el mal, asumiéndose portadora absoluta del bien. Y concede poco a sus adversarios.
Es cierto que el FMLN no hace muchos esfuerzos por diferenciarse, al ponerse en un sitio pontifical, desde el cual condena o santifica. Si alguien lo critica, tiende a responderle con descalificaciones. Por algo sus relaciones con los periodistas son tan complicadas. Y eso que hoy presenta a un periodista como candidato presidencial.
Si se contrastan las dos corrientes, la derecha sobresale por intolerante y parcial. Tres ejemplos de carácter electoral son representativos. El primero: la exigencia a Funes para que definiera su condición política y no empleara su programa periodístico para promoverse como candidato del Frente. Ese argumento se olvidó después, a pesar de que una parte de los funcionarios del Ejecutivo confesó su aspiración presidencial desde la titularidad de sus cargos. El segundo se refiere a las finanzas electorales.
Varias voces reclaman una especie de rendición de cuentas del Frente sobre sus ingresos. Las mismas voces no preguntan algo fundamental: ¿cómo financiará ARENA su campaña? El tercero se refiere a la democracia. Varios voceros de ARENA han sostenido que el Frente adoptó una modalidad autoritaria para elegir a su candidato. Al mismo tiempo de la derecha salen voces defendiendo el carácter democrático de la forma de elección interna en ARENA. No solo eso; con tranquilidad sostienen que la mano alzada es más democrática que cualquier otro modo de elección.
Talvez hay dos causas principales para tanta desmesura: la costumbre en el poder y la conciencia sobre el pobre comportamiento institucional en los órganos del Estado. Cuatro gobiernos consecutivos constituyen un éxito político, pero pueden crear costumbre y una visión parcial de la estabilidad. En todo el siglo XX ningún grupo político —ni siquiera los formados por militares— logró tanto tiempo en el poder como ARENA. Con semejantes antecedentes resulta explicable que la derecha se vea como la única fuente posible para la estabilidad. Por otro lado salta a la vista el voluble desempeño institucional.
Unas veces de la Corte Suprema de Justicia, otras de la Asamblea Legislativa o la Corte de Cuentas salen acuerdos dictados por criterios coyunturales y componendas partidarias. La costumbre en el poder y la conciencia sobre el modo inconstante de las instituciones públicas estarían creando en la derecha un ánimo desmesurado, según el cual todo el destino del país está en juego en la próxima elección.
Aunque eso no sea cierto puede contribuir a la creación de un nuevo periodo de ingobernabilidad, y en una situación de esas sí podría ponerse en juego la frágil estabilidad y los pequeños avances en materia democrática.
China, India y Latinoamérica
Andrés Oppenheimer:
El acuerdo sellado esta semana entre China e India para aumentar sus relaciones económicas tendrá un gran impacto sobre Latinoamérica, y no será algo enteramente positivo para la región. A principios de la semana pasada, los líderes de las dos potencias del mundo emergente de mayor crecimiento se reunieron en Pekín para poner fin a décadas de tensiones bilaterales y aumentar sus lazos comerciales.
El primer ministro de India, Manmohan Singh, y el premier de China, Wen Jiabao, anunciaron que para 2010 el comercio bilateral llegará a $60,000 millones —mucho más de los $40,000 millones que estaban previstos— y que los dos países iniciarán conversaciones sobre un acuerdo preferencial de comercio.
Aunque las cumbres internacionales suelen producir grandes promesas que luego no se cumplen, hay motivos para tomar muy en serio los compromisos entre China e India. Desde que China e India firmaron un acuerdo de “asociación estratégica” en 2005, el comercio bilateral se ha disparado. Aunque los dos países se habían comprometido ese año a llegar a un comercio bilateral de $20,000 millones en el 2008, alcanzaron esa cifra ya en 2006.
“Las cifras rebasan las previsiones cuando se trata del comercio India-China”, señaló un editorial del periódico The Times of India el miércoles, “es posible que muy pronto China se convierta en el mayor socio comercial de India”.
Los crecientes vínculos comerciales entre China e India, así como el acuerdo de libre comercio firmado en 2005 entre China y los 10 miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), probablemente cambien el mapa del comercio mundial. Y tendrán gran impacto en muchos países latinoamericanos que dependen de sus exportaciones a China.
La buena noticia es que el incremento del comercio entre China e India producirá un mayor crecimiento económico de Asia, que requerirá cada vez más cantidad de petróleo, cobre, mineral de hierro, soja y otras materias primas latinoamericanas. Eso ayudará a países como Brasil, Argentina, Chile, Perú y Venezuela, que son los principales exportadores de materias primas a China en la región.
En los últimos cinco años, las compras chinas de productos básicos en Latinoamérica hicieron crecer la economía de la región a un promedio del 5% anual. Eso ha contribuido a que Latinoamérica esté pasando por su mejor ciclo de crecimiento económico en los últimos 40 años, según datos de Naciones Unidas.
Además, un crecimiento sostenido de la economía asiática creará un mercado aun más grande para todo tipo de exportaciones latinoamericanas, señalan diplomáticos asiáticos. “El acercamiento de India y China y el incremento de su intercambio comercial hará más prósperos a ambos países, y abrirá más oportunidades para Latinoamérica”, me dijo en una entrevista telefónica el embajador de India en Argentina, R. Viswanathan, “lo que Latinoamérica necesita son mercados en crecimiento, especialmente en un momento en que la economía estadounidense se está desacelerando. Es una situación muy ventajosa para la región”.
Pero muchos economistas advierten que China e India tienen economías complementarias —China es más fuerte en manufacturas, mientras que India en tecnología informática—, y que sus acuerdos de comercio preferencial harán más difícil para los países latinoamericanos exportar productos manufacturados o tecnología a los dos gigantes asiáticos.
“El crecimiento del comercio entre China e India le va a hacer más difícil a Latinoamérica moverse hacia exportaciones de productos más sofisticados, de mayor valor añadido”, me señaló Antoni Estevadeordal, uno de los principales economistas del Banco Interamericano de Desarrollo de Washington, D.C., “India se convertirá en un competidor formidable en el mercado chino”.
R. Evan Ellis, un experto de la empresa consultora Booz, Allen & Hamilton, que está escribiendo un libro sobre las relaciones de China con Latinoamérica, dice que la mayor oportunidad para los países latinoamericanos en Asia será crear asociaciones con empresas de tecnología y manufacturas indias.
“India está interesada en invertir en tecnología manufacturas en Latinoamérica, apuntando a los mercados latinoamericanos y a Estados Unidos”, dijo Ellis, y señaló que muchas empresas indias ya están operando en Latinoamérica, “la proximidad de Latinoamérica al mercado estadounidense es un atractivo clave para las empresas indias”.
Mi opinión: ojalá me equivoque, pero temo que la creciente integración económica asiática dificultará aun más la exportación de productos industriales latinoamericanos a Asia, y que veremos aumentar la dependencia de muchos países latinoamericanos de sus exportaciones de materias primas, que en muchos casos producen menos empleos y ganancias que los productos terminados.
El mundo se está dividiendo en tres bloques comerciales, especialmente en materia de exportaciones de productos pesados, cuyo transporte es costoso: el bloque de Estados Unidos, Canadá, México y sus vecinos; el de la Comunidad Europea, y el asiático. Y los nuevos acuerdos entre China e India parecen indicar que esta división se acentuará cada vez más.
¿Qué pasa con los costos? (I)
Juan Héctor Vidal:
En dos oportunidades nos hemos referido a la “Alianza por la Familia” desde que el presidente de la República la hizo pública el 5 de diciembre pasado. Hemos señalado sus beneficios, no solo por el alivio que significan muchas medidas para el bolsillo familiar, sino también porque algunas intentan rescatar, aunque todavía de manera tímida, el importante papel que debe jugar el Estado en una economía de mercado, asumiendo que es el modelo que rige en El Salvador.
Pero también hemos comentado de paso las implicaciones que podría tener para el erario nacional la puesta en marcha del “paquete”. En todo aceptamos la versión oficial de que la “Alianza” se había venido configurando desde hacía algún tiempo, lo cual nos llevó a pensar que el gobierno había tenido suficiente tiempo para cuidar todo detalle. Incidentalmente, esto, a nuestro juicio, restaba mérito a aquellas opiniones que señalaban que la iniciativa era parte de una estrategia para minimizar el impacto en la opinión pública de ciertos acontecimientos que precedieron su anuncio, como la presentación en sociedad del candidato del FMLN, la pérdida de apoyo a la gestión gubernamental o el incremento del 10% a los combustibles.
Consiguientemente, en la versión oficial, el tinte electorero que veían algunos quedaba hasta cierto punto descartado: Aunque esto probablemente no fue aceptado por buena parte de la población, siempre quedó flotando en el ambiente el tema del financiamiento y si el gobierno estaría en capacidad de hacer frente a las presiones de aquellos sectores que veían en las medidas, un intento de intervenir excesivamente en el mercado, bajo criterios con fuerte ingrediente político.
Ya sabemos que algunos de estos sectores elevaron el grito al cielo invocando la seguridad jurídica —que por cierto es algo que los salvadoreños debemos cuidar mucho— y es casi seguro que la CSJ está hoy en día procesando numerosos recursos de los que se sienten afectados, en busca de amparo, siempre con la duda ciudadana de hacia dónde se inclinará en esta oportunidad el fiel de la balanza.
Pero el caso del financiamiento de algunas de las medidas anunciadas tampoco termina de esclarecerse, aunque sus implicaciones son obvias. En particular, nos han llamado la atención los problemas que genera mantener invariable el subsidio a la tarifa eléctrica a los sectores de más bajo consumo. Al menos en tres oportunidades, el presidente de la CEL se ha referido al tema, comenzando por su primera reacción mientras acompañaba al mandatario en su viaje a Brasil el mes pasado. A partir de entonces, la posición de dicho funcionario ha venido confirmando lo que algunos entendidos veían con preocupación: cómo pagar la cuenta.
Noticias periodísticas de la semana antepasada —y de alguna manera actualizadas por la LPG en su edición del viernes anterior— señalan los riesgos involucrados en el compromiso gubernamental de mantener el esquema tarifario. En palabras del presidente de la autónoma ello significaría comprometer recursos por casi US$240 millones, lo que supondría posponer la ejecución de proyectos cruciales como El Cimarrón y El Chaparral.
Se sabe que estos se han venido estudiando prioritariamente desde hace varios años pues a la vez que permitirían alterar la matriz de generación —aminorando los problemas creados por los elevados costos del petróleo— garantizarían un poco enfrentar la creciente demanda autónoma y derivada del crecimiento económico.
Las opciones que se están manejando para apoyar “al presidente en una de sus promesas” —según la versión de quien dirige la CEL— son probablemente insuficientes. Al menos una de ellas significa acudir al Ministerio de Hacienda, que seguramente es el que tiene que ingeniárselas más para cumplir las promesas presidenciales. Por consiguiente, parte de la solución anticipadamente está en riesgo.
PD: Señores diputados, qué cinismo.
MEDIDA DESVERGONZADA
Gabriel Trillos :
El programa Red Solidaria rebusca entre donantes y rincones del presupuesto un poco de dinero que le permita dar el apoyo a miles de familias pobres en el interior del país. Estamos viendo la intensa campaña de la Teletón para recaudar fondos y ayudar a cientos de personas con discapacidad. Conocemos de los esfuerzos hechos por diferentes fundaciones para impulsar programas como el de Libras de Amor que permite salvar a niños de la desnutrición.
Hemos visto a docenas de personas altruistas entregar su vida para ayudar a otros. Vemos cómo los policías mueren frente a crueles delincuentes. Vemos a bomberos, socorristas, médicos, enfermeras, sacrificarse por otras personas a cambio de muy poca paga o a cambio de nada. Cientos y cientos de personas realizan cada día una actividad importante en beneficio del prójimo y se merecen todo el reconocimiento de un país.
Por todas esas personas y también por los miles de ciudadanos que a diario salen a la calle a librar una batalla por la supervivencia y dejan el sudor de su frente para llevar el pan a la mesa de su hogar, que a diario suben a los buses, esquivan delincuentes, soportan el tráfico en los congestionamientos, pagan impuestos a tiempo, por todos y cada uno de ellos elevo la más enérgica protesta pública que me permite este espacio por la desvergonzada medida de los diputados de asignarse un salvaje y ofensivo aumento de entre $1,800 y $2,900 a sus salarios mensuales.
No existe justificación alguna para ese aumento. No tiene ni siquiera lógica administrativa. No hay forma en que los diputados sean sometidos a una evaluación de desempeño y logren obtener los méritos suficientes para elevar de esa manera su salario. Desde cualquier ángulo es una medida ofensiva; una decisión irracional frente a una economía que apenas comienza a ver la luz al final del túnel; una decisión absurda y en contra de las pretensiones de cualquier gobierno que desee repartir de mejor manera los ingresos obtenidos por los impuestos que miles de ciudadanos pagamos al fisco; es una decisión descabellada y que actúa como un verdugo de programas sociales.
Los aumentos de los diputados, que aprobaron todos los diputados de todos los partidos políticos, equivale a lo que se puede pagar a batallones policiales, a docenas de maestros, a hacer mejoras en la infraestructura de instituciones como el ISRI, a los asilos, a las actividades del Padre Arrupe, y si revisamos la lista de necesidades de nuestro país vamos a encontrar otras tantas más que la indignación se agiganta.
Me pregunto con qué cara los diputados van a pedir el voto a los ciudadanos. Y esta vez no hay diferencia de colores. No creo que haya simpatizante de partido político alguno por muy apasionado que sea que justifique el aumento salarial de los hombres y las mujeres congresistas.
Dónde quedó la conciencia social de los areneros que impulsa el presidente Saca; dónde quedó la conciencia revolucionaria de los efemelenistas que tanto promulgan en cada mitin; dónde quedó la conciencia de los diputados del CD que hablan de su ética y dignidad (que bueno, ya casi ni tienen por sus ruegos al Frente); y los demás funcionarios del PCN y del PDC que se venden de una manera frente el público y en privado actúan de otra manera. ¡¡¡Dónde está el respeto por la sociedad, señores!!!
Pensé que el subsidio a los buseros era la última medida aberrante, pero veo que hay peores... señores diputados, reintegren ese dinero.
Estilos de ejercer el poder (II)
Kalena de Velado :
Los diferentes estilos de liderazgo provienen del concepto que se tenga de autoridad. Si alguien tiene en desprestigio el poder, difícilmente lo podrá ejercer bien. Comentaba antes que la autoridad no es más que una forma de servir y trabajar por el bien común, ya sea en la familia, en la empresa, en el sindicato, en el aula, en la dirigencia de un partido, de un gremio o en el gobierno de un país. Servir desde una posición de poder requiere investirse de “la autoridad moral que poseen aquellas personas en las que se confía y a las que se respeta porque se cree en ellas y en la tarea que están llevando a cabo.
No es una fe ni una servidumbre ciegas, ni consecuencia del arrastre de un gran carisma personal, sino una reacción consciente y libre que esas personas producen en los demás, gracias a su honestidad, su valía y su actitud hacia los demás”. (A. Aguilo). En la Historia reciente, quien logró este estilo de liderazgo fue Robert Schuman, padre de la Unión Europea.
Uno de los puntos de reflexión sobre el buen liderazgo político es tener un enfoque integral y amplio del ejercicio del poder. Schuman, primer ministro francés durante la Segunda Guerra Mundial, fue un infatigable pionero de la unidad europea durante la época de Auschwitz y un ejemplo de compromiso político.
“Llevaba la lucha con dignidad; jamás atacó personalmente al adversario con ocasión de las campañas electorales o en los enfrentamientos en la tribuna de las asambleas. Estaba siempre dispuesto a entablar el diálogo, tratando de persuadir, teniendo en cuenta las objeciones, siempre con la misma paz y una total cortesía” (André Philip).
Schuman, quien fue primer presidente del parlamento europeo (1958-1960), trataba de ver en cada ser humano, bien o mal intencionado, a alguien hecho a imagen de Dios, dicen quienes lo conocieron. “Cumplía con excelencia sus múltiples tareas. No hay una carta dirigida a él que no leyera y anotara. Preparaba los informes con esmero y se los sabía a fondo en el momento de la acción.
Tenía un elevado concepto de los asuntos públicos, que consideraba servicio a la comunidad y al bien común. Tanto en las grandes como en las pequeñas cosas, hasta el punto de que se sentía responsable de los dineros públicos apagando por las noches las luces de su ministerio. O rechazaba todo privilegio que le reservara su cualidad de ministro, por ejemplo, un compartimento especial en sus viajes en tren”.
En este sentido, toda persona puede ejercitar actividad política, no solo cuando hace política partidista o vota en las elecciones, sino cuando trabaja en su profesión, instruye a los jóvenes, cuida a los enfermos, dirige una empresa o produce y distribuye bienes. Se hace política prestando servicios no solo materiales, sino también espirituales y morales a la sociedad y sus miembros.
Una visión amplia de la política y del buen gobierno pasa necesariamente por la construcción de la célula fundamental de la sociedad que es la familia; por apuntalar con herramientas y conocimientos necesarios a los padres para que logren su quehacer esencial: el de preparar a sus hijos para su inserción en la sociedad.
Schuman refleja al hombre político en sintonía fiel con el espíritu cristiano, y por esto camina a convertirse en modelo para la posteridad. En su hoja de vida, los historiadores podrán encontrar incontables manifestaciones de su sentido universal (es decir, cristiano) en su actuación política, demostrando que se puede ser de Cristo y del mundo (no mundano) en cualquier trabajo.
Ni una causa perdida ni un problema olvidado
Ban Ki-moon/Secretario general de Naciones Unidas:
Afganistán es un claro ejemplo del precio que se paga por dejar una nación a merced de las fuerzas descontroladas de la anarquía. Esto justifica por sí solo los esfuerzos de la comunidad internacional para ayudar a reconstruir el país.
Para despejar cualquier duda, basta con recordar el 11 de septiembre de 2001 y sus repercusiones en todo el mundo. Ese día tomamos conciencia de que el vacío que se crea en un país despojado de sus instituciones cívicas tiende a llenarse de delincuentes y oportunistas. Por eso Afganistán está inmerso en el caos y la pobreza, convertido en base de operaciones del terrorismo.
¿Hemos de aprender la misma lección otra vez? En los últimos seis años se ha forjado una gran alianza internacional para reconstruir las instituciones estatales de Afganistán. Tras amplias consultas populares, se aprobó una constitución moderna; se celebraron elecciones presidenciales y parlamentarias; regresaron al país tres millones de refugiados que habían pasado décadas en el exilio. Está claro que la gran mayoría de la población apoya la labor que hace la comunidad internacional en su favor.
Sin embargo, los progresos realizados se encuentran en peligro. Una vez más, los oportunistas están ganando terreno y tratan de convertir nuevamente a Afganistán en un lugar sin ley, en un foco de inestabilidad, terrorismo y tráfico de drogas. Los medios de que se valen son desesperados: atentados suicidas con bombas, secuestros, asesinatos de funcionarios del Gobierno y asaltos a convoyes de asistencia.
Tan descorazonadora o más que todo, es la respuesta de algunas personas de fuera de Afganistán que abogan por la inactividad o incluso por la plena retirada de las fuerzas internacionales. Optar por eso constituiría una equivocación de proporciones épicas. La repetición de un error que ya ha tenido consecuencias terribles.
Naciones Unidas está presente en Afganistán desde hace varias décadas. Nuestra memoria institucional se remonta a los traumas causados por los talibanes y, con anterioridad, al período en que las milicias rivales combatían entre sí para hacerse con el exiguo botín de un país destrozado por la guerra civil. Nuestra esperanza para el futuro es que un día las instituciones estatales de Afganistán se sostengan por sí mismas y puedan acometer con dignidad la difícil labor de la reconstrucción y el desarrollo al tiempo que ofrecen seguridad y justicia a la población dentro de fronteras seguras.
Creo que ese día está a nuestro alcance. No podemos dejar que esa oportunidad sucumba ante la violencia inhumana de los insurgentes.
Aun con todas las frustraciones y contratiempos periódicos, me siento reconfortado por el firme y constante apoyo que la comunidad internacional presta a Afganistán. A pesar de los problemas de seguridad, se han realizado progresos evidentes: la escolarización de las niñas ha aumentado significativamente en los últimos cinco años y hoy hay seis millones de niños matriculados en las escuelas, mientras que bajo el régimen de los talibanes no llegaban al millón; más de cinco millones de niños han sido vacunados contra la polio, lo cual es crucial no solo para ellos, sino también para nuestra lucha por erradicar esa enfermedad en todo el mundo; y medio millón de ciudadanos afganos tiene ahora acceso a agua potable.
La construcción de nuevas carreteras ha ayudado a los agricultores a transportar sus productos a los mercados. En la actualidad, los agricultores afganos pueden atender el 95% de las necesidades de cereales del país; en 2001 ese porcentaje era inferior al 50%. La Comisión Independiente de Derechos Humanos del Afganistán, creada a raíz del Acuerdo de Bonn de 2001, tiene nueve oficinas provinciales y promueve activamente los derechos humanos. Bajo el régimen de los talibanes, la participación de la mujer en los asuntos públicos y en la política era nula; en la actualidad, el 28% de los escaños del Parlamento está ocupado por mujeres.
Naciones Unidas, junto a sus asociados nacionales e internacionales, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil afgana, continuará proporcionando al Gobierno de Afganistán toda la asistencia que sea necesaria para seguir avanzando a partir de esos logros. Nuestro éxito colectivo depende de que permanezca en el país la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad , que, bajo el mando de la OTAN, ayuda a las autoridades locales de casi todas las provincias a mantener la seguridad y llevar a cabo proyectos de reconstrucción.
En diciembre el Ejército Nacional de Afganistán, apoyado por la Fuerza Internacional, recuperó el control de la ciudad de Musa Qala, en la provincia meridional de Helmand, que estaba ocupada por los insurgentes desde febrero de 2007 y es uno de los principales centros de cultivo de adormidera.
Es importante señalar que esa operación militar estuvo dirigida por el Ejército afgano y que se llevó a cabo a petición de la población local. Ahora se podrán reanudar por fin las labores de desarrollo en Musa Qala.
Al Gobierno de Afganistán le queda un largo camino por recorrer antes de que pueda recuperar el control de su propio destino, pero ese día llegará. Es un trabajo arduo y sin gloria que requiere sacrificios. Esa es, precisamente, la razón por la que estamos allí.
De vuelta a la escuela
Sandra de Barraza:
El grupo poblacional más importante de nuestro país, la población en edad escolar, está de vuelta a las aulas. Durante 200 días estarán a cargo de profesionales en educación, personas que por sus características y compromiso personales tienen vocación para estimular el aprendizaje; tienen capacidad de ejemplarizar la enseñanza; tienen mística de trabajo y tienen espíritu de servicio para moldear mentes y corazones.
Durante los próximos 200 días, los niños y jóvenes estarán a cargo de maestros y maestras que velarán por hacer realidad el artículo n.º 55 de la Constitución de la República que establece que la educación tiene como finalidad “lograr el desarrollo integral de la personalidad en su dimensión espiritual, moral y social; contribuir a la construcción de una sociedad democrática más próspera, justa y humana; inculcar el respeto de los derechos humanos y la observancia de los correspondientes deberes; combatir todo espíritu de intolerancia y de odio; conocer la realidad nacional e identificarse con los valores de la nacionalidad salvadoreña; y propiciar la unidad del pueblo centroamericano”.
Pero ¿qué entendemos por esto? Especialmente ¿cuáles son los valores de la nacionalidad salvadoreña?
Sin responder preguntas que deben inspirar respuestas y acción colectiva, el desarrollo integral; la educación en y para la democracia; la formación de ciudadanía; el respeto a las diferencias; la promoción de la armonía; el sentido de pertenencia e identidad cultural; y la promoción y el compromiso con la integración centroamericana estarán motivados con el talento, la habilidad y el compromiso de alrededor de 50,000 maestros/as en los distintos niveles educativos, que tendrán no más que 200 días para educar para el país que queremos.
De vuelta a la escuela es oportuno preguntarse qué preceptos constitucionales hemos logrado y qué no se ha logrado. La respuesta evidencia vacíos que deben motivar y decidir hacer de la educación efectivamente la prioridad de país y la prioridad no se limita exclusivamente al financiamiento que es necesario.
Hacer de la educación la prioridad de país parte fundamentalmente en dar prioridad a los maestros y las maestras. Esto significa poner toda la atención en la formación de docentes; en asegurar una evaluación rigurosa para certificar la capacidad de ejercer la docencia; en la innovación en las formas de contratación, estableciendo claramente el objeto del contrato; en la evaluación permanente del desempeño y los resultados.
Dar atención prioritaria a los maestros demanda también la responsabilidad de tomar decisiones sobre relaciones contractuales. En el caso del sector público, en donde está en servicio la mayor cantidad de docentes, esto significa asegurar la libertad y decisión oportuna de separación y suspensión de los contratos laborales por desempeño insatisfactorio.
¿Cómo se evalúa el cumplimiento del contrato de trabajo de los maestros? Los niños y jóvenes deben estar y quedarse en la escuela el tiempo establecido legalmente para aprender lo necesario cuando se debe, con los métodos y recursos necesarios y disponibles.
El esfuerzo de enseñanza sistemática es simple y sencillamente para formar ciudadanía; es simple y sencillamente para estimular y potenciar los talentos; es simple y sencillamente para aprovechar y comprometer el principal recurso del país, el humano, en la construcción de una sociedad y el país que queremos: democrático, tolerante, prospero, integrado, al interior y con Centroamérica, con identidad cultural y con valores. ¡Semejante tarea tienen los maestros y las maestras! De vuelta a la escuela también debe recordarse que la educación no es cuestión exclusiva de oferta. Qué bueno que hay más maestros, aulas y escuelas. Pero con esto no se asegura la demanda.
En nuestro país es evidente que muchas familias son incapaces de satisfacer el costo de la educación, aun cuando sea pública. Un cuaderno de líneas de los más sencillos, dicen, el año pasado costaba US$0.50 y ahora cuesta US$0.79... ¡En un año el precio del cuaderno ha subido un 58%! Y ¿cuántos cuadernos les piden a los niños? Y no es solo esto, dicen, los libros de texto que piden son para muchos incosteables. Lo que piden de vuelta a la escuela tiene un costo que no tiene relación alguna con el ingreso familiar.
En el caso de los privados, que públicamente están quejándose de las regulaciones en el incremento de la matrícula y colegiatura, la situación es peor... las listas de materiales y texto parecen exageradas. ¿Se utiliza efectivamente todo lo que se exige de vuelta a la escuela? ¿Todos estos materiales son indispensables para lograr los preceptos constitucionales? En las respuestas no olvidemos que todavía hay quienes ni hacen el intento de entrar en la escuela.
El poder y la condición femenina
Sergio Muñoz Bata:
Esta no es la primera ocasión en la que una mujer o un afroamericano busca la nominación a la candidatura presidencial de su partido para la elección de noviembre. En 1872, la sufragista Victoria Chaflin Woodhull se lanzó como candidata presidencial para adelantar la igualdad de género. Cien años después, Shirley Chisholm, una mujer afroamericana que hiciera historia al ganar un escaño en el Congreso, también buscó, infructuosamente, la nominación del Partido Demócrata a la Presidencia. En 1984, Jesse Jackson fue el primer candidato negro que logró ganar algunas primarias en un quijotesco intento por llegar a la Casa Blanca.
Pero lo nuevo en la carrera presidencial de 2008 es que, por primera vez en la historia de Estados Unidos, una mujer o un afroamericano tienen posibilidades reales de ganar la Presidencia. Y la confrontación entre miembros de dos minorías ha generado una serie de debates sobre su elegibilidad, el estado de las relaciones interraciales en el país y la condición de las mujeres y su acceso a los puestos de poder. Los republicanos, no en balde su conservadurismo, optaron por la vía más segura postulando solamente a un puñado de hombres blancos.
Como bien ha notado la escritora feminista Gloria Steinem en un reciente artículo, la competencia entre un negro y una mujer ha mostrado que más que la raza, el género sigue siendo el factor que más restringe la vida en Estados Unidos.
“A los hombres negros —escribe Steinem— se les concedió el voto 50 años antes de que una mujer, de cualquier raza, pudiera emitir un sufragio. Y, en términos generales, los hombres negros han podido ascender a posiciones de poder, desde las fuerzas armadas hasta las juntas de directores de las grandes corporaciones, mucho más rápido y en mayor número que las mujeres.”
Lamentablemente, esto es así porque a principios del siglo XXI siguen predominando los estereotipos en la visión que se tiene de las mujeres que asumen puestos de liderazgo. Estereotipos que las definen alternativamente como criaturas adorables, inútiles y emocionalmente inestables, o como seres fríos, distantes, competentes, pero manipuladores. Rara vez se les ve como seres humanos que si bien cometen errores, también son capaces de superar sus naturales ambigüedades y, ocasionalmente, tienen también sus momentos de grandeza.
En este sentido no es accidental que a las pocas mujeres que han podido triunfar en la política por mérito propio —pienso en Golda Meir, Margaret Thatcher o Angela Merkel— se les caracterice como “damas de hierro”.
En el caso de Hillary Clinton, lo inaudito es que sus detractores le han aplicado el estereotipo de principio a fin sin compasión alguna y sin siquiera ponerse a reflexionar en la contradicción que ello implica.
Antes de la primaria en Nueva Hampshire, a principios del mes, se le acusaba de ser fría, calculadora y manipuladora llegándose incluso al extremo de hacer del reconocimiento de su inteligencia más un vicio que una virtud. Luego, dos incidentes de campaña propiciaron un súbito cambio de opinión en la mente de algunos votantes.
En el primero, los ojos de la candidata se humedecieron al contestar una pregunta sobre cómo pudo combinar sus deberes de madre y esposa con una carrera política. En el otro, reaccionó con ira a los ataques que le lanzaban sus dos más cercanos competidores. En ambos demostró que, después de todo, la senadora por Nueva York es, simple y sencillamente, un ser humano.
Para algunos observadores, la “dama de hierro” finalmente se humanizó, pero al mostrar su humanidad se vio débil demostrando así su incapacidad para gobernar al país. También es posible que algunas votantes se hayan conmovido y salieran a votar por ella dándole el triunfo en la primaria. Para otros, sin duda los más cínicos, ambos gestos fueron simplemente una farsa porque, para ellos, Hillary Clinton sigue siendo una persona fría, hipócrita y manipuladora.
Es evidente que no es solamente el sexismo lo que motiva el rechazo a Hillary Clinton, una mujer que carece del carisma que Obama ha desplegado y que tanto le sobra a su marido, Bill Clinton. También es cierto que el contraste entre los candidatos revela un desencuentro generacional. Los jóvenes apoyan a Obama y Hillary es popular entre los votantes mayores de edad. Esto no implica, sin embargo, la superioridad del hombre.
Lo interesante, en todo caso, es que para cuando llegue el momento crucial de la elección, las dos minorías tendrán que zanjar sus diferencias para lograr el objetivo común: sacar a los republicanos de la Casa Blanca.
Las cualidades más importantes
Joaquín Samayoa:
El próximo presidente de la República no tiene que ser un catálogo viviente de todas las virtudes ni un experto conocedor de todos los temas y problemas que deberá enfrentar. No es necesario ni posible mandarlo a hacer a Ilobasco. Será una persona con defectos y cualidades, como todo ser humano. Pero sería bueno que las élites partidarias encargadas de seleccionar candidatos hicieran su mejor esfuerzo para identificar las virtudes que no le pueden faltar y las flaquezas que no debe tener el presidente en este momento de nuestra historia política.
Entre las virtudes, doy por descontadas las más evidentes, la honradez, por ejemplo. Escucho con un poco de escepticismo el discurso sobre los valores y principios que todos los aspirantes afirman tener. Es necesario que sean mucho más concretos, que expliquen, por ejemplo, cuáles libertades son las que realmente defienden y cómo van a manejar las situaciones en las que la libertad de unos entra en conflicto con la de otros; en qué aspectos y hasta dónde intervendría su gobierno en las relaciones económicas y sociales; cómo piensan empezar a transformar la realidad de la mayoría de familias salvadoreñas para que sea más acorde con los valores familiares que profesan.
No creo en la sabiduría de los “encuestólogos” que le otorgan excesiva importancia a la imagen superficial y falsa que se les puede construir a los candidatos mediante artificios publicitarios. Un presidente puede ser parlanchín o reservado, alegre o enojado; puede pintarse las canas o no tenerlas o lucirlas con orgullo. Pero esos y otros muchos aspectos resultan bastante irrelevantes a la hora de enfrentar los desafíos que plantea una sociedad fragmentada, que ha superado algunos problemas, pero también ha acumulado profundas lacras y ha retrocedido en varios aspectos importantes de su desarrollo humano, político, económico y social.
Siempre he pensado que, para querer ser presidente de una nación, una persona debe ser muy idealista o muy ingenua o muy ambiciosa. Una de las apreciaciones más importantes que tendremos que hacer los ciudadanos y los dirigentes partidarios es cuál de esas categorías explica mejor las aspiraciones presidenciales de cada uno de los personajes que están en la palestra. Pero aun en el caso de aquellos a quienes consideramos bien intencionados, debemos ser precavidos y tomar en consideración otros factores.
Hay algunas cualidades que, a mi juicio, no deben faltarle al próximo presidente. Una de ellas es la inteligencia política, entendida como capacidad para comprender a fondo todas las dimensiones de la política, empezando por la naturaleza y el propósito de las relaciones que debe establecer con los demás poderes formales del Estado, con los poderes fácticos y, de manera particular, con esas grandes cantidades de ciudadanos que no tienen poder alguno ni encuentran formas eficaces de expresión en un sistema en el que los representantes suelen ignorar a los representados.
Una de las manifestaciones más claras de inteligencia política en un gobernante es su convicción de que debe intentar formar su equipo de gobierno con los ciudadanos más honestos y competentes en sus respectivos campos de acción. La inteligencia política se manifiesta también en el empeño que pone un líder para buscar entendimientos a pesar de todas las resistencias y obstáculos que pueda encontrar, ya que solo quien sabe sumar energías, ideas y voluntades puede hacer un buen gobierno.
A su capacidad de entendimiento y gestión política, un buen presidente debe añadir una sólida posición ética que le sirva de ancla en situaciones conflictivas o confusas. El poder político no constituye un fin en sí mismo; tampoco debe ponerse en función de modelos ideológicos o económicos abstractos ni de intereses partidarios o sectoriales. Las debilidades éticas llevan a utilizar el poder de manera antojadiza y excluyente, provocando confrontaciones, estancamientos, e ineficiencia en la resolución de nuestros grandes problemas nacionales.
El próximo presidente también debe tener agallas, que no deben confundirse con bravuconerías. Hace falta mucha fuerza de carácter para no dejarse intimidar y para no ceder a las presiones que siempre intentan hacer algunos grupos económicos, políticos y sociales que solo ven por sus intereses. De nada valen los valores profesados si no se tiene la fortaleza para hacerlos prevalecer. Pero, ojo, el carácter firme se encuentra más frecuentemente en la persona sosegada que en la persona impulsiva.
Finalmente, para el período turbulento que se está perfilando en el territorio nacional e internacional, necesitamos un presidente con mucha madurez y experiencia, alguien que sepa escoger sus batallas y tome las críticas con la debida seriedad.
Se buscan candidatos…
Óscar Picardo Joao:
País de renta media, con un 47.5% de pobreza (CEPAL), crecimiento del PIB a largo plazo de 3%, tasa de desempleo de 5.7%, inflación anual de 4.9%, tasa de analfabetismo de 15%, escolaridad de 5.6 grados, con US$9,831 millones en deuda externa (saldo bruto), economía dolarizada, con potencial turístico, logístico y portuario; con más de 6 millones de habitantes por aquí y un par de millones más por allá —que a propósito envían más de $3,000 millones al año— (más un grupo en Iraq y otros que quieren irse), busca candidatos para los siguientes cargos: un presidente (a), un vicepresidente (a), 13 ministros (as), 14 viceministros (as), siete secretarios (as) de gabinete, 33 directores (as) de instituciones autónomas, 84 diputados (as) y 262 alcaldes municipales.
Requisitos generales: poseer sentido común y discernimiento, así como liderazgo y buena capacidad de comunicación y transparencia; ser buena gente o tener amplio sentido ético; ambos géneros; de preferencia con estudios universitarios y bilingües (no indispensable); disponibilidad a tiempo completo; capaz de dialogar, discutir, escuchar y reflexionar. Coherente en sus ideas y discursos; respetuoso de los derechos humanos, sociales y económicos; que crea tanto en la libertad como en la equidad. Poseer sólidas creencias en: la política como un servicio a los ciudadanos, en la democracia como experiencia de vida política basada en los problemas y las necesidades de la gente y en la eficacia de las decisiones tomadas basándose en el consenso y en la administración de disensos.
Competencias específicas: trabajar por y para la gente del pueblo salvadoreño; evitar la corrupción, el enriquecimiento ilícito y el compadrazgo y el amiguismo político. Laborar bajo presión, en equipo y tener conocimientos de planificación estratégica a corto, mediano y largo plazo.
Respeto por la Constitución, las leyes y los tratados internacionales.
Buenas relaciones interpersonales —según sea el cargo al que postula— con presidentes, ministros, directores, diputados o alcaldes, sean o no de su grupo ideológico o partidario.
Alta capacidad analítica para resolver los siguientes problemas: violencia, migración, sistema de transporte, contaminación medioambiental, alto costo de la vida, niñez trabajadora y paupérrimo desarrollo científico.
Que tenga suficiente tiempo para visitar —según el cargo— escuelas, hospitales, oficinas gubernamentales, cantones, carreteras y otros para poseer la visión cotidiana de los ciudadanos y usuarios que gobernará, y así sea sensible y dispuesto a impulsar las reformas territoriales, electorales y fiscales que fueran necesarias para el futuro del país.
El país ofrece: esperanza y credibilidad; trabajar con ganas siempre y cuando se observe que los funcionarios también lo hacen. Un escenario de oportunidades y recursos naturales, culturales y sociales (que deben ser cuidados por los contratados). Un buen salario, partida secreta y otros privilegios —que mejor no debería usar— entre ellos: vehículo, gasolina, guardaespaldas y otras excentricidades; pero sobre todo, la posibilidad de transformar la historia del país, y sentirse orgulloso de haber sido un buen servidor público querido y anhelado por la gente (cosa que Master Card no puede pagar).
Postulantes interesados avocarse a partidos políticos —lamentablemente no se aceptan candidatos por cuenta propia, los partidos no admiten competencia— a más tardar esta semana (no importa que el partido sea grande o pequeño, lo importante es la calidad moral de los candidatos, y a pesar de que las encuestas no le favorezcan, lo importante es tener buenos candidatos); llevar foto, solvencias de centros penales y de la PNC, atestados de títulos —si son verdaderos, mejor—, tres recomendaciones y declaración jurada de los bienes que posee; no pueden aplicar a los cargos: grupos familiares, personas con un pasado oscuro, fanáticos ni farsantes.
TACA, orgullo nacional o monopolio, y Corte Suprema
Ivo Príamo Alvarenga:
La primera vez que viajé en avión comercial tenía alrededor de nueve años. Mis hermanas y hermanos habían sido pioneros en la emigración, para ir a trabajar, a Estados Unidos. Mi madre y sus dos hijos menores fuimos a visitarlos a San Francisco ahí por 1946, cuando la celebración del triunfo en la Segunda Guerra Mundial todavía embriagaba a la nación y esta ya despegaba en el boom económico sucesivo al conflicto.
San Salvador era un pueblecito donde eran desconocidos los supermercados, los grandes almacenes por departamentos y las autopistas urbanas. Por eso me deslumbraron la cadena de Safeway, la tienda J.C. Penny’s y la Bayshore Avenue, entre otras maravillas, como el puente Golden Gate, el parque homónimo y su famoso zoológico.
Me sucedió de todo. En el Safeway cercano a mi casa, las uvas que eran raras en El Salvador y costaban la fortuna de un colón la libra, valían cinco de dólar el kilogramo. Un día me comí tres kilos de un tirón, y me indigesté al grado de aborrecerlas por años. Un automóvil me atropelló en la concurridísima Mission St. y me perdí en el Penny’s. Salí bien librado gracias a la oportuna intervención de mis hermanos, que ya se las arreglaban en inglés.
La impresión más profunda me la dejó TACA. A mis escasos años, me sorprendía que un país tan pequeño tuviese su propia línea aérea. Volé en un bimotor con filas de dos asientos a cada lado. Las turbulencias lo agitaban como coctelera. En una, mi madre salió disparada hacia arriba; afortunadamente, porque de permanecer sentada habría derramado sobre el pasajero de adelante, la singular bebida que le dio guácala al primer sorbo. Era Cola que servida por las “stewardess” (que ya veía subyugantes a mi temprana edad), en un vasito de plástico para nosotros desconocido, la creyó café. En la abatible bandeja en la que nos sirvieron la comida de muñecas había unas bolsitas con polvo blanco que pensó era azúcar; pero era sal, que nunca habíamos visto tan refinada. Cola con sal era un brebaje peculiar, por cuya preparación pasé largo tiempo haciéndole burla.
La admiración por TACA me acompaña hasta hoy y no la empañan las acusaciones que se le hacen, por ejemplo, haberse aprovechado cuando era la única en volar a San Salvador durante el conflicto o la de ser un monopolio extranjero. La primera tiene su explicación; la segunda es falsa. A pesar de cualesquiera díceres, la considero un modelo de empresa bien administrada, con habilidad y mucha prudencia, virtud gerencial cumbre. Grande y significativa prueba de esta es haber hasta hoy hecho su propio edificio, mientras otros en los umbrales del éxito económico se construyen faraónicas sedes, que en algún caso los han llevado a la quiebra.
La inauguración del mismo, dicho sea de paso, dio lugar a un mal entendido que le ha causado daño. Invitado a presidir la ceremonia era el presidente Saca, quien a último minuto estuvo imposibilitado de asistir. Estando la vicepresidenta fuera del país, lo sustituyó Elías Bahaia, primer designado, quien se hallaba entre los convidados.
Por error, se tuvo la impresión de que cortó la cinta Agustín García Calderón, presidente de la Corte Suprema, lo cual se le ha criticado acerbamente, porque habría dejado entrever simpatías especiales para la empresa, mientras en el máximo tribunal está pendiente un litigio donde aquella es parte.
Sobre ese juicio se ha querido armar un escándalo exagerado y desencaminado, el cual resultaría útil e interesante aclarar.
Ansiedades exacerbadas, prematuras, dañinas
Rafael Castellanos:
La muy anticipada campaña electoral y las circunstancias que la rodean hacen que aflore la natural ansiedad que se da cuando puede ocurrir un cambio brusco en la dirección del país, agravada porque esta vez se da con demasiado tiempo de anticipación.
La ley electoral que regula las campañas pretende que sean cortas para que esas ansiedades que pueden paralizar al país no detengan su marcha normal por mucho tiempo. Pero ese no es el caso y las ansiedades se están viviendo ahora, antes de tiempo, son prematuras y dañinas.
Las circunstancias que rodean la elección elevan el nivel de ansiedad, las exacerban.
Si el país tuviera un rumbo común concertado y la alternancia en el Ejecutivo significara únicamente cambio de énfasis, habría menos tensión social.
Pero eso tampoco es así. El FMLN ha venido planteando por más de quince años que llevará la economía por un rumbo muy diferente y aunque nunca ha definido con claridad, se han opuesto por años a las políticas económicas vigentes y sus referentes cercanos son Cuba y Venezuela.
Por tanto, las expectativas de sus seguidores y de sus opositores es que se distanciarían de la economía de mercado y la disciplina macroeconómica que hemos mantenido y harían algo más cercano a la intervención estatal de Ortega y Chávez.
Las experiencias de países latinoamericanos, incluyendo a Venezuela, enseñan que un mal manejo de la economía y una intervención flagrante del Estado destruyen rápidamente la estabilidad macroeconómica, provocan desempleo y aumento de la pobreza. Aun si el Frente tuviera una versión moderada de economía de mercado, sus bases radicales le exigirán que cumplan lo que han ofrecido por años. Este escenario es catastrófico. La ansiedad fuera menor si el FMLN no tuviera, como en elecciones anteriores, una clara posibilidad de ganar, pero esta vez la tiene, según las encuestas a este día.
Adicionalmente, el Frente está siguiendo una estrategia inteligente para atraer el voto indeciso que le teme: candidato moderado que viste de blanco, discurso para disipar temores, mantener al candidato fuera de cámaras y exposición pública que lo pueda dañar prematuramente.
Para aumentar el nivel de ansiedad, pareciera que hasta ahora, a muchos no les importa que el discurso de Funes sea contrario a los que los dirigentes del Frente han predicado y aún predican como su credo, no les importa hasta ahora que la fuerza real de Funes al interior del FMLN sea casi nula, algunos creen que prevalecerá, otros no lo analizan.
Reitera lo sabido, quien manda en el partido que es de ellos, el nombramiento de Medardo director de campaña, la continuidad de Reyes como vocero, de Arias como diputado y Violeta como candidata. Aún así, muchos seguirán creyendo lo que quieren creer.
Hay muchas razones por las que los votos indecisos se inclinan a votar contra ARENA, además de los errores políticos que comete y puede cometer el presidente Saca:
El cansancio de cuatro períodos de gobierno, fenómenos que golpean la economía y sin ser culpa del gobierno, paga la factura política: altos precios el petróleo que encarecen toda la economía, el alto precio del maíz por la equivocada política de etanol de Bush que lo ha encarecido y con él a la cadena alimentaria, aves y ganado, una cosecha tardía de frijol.
Más complicado de entender, las expectativas de vida en un ambiente avasallado por el consumismo estadounidense y global: celular, televisión de cable, comida rápida cara, no pupusas de un colón de hace poco como necesidades primarias, más la enorme oferta de productos de consumo ofrecidos masivamente.
Algunos se endeudan por ello y les va mal, otros solo resienten no poder tenerlo. La frustración causa descontento con el gobierno y el modelo, fenómeno mundial, no solo nuestro.
Por estas y otras razones, hay muchos que buscan un cambio, sin analizar qué implica el cambio por el que votarían, pero quieren cambio.
Hay otros a quienes les molesta que el presidente sea presidente del COENA y le causa fuerte daño.
Las posibilidades del Frente nunca se habían visto tan buenas como ahora. Eso causa enormes ansiedades a quienes temen que lleguen, como a quienes quieren que lleguen.
Esa ansiedad se vive con mucha anticipación, es prematura, exacerbada y dañina para el país.
Los ciudadanos sensatos debemos tratar de apaciguar esas ansiedades y que el país siga su marcha normal una buena parte el año, que no se paren inversiones, que no se detenga el impulso de las empresas pequeñas y grandes, que no baje el índice de empleo y de consumo.
Esto es necesario para el país. Ojalá lo adoptemos.
Disputas de derecha
Roberto Turcios:
Hay una disputa notable en la derecha. Varias de sus corrientes compiten por la candidatura presidencial, como es obvio, y por la titularidad del partido, lucha que transita por un carril menos evidente. También hay señales, como la declarada oposición al continuismo, del fin de un ciclo político.
Los grades medios de comunicación están concentrados en el forcejeo entre las corrientes de derecha, aunque evitan las alusiones explícitas a los términos de la disputa. De hecho, se sabe poco sobre el contenido de los debates internos; pero, por varios indicios, se puede vislumbrar una lucha encendida. De acuerdo con lo difundido, un aspecto de las discusiones principales ha sido la continuidad del grupo más cercano al presidente y la oposición a esa posibilidad. A raíz de los forcejeos y las reagrupaciones ya abandonaron la contienda algunos pesos pesados. Además del continuismo hay otras razones en el conflicto, como el encuentro de una candidatura con perfil ganador y la construcción del equilibrio entre los intereses económicos dentro del aparato gubernamental.
En uno de varios lados parecen estar los grupos económicos con más vinculaciones trasnacionales; en otro, los que tienen sus intereses principales en la economía salvadoreña. Entre ellos hay más polos, y pueden ser menores, pero son igualmente importantes, aunque los dos primeros despuntan como principales electores. Y no solo por la definición de las candidaturas y la titularidad del partido ARENA, asuntos fundamentales en la evolución política del país, sino por las apuestas de esas corrientes sobre el desarrollo nacional en la etapa que viene y, en especial, por las posiciones que tendrán en el futuro gobierno. Además, las disputas se producen cuando se ha operado una transformación significativa en la propiedad de las empresas, al pasar varias de las más grandes a manos trasnacionales.
No hay razones evidentes para concederle mayor vocación democrática a una corriente que a las otras de la derecha. De hecho, las nominaciones no han sido transparentes ni democráticas, pues han surgido al calor de los forcejeos entre los grupos.
Además, en la declinación y el ascenso de las nominaciones hubo un cuidado especial por guardar las formas; se han manejado con tanto cuidado las diferencias que una corriente cuestiona a otra por anunciar que, de ser necesario, hará públicas las irregularidades del proceso interno.
En medio de las disputas, ha destacado el esfuerzo presidencial por mantener su influencia decisiva. No se trata de algo excepcional; más bien es una tendencia común: quienes tienen el poder tratan de prolongarse a las generaciones herederas o a los periodos siguientes. Pocos reconocen esos afanes, sin embargo.
Ahora se está formando un hecho simbólico significativo. El FMLN hizo el año pasado un movimiento parecido al que ARENA realizó durante el proceso electoral de 2004. Hoy el Frente presenta un candidato presidencial sin trayectoria histórica en el partido, tal como hizo ARENA hace 5 años. Las posiciones se han invertido.
Los herederos de aquella decisión de la derecha actúan, en la actualidad, bajo las advertencias del peligro de jugar con dados cargados; no se las hacen figuras de tercera línea, sino personas que están desplazadas o en la disputa por la candidatura presidencial. Esa disputa forma parte de un proceso de redefiniciones sobre la actuación gubernamental, sus líneas fundamentales y las cuotas de poder.
Y ahora, cómo lo hacemos
Juan Héctor Vidal:
Pasado mañana se cumple un aniversario más de la firma de los Acuerdos de Paz. No obstante, la dinámica política de los últimos días ha eclipsado el significado de ese histórico acontecimiento y más bien todo indica que el mismo propiciará —aunque parezca una cínica paradoja— nuevos desencuentros.
Dieciséis años no pasan en vano y sería una inconsecuencia total no reconocer los cambios que ha experimentado el país desde aquel 16 de enero de 1992. Sin embargo, la encrucijada que estamos viviendo, precisamente tiene sus raíces en lo poco consecuentes que hemos sido con los presupuestos básicos de los acuerdos, manipulando el proceso o, cuando menos, asumiendo ingenuamente que una vez firmada la paz, todo lo demás vendría por añadidura. Error histórico imperdonable, particularmente de los actores políticos y otros grupos de poder que no han sido capaces de desempeñar un papel diferente en un escenario distinto.
Las instituciones políticas, económicas y sociales con que contamos tienen muy poco que ver con lo que se suponía nos iba a conducir a una transformación pacífica del país, a partir de una revalorización consciente de nuestra propia historia. Cuando menos, así lo sugería el haber optado por un nuevo modelo económico y el hecho mismo de haberle puesto fin al conflicto por la vía negociada. Esto abría un espacio sin precedentes para empezar a construir una nueva sociedad sin grandes sobresaltos.
Lograr esto último no solo era posible, sino que era un imperativo categórico, sabiendo que la historia muy pocas veces repite sus ciclos virtuosos. Economía y política parecían conjugarse, teniendo como punto desencadenante una visión trascendente de nuestro de futuro. Democracia política y un sistema económico incluyente formaban así un binomio alrededor del cual, ARENA, ya en el poder, y el FMLN como fuerza política emergente, iban a ir encontrando progresivamente puntos de coincidencia para moldear un nuevo país.
Pero en algún momento, este escenario ideal empezó a desdibujarse. Aunque objetivamente no puede ubicarse con precisión el punto de quiebre —porque en política como en economía es difícil aislar los acontecimientos y más aún, establecer nexos de causalidad y efecto— eventualmente empezó hablarse de que habíamos entrado en un proceso de involución. Infortunadamente, el tiempo se ha encargado de dar vida a esa presunción, con hechos que podrían parecer “normales” dentro del mismo proceso histórico que estamos viviendo.
Sin embargo, muy pocos estarían de acuerdo con el flaco favor que por ejemplo le hace a la incipiente institucionalidad democrática, el comportamiento mostrado por la Corte Suprema de Justicia al darle largas a una definición en torno al conflicto entre TACA-COPA y la reciente decisión de considerar apegado a derecho el nombramiento de un miembro del Tribunal Supremo Electoral, después de tanto tiempo. Su actuación en ambos casos no ayuda a mejorar su imagen —para decir lo menos— como entidad responsable de velar por la pronta y cumplida justicia.
Tampoco la Asamblea Legislativa tiene un historial muy diáfano en el papel que le corresponde en una democracia funcional. Las reformas electorales pactadas entre el partido gobernante y su principal aliado es solo el ejemplo más reciente de su dudoso compromiso con el sistema.
En el ámbito económico, donde al final de cuentas vienen a desembocar las acciones en el plano político, las cosas tampoco han salido como se esperaba. Haber comprometido el nuevo modelo con excesos u omisiones que recuerdan el mercantilismo más primitivo no ha conducido a otra cosa que a poner en riesgo la credibilidad del sistema de libre empresa y desdibujar más los beneficios de la paz.
Quién será capaz de rescatar aquella ilusión de hace 16 años, es la gran interrogante; infortunadamente, el panorama que se visualiza no es muy promisorio.
A diez años de una visión compartida
Roberto Rubio-Fabián:
Este miércoles 16 de enero se cumplen 10 años desde que la Comisión Nacional de Desarrollo presentó al país y a su presidente Calderón Sol el documento “Bases para el Plan de Nación”. Una visión compartida para el desarrollo nacional que, gracias a la energía concertadora que todavía existía en aquel momento histórico, logró generar muchas expectativas y esperanzas en distintos sectores de la sociedad salvadoreña.
Las Bases del Plan de Nación fue presentado como “un instrumento de trabajo para propiciar una visión compartida acerca de los desafíos que debemos enfrentar para hacer de El Salvador un país donde toda la población (el subrayado es nuestro) pueda disfrutar de los beneficios del desarrollo”. Las Bases buscaba “inspirar y mover al país en torno a un proyecto común de desarrollo integral. En tal sentido, la propuesta constituye un instrumento para buscar entendimientos entre los sectores políticos y económicos que tienen mayor responsabilidad de decisión”. Asimismo se esperaba que ello motivara a “la suscripción de un Acuerdo Nacional, que sea la base para la formulación de planes y programas de mediano y largo plazo...”.
Aunque dicho documento siguió siendo fuente de inspiración de la CND, y el trabajo de esta se orientó más hacia sus componentes territoriales, “Bases para el Plan de Nación” no pudo ir más allá de lo que muchos esperábamos. A ello contribuyó el cambio de gobierno, el agotamiento de las energías concertadoras que precedieron los Acuerdos de Paz y el resurgir de las dinámicas polarizantes, y sobre todo, hay que decirlo con claridad, la fuerte miopía y estrechez mental de las principales fuerzas políticas y empresariales.
Ahora, más que nunca, es tiempo de resucitar el espíritu concertador que fugazmente disfrutamos en algunos momentos de nuestra reciente historia. Es tiempo de buscar, como mínimo, algunos entendimientos básicos sobre el desarrollo nacional. Es tiempo de darle alguna pizca de previsibilidad al país. Muchos dirán que en el actual y confrontativo contexto electoral ello es una estupidez, o en el mejor de los casos, una ingenuidad. Los “halcones” (¿zopilotes?) abundan y han penetrado distintos sectores claves de la sociedad salvadoreña. Ciertamente la tarea no es nada fácil.
Sin embargo vale la pena luchar y trabajar por ello. Si hacemos un análisis más detenido, lo necesita ARENA y lo necesita el FMLN, lo necesitan los intereses empresariales y lo necesitan los inversionistas, lo necesitan los programas sociales de largo alcance y lo necesita la solución a los problemas estructurales como la violencia y el crimen organizado, lo necesita la sociedad salvadoreña en su conjunto. En fin, lo necesita el momento histórico que estamos viviendo. Quienes no lo necesitan son los que sacan provecho de la confrontación, y esta les representa un negocio político o personal.
Más aún, lo necesita nuestra economía y su crecimiento sostenido. Este depende en gran medida de las inversiones, internas y externas, y especialmente estas demandan cada vez más previsibilidad y reglas claras. Como dice Andrés Oppenheimer en su libro Cuentos Chinos, “hay un consenso cada vez mayor en el mundo respecto de que los países más exitosos tienen en común el ofrecer previsibilidad, seguridad jurídica y un clima favorable a los inversionistas”. Así lo muestra el éxito en crecimiento sostenido en los países que, sea de forma más “natural” como los nórdicos, de forma más autoritaria como los asiáticos (China, Vietnam, Singapur, etc.), o de manera “esforzada” como Chile, Irlanda, España, Sudáfrica, Botsuana, que han impulsado su crecimiento a través de visiones compartidas de nación.
Por cierto, uno de los factores que ha limitado la inversión nacional, en especial la de largo plazo, es la angustia quinquenal de no saber qué pasará con el próximo gobierno, peor aún si es de otro signo político. De ahí las preferencias por las inversiones de corto plazo, de rentabilidad inmediata y de poco valor agregado. Inversiones poco favorables para el crecimiento sostenido.
La próxima contienda electoral, tal como se vislumbra, anuncia una de las elecciones más reñidas de nuestra reciente historia, y por tanto la conformación de un escenario de fuerte incertidumbre.
Mayor razón para la previsibilidad y las visiones compartidas de nación. Mayor razón para retomar planteamientos y esfuerzos como los que podemos encontrar, entre otros, en Bases para el Plan de Nación. Casi diez años de desencuentro quizá puedan hacernos reflexionar sobre la necesidad y utilidad de retomar las dinámicas del encuentro y el entendimiento nacional. Percibimos disponibilidad para ello en el candidato del FMLN. ¿Lo habrá en el candidato de ARENA? Por el bien del país, esperamos que sí.
Estilos de ejercer el poder (I)
Kalena de Velado:
Cuando se vislumbra incertidumbre o crisis nacional e internacional, es interesante reflexionar sobre los valores que fundamentan una actitud positiva para ayudar a los demás a “echarle ganas” a los retos que vienen por delante. Uno de esos valores es el de ejercer eficazmente la autoridad. Según los expertos, los diferentes estilos de liderazgo derivan del concepto que se tenga de autoridad. Si alguien tiene en desprestigio este maravilloso don, difícilmente lo podrá ejercer bien. Pienso que el poder no es más que una forma de servir y trabajar por el bien común, ya sea en la familia, en la empresa, en el sindicato, en el aula, en la dirigencia de un partido, gremial o en el gobierno de un país.
Hay personas que logran ganarse una posición de gran respeto por la vía de la fuerza o el miedo, comenta Alfonso Aguilo, filósofo, porque “tienden a utilizar un poder coercitivo para lograr lo que se proponen. Su eficacia a corto plazo suele ser alta, pero no es fácil de mantener por mucho tiempo, pues produce una sumisión tensa y provoca actitudes de resistencia que pueden llegar a ser enormemente activas e ingeniosas. Este tipo de poder es el que ejercen algunas personas, en el trabajo, la escuela, la familia, etc., con resultados a largo plazo generalmente deplorables, pues entran con facilidad en una dinámica que alienta la simulación, la sospecha, la mentira y la inmoralidad. En algunos casos extremos, cuando se lleva al límite esa tensión, produce conflictos personales más graves”.
El escritor disidente ruso Alexander Solzhenitsyn explica que si a una persona se le priva de lo que considera fundamental, considerará que ya nada tiene que perder y se liberará de esa sujeción a cualquier precio. El poder coercitivo suele desaparecer cuando desaparece la capacidad de ejercer las amenazas o el miedo, y entonces surgen con facilidad, como reacción, sentimientos de rechazo, oposición o revanchismo.
Hay otros estilos de autoridad menos despóticos, explica Aguilo, “que consiguen mantener una posición de dominio de una manera más utilitaria, por la vía de la contraprestación y el equilibrio de poderes, y la gente les obedece y les sigue en puntos concretos a cambio de unas ventajas determinadas. La relación que se establece suele ser de simple funcionalidad, y ese equilibrio de fuerzas se mantiene mientras beneficie a ambos, o al menos mientras continuar así les perjudique menos que romperlo. Es cierto que ofrece una cierta sensación de equidad y justicia, pero es el tipo de situación propia de relaciones laborales o familiares precarias y enrarecidas”.
En cambio existe un estilo de ejercer la autoridad más acorde con la dignidad del hombre. Dice Aguilo: “Es la autoridad moral que poseen aquellas personas en las que se confía y a las que se respeta porque se cree en ellas y en la tarea que están llevando a cabo. No es una fe ni una servidumbre ciegas, ni consecuencia del arrastre de un gran carisma personal, sino una reacción consciente y libre que esas personas producen en los demás gracias a su honestidad, su valía y su actitud hacia los demás”.
Todos hemos conocido personas que nos han despertado sentimientos de querer acompañarles en un proyecto porque depositaron una mayor confianza en nosotros, a la vez que nos alentaron en momentos difíciles, o nos ofrecieron su ayuda cuando no lo esperábamos, inspirándonos una actitud de respeto, de lealtad, de compromiso.
Uno de estos líderes fue Robert Schuman (1886-1963), jefe del gobierno francés, ministro y autor de la declaración del 9 de mayo de 1950, que dio pie después a la construcción de la Unión Europea.
Hora cero de Clinton y Obama
Eduardo García:
Estados Unidos demoró en salir de su estupor hace una semana, cuando las primarias del estado de Iowa le dieron un arrasador triunfo al precandidato demócrata Barack Obama, y dejaron a Hillary Clinton, hasta el momento considerada favorita imbatible, en un embarazoso tercer lugar. El resultado no solo catapultó hacia lo alto la figura del carismático senador afroamericano, sino que fortaleció visiblemente la candidatura de John Edwards, considerado también por muchos como una excelente opción de renovación dentro de las filas demócratas.
Sin embargo era necesario esperar las primarias de Nueva Hampshire para constatar si el apoyo al joven senador de Illinois aumentaría exponencialmente, o si su triunfo en Iowa era solo la señal de que será un competidor de gran fuerza, al que el partido deberá respetar en su aspiración a representarlo en las próximas elecciones. Los resultados avalaron esta última hipótesis, y la victoria de Hillary devolvió a ambos al punto cero, confirmando que la carrera va a ser reñida y de igual a igual.
Independientemente de quien gane la candidatura demócrata, los sucesos recientes dejan enseñanzas relevantes. Una es la evidencia del considerable avance en las relaciones interraciales del país. Contra todas las previsiones, los votantes de Iowa, blancos en aplastante mayoría, no tuvieron reparo en apoyar las propuestas del candidato Obama. Para ellos fue más importante su refrescante mensaje de cambio, de la urgencia de trabajar por un país unido, por rescatar al gobierno de la influencia de los poderosos lobbys e intereses particulares.
Hay que abonarle al candidato Obama el positivo hecho de que su campaña no ha intentado usufructuar su condición de afroamericano —una etnia históricamente segregada— ni su corto pasado migratorio para buscar solidaridad en las minorías. Su discurso por encima de enganches raciales o grupales le ha reportado innegables dividendos dentro de la mayoría blanca del país. De hecho, es significativo que muchos líderes negros no le han declarado apoyo irrestricto solo por compartir raíces étnicas. Y la superación del discurso racial muestra un destacable paso adelante en la armonización de las relaciones interétnicas, tanto por parte de blancos como de afroamericanos.
Tornando a Hillary, es inocultable que seguirá siendo una candidata atractiva para los votantes de las primarias demócratas, no solo por su probado talante y capacidades para lidiar con el poder y sus trapisondas, sino también por ser la primera mujer en la carrera electoral americana con posibilidades reales de alcanzar la primera magistratura; y si las tendencias se mueven hacia un respaldo masivo de las mujeres por solidaridad de género, entonces su carrera hacia la nominación contará con un innegable elemento potenciador.
Por el momento nada está escrito, y las próximas semanas serán determinantes para el andar de los tres aspirantes. Si Obama logra la precandidatura, es posible que John Edwards sea la fórmula ideal para acompañarlo, ya que formarían una pareja muy complementaria y de perfil triunfador. Si la nominación va a Hillary, será en cambio muy difícil que uno de estos dos admirados jóvenes políticos la acompañe, dada la lejanía de sus posiciones y de las corrientes que representan en el partido.
A los votantes latinos compete ahora observar con atención e informarse concienzudamente sobre la verdadera plataforma y proyecto de gobierno de cada candidato, para no dejarse atrapar por trucos de imagen, y prevenir que el triunfo de un candidato no sea fruto de la mera reacción emotiva ante “una sonrisa irresistible”, o como “solidaridad por una lágrima”.
Convergencias y estrategias
Fernando Henrique Cardoso, presidente de Brasil 1999-2003
La historia reciente ha demostrado que los países que consiguieron “dar un salto” atendieron al mismo tiempo los desafíos de los mercados globalizados y las necesidades de la población local. Esto lo hicieron cuando fueron capaces de definir el futuro sin medirlo por el calendario electoral y alcanzaron un consenso sobre las metas, al menos las de mediano plazo.
Así ocurrió en el caso de China, cuyo calendario se mide por generaciones y cuyos mecanismos de convergencia dispensan de la representación política democrática, pero no de algún tipo de participación ampliada en las decisiones. En el mundo occidental, donde prevalecen las reglas de representación democrática y la soberanía del voto popular, se crean valores y mecanismos para que la alternancia del poder respete cierto grado de continuidad en los objetivos nacionales pactados implícita o explícitamente. Tal fue el caso de España y, si bien en otras circunstancias, el de Chile.
En Brasil, en forma esdrújula, los partidos que se combaten políticamente, como el Partido de la Social Democracia Brasileña y el Partido de los Trabajadores, no han impedido que la sociedad haya ido formando, poco a poco, cierto consenso. ¿No sería este el momento, al inicio del año nuevo, para una reflexión política más madura, que aclare los caminos deseables que, sin eliminar las discrepancias, disminuyan la retórica que confunde la percepción de las alternativas y la definición de las metas?
La primera gran cuestión que se plantea, desde el ángulo de los desafíos de la globalización, es la de definir la presencia creciente de China y de las demás economías emergentes. China nos ha prestado un enorme auxilio con el aumento de los precios internacionales de las materias primas y alimentos, provocado por su acelerado crecimiento. Sin ella, nuestras cuentas externas no mostrarían la salud actual. Empero, China nos desafiará cada vez más con una oferta creciente de productos manufacturados, no solo en los de bajo costo, en los cuales es invencible, sino también en los de mayor sofisticación tecnológica, para lo cual se está preparando.
Peor aún, el efecto positivo del aumento de la exportación de mercancías colabora en la revaluación de la moneda brasileña, el real, lo que dificulta la exportación de manufacturas. Brasil no debe renunciar a lo que consiguió a duras penas: su base industrial. Para ampliarla necesitará de mucha innovación y agregación de valor a nuevos productos. Tenemos el desafío, de hacer en la industria lo que hicimos en la agricultura y minería, el desarrollo de nuevas tecnologías y de la capacidad empresarial.
La meta relacionada ha de ser definir las áreas estratégicas en que debemos concentrarnos para, en seguida, avanzar más en el desarrollo científico y tecnológico. El área más obvia parece ser la de la energía, dada la disponibilidad de tierras y de tecnología para la producción de etanol y biocombustibles y dadas las reservas disponibles para el aumento de la exploración del petróleo y del gas. Esas actividades requieren la expansión de la base industrial, desde el establecimiento de la industria alcohol-química hasta la producción de equipos.
Disponemos de personas y cerebros para avanzar en informática, en micro-electrónica, sin olvidar los productos sofisticados que pueden ser resultado del uso racional de la biomasa, a condición de respetar el ambiente y aplicar políticas vigorosas en su preservación. Bastan los ejemplos anteriores para ver que, si nuestro futuro depende de decisiones sobre las áreas económicas en las que debemos concentrarnos, este solo estará a nuestro alcance si llevamos a cabo una revolución educativa.
¿No sería ese un terreno para que partidos y sociedad se articularan para discutir cómo financiar el salto al frente educativo, quizá con recursos procedentes de la exploración del gran manantial petrolero que se anuncia? ¿Y para definir medidas para manejar la educación, formar mejores profesores y pagarles mejor?
Hablando de financiamiento a largo plazo, la crisis fiscal del Estado no podrá ser superada sin la limitación de los gastos corrientes, impulsados por los gastos (y el déficit) cada vez mayores de la asistencia social y por la expansión indiscriminada de la maquinaria pública. ¿No habría posibilidad de acuerdo en esa área? Y la tan ansiada reforma tributaria, aunque vista con menos ambición y mayor objetividad, ¿no podría, de hecho, ser objeto de negociaciones maduras entre partidos, gobiernos y sociedad para, digamos, lograrla en el transcurso de este año? ¿Y no sería posible una definición adecuada del papel de las agencias reguladoras —para desatar el nudo de la infraestructura—, evitándose el doctrinarismo y su “aparejamiento” al servicio de los partidos?
¿Y será, santo Dios, que no alarma a los dirigentes del país que los continuos escándalos y la corrupción impune minen la confianza en el Estado y en el gobierno y terminen por echar cuesta abajo las expectativas y la confianza de la sociedad en el futuro del país? ¿No podríamos aprovechar el buen momento de la economía mundial y nacional para aumentar los controles sobre los desatinos, el pillaje y la corrupción política? ¿Y no sería también el momento de acelerar las modificaciones en las reglas del proceso civil y en los códigos de ejecución penal para que la ciudadanía se sienta más segura y de hecho protegida por la ley, que pasaría a valer para todos?
Todo eso no se puede lograr en un solo año, pero puede delinearse el derrotero del futuro.
Quién sabe si sea optimismo de año nuevo. Pero, si los responsables de la conducción de la vida pública, empezando por el presidente e incluyendo a los dirigentes de la oposición, en vez de aferrarse a la retórica y a mezquindades, miramos al frente sin despreciar el pasado que construimos, talvez haya esperanzas. La iniciativa, está con los que fueron elegidos para gobernar el país y no solo para vanagloriarse de lo ya hecho, pues todavía hay mucho por hacer.
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The New York Times Syndicate.
Ofertas electorales y sostenibilidad fiscal
José Ricardo Perdomo:
En la economía familiar, la calidad de vida de sus miembros depende del nivel de ingresos y de la capacidad de ahorro después de realizar los gastos. Si se desea para la familia una mejor calidad y cantidad de educación, salud, alimentación, vivienda, etc., entonces tiene que gastar más y tener los ingresos suficientes para hacerlo.
Si no tienen ahorros y se desea adquirir bienes, entonces se recurre a adquirir deudas para pagarlas en el futuro. Pero si los ingresos son menores que los gastos, entonces no se tiene solvencia y nadie le prestará dinero. Si por gastar más de la cuenta ya no le alcanza los ingresos y tiene deudas que pagar, entonces comienza a sacrificar la calidad de vida de su familia y luego, si no paga las deudas, los acreedores le embargan sus bienes y cae en bancarrota.
Por lo tanto, la regla de oro es mantener la condición de solvencia y gastar lo que se pueda pagar con los ingresos que se reciben. Esto se llama sostenibilidad familiar.
Algo similar ocurre con las finanzas públicas. El gobierno grava y recauda impuestos sobre las actividades económicas del país y luego los redistribuye a la población mediante la generación de bienes y servicios públicos. La sostenibilidad fiscal de un país es la condición de un gobierno de generar la cantidad y calidad de bienes y servicios públicos que demanda la población, manteniendo su condición de solvencia.
Cuando los gastos son mayores que los ingresos entonces se tiene déficit fiscal y el gobierno tiene que recurrir a endeudarse para cubrirlo. Si el gobierno no tiene superávit fiscal primario (ingresos menos gastos sin intereses), pierde solvencia y no debería tomar más deudas.
En períodos electorales generalmente el gobierno de turno realiza expansiones fiscales sin subir impuestos, aumentando el gasto y las inversiones públicas que le permitan obtener el favor de los votantes. Esto aumenta el déficit fiscal y el endeudamiento, con la idea de que si se ganan las elecciones, iniciar el próximo período con austeridad en el gasto y aumentar impuestos para recuperar solvencia.
Ahora bien, si en caso pierde las elecciones, el nuevo gobierno tiene mayores dificultades para financiar las promesas electorales y tendrá que esperar un tiempo prudencial para realizar los ajustes fiscales que le mejoren la solvencia.
Todos los grupos políticos tienen en común que durante la campaña nadie habla de subir impuestos, hacen ofertas que necesitan dinero y si ganan tendrán que hacer ajustes fiscales al inicio de su gobierno.
Por lo tanto, la sostenibilidad fiscal de un país es determinante para la capacidad de acción de un gobierno y es el límite para las ofertas electorales. La sostenibilidad fiscal es una condición responsable para mantener el poder y la fragilidad fiscal es una vía segura para perder el poder. La prueba de ácido para cualquier oferta electoral es si existe la capacidad fiscal para financiarla y mantenerla en el tiempo, sin perder la condición de solvencia.
Lo preocupante es que la fiscalidad esté en función de mantener o alcanzar el poder y no en función de aumentar la calidad de vida de la población.
La fiscalidad es la base de la gobernabilidad y de la estabilidad democrática, debe ser parte de un gran acuerdo nacional, que oriente las políticas públicas independientemente del gobierno de turno.
Superintendencias deben ser apolíticas
Luis Membreño:
Desde hace varias décadas los economistas han venido desarrollando teorías sobre la regulación de mercados imperfectos, es decir, mercados que tienen poca competencia o mercados en los que se puede causar serios daños al público. Ejemplo: los mercados eléctrico y de telecomunicaciones en los que por su naturaleza hay pocos competidores y el Estado debe regular su actividad. Otro ejemplo es el sector bancario en el que el riesgo radica en que captan recursos del público y un mal manejo puede generar pérdidas a muchísimos ciudadanos.
El mecanismo de regulación que se ha desarrollado para estos sectores radica en la creación de superintendencias que le den un seguimiento muy cercano a estas empresas. Las superintendencias deben velar porque las empresas cumplan con las leyes que las regulan. Ejemplos de leyes específicas que se aplican a estos sectores son la Ley de Electricidad y la Ley de Bancos.
Dado que estos son sectores que tienen una gran complejidad técnica no pueden quedar bajo el control de políticos sino que necesitan de la regulación de entes eminentemente técnicos e independientes del poder político, llámese este el presidente de la República, la Asamblea Legislativa o los mismos partidos políticos.
En gobiernos anteriores de ARENA las superintendencias se fueron creando, una a una, en la medida que fue necesario y poco a poco se fueron ganando el respeto de los políticos y de los mismos regulados. Pero en los últimos meses preocupa la injerencia que está teniendo el poder político sobre estos entes eminentemente técnicos y eso está haciendo que muchas de las decisiones que se estén tomando sean de carácter político y tengan poco respaldo técnico.
El Salvador necesita el fortalecimiento del Estado de Derecho y que las instituciones funcionen independientemente del partido político en el poder. En la medida que los presidentes, ministros, diputados y políticos respeten las instituciones y las leyes establecidas los empresarios podrán tomar sus decisiones de inversión a largo plazo sabiendo que no les van a cambiar las reglas del juego en el camino y los consumidores estarán protegidos y los ahorrantes también.
La razón de ser de los entes técnicos, como las superintendencias, radica en que no es fácil para las personas legas en la materia entender el funcionamiento de estos sectores. Por ejemplo, no es fácil explicar por qué no habrá más inversión eléctrica en el país si no hay un pago por capacidad que cubra el riesgo de la inversión a 25 años plazo. Tampoco es fácil de explicar por qué los sectores de mayor riesgo deben pagar una mayor tasa de interés y si se quiere intervenir en ese libre juego de la oferta y la demanda estos sectores se quedarán sin acceso al crédito o que si se quiere eliminar las comisiones bancarias la tasa de interés tendrá que subir para todos.
Los inversionistas grandes, ya sea nacionales o extranjeros, para decidirse a invertir cien, quinientos o mil millones de dólares en El Salvador requieren de reglas que se mantengan a 10 o 20 años plazo para poder recuperar sus inversiones en ese plazo. Al llegar nuevos inversionistas potenciales al país para explorar nuevas inversiones, lo primero que hacen es conversar con los inversionistas que ya están radicados en el país y les preguntan sobre la confianza que hay en las instituciones y el respeto que estas han tenido a través de los años sobre las reglas del juego que se les establecieron al momento de establecerse en el país.
Considero que es crucial para el desarrollo futuro del país que se le devuelva a las superintendencias su rol eminentemente técnico y que se les exija que hagan cumplir a cabalidad las leyes del país, sin imponer criterios políticos que lo único que harán es ahuyentar a los actuales y futuros inversionistas.
Tiempo de cambio
Sandra de Barraza:
Queremos cambios de contenido, de método, de forma y sobre todo, en las propuestas y los resultados. Hemos avanzado, pero hace falta mucho para construir el país que asegure oportunidad a la igualdad de oportunidades.
Todos los que tienen o no tienen afiliación política, todos los que son literal y funcionalmente mandantes en el país, tienen dentro de su agenda de discusión diaria el próximo cambio de gobierno y en especial, la próxima elección del o de la que será candidato/a a mandatario/a por el partido ARENA y que competirá con el FMLN por ocupar este rol desde Casa Presidencial. A casi 16 años de firmada la paz, el tema de elección de candidato/a a mandatario/a es el que inspira y ocupa a los afiliados y a los no afiliados pero igualmente afectados con la elección.
Durante 20 años los electores han optado por el candidato de ARENA... estamos concluyendo un cuarto periodo presidencial bajo la administración del mismo partido... estamos, sin lugar a dudas ante un fenómeno en tiempo, comparable con el PRI mexicano tan comentado y tan cuestionado en su momento. Pero en nuestro país, el tiempo es de cambio... las próximas elecciones indiscutiblemente enfrentarán a los partidos políticos de nuestro país ante nuevos escenarios y sentimientos. Ojalá que esto sea tomado en cuenta en el momento de elegir a las personas que asuman la candidatura para que los mandantes tengamos opción.
Los mandantes... indiscutiblemente han evolucionado. Tenemos mejores niveles de educación (no los esperados en el Plan 2021, pero son mejores). Tenemos gente más informada. Tenemos gente con más relaciones nacionales e internacionales. Tenemos gente con expectativas más elevadas. Tenemos gente con criterios de evaluación sobre resultados de la gestión gubernamental: “Seya como seya, seya con quien seya, pero que seya” fue una sencilla pero significativa aseveración de un ciudadano en Morazán al comentar sobre los escasos resultados del gobierno en la creación de condiciones favorables al desarrollo de la población más lejana y olvidada. Los mandantes, no debe olvidarse, están informados y, de una u otra forma, tienen criterio sobre lo que se quiere y no se quiere. Los mandantes, no se olvide, no están en la ignorancia. Los mandantes no tienen por qué tener miedo de perder lo que nunca han tenido: no tienen empleo, no tienen tierra, no tienen casa, no tienen oportunidades de mejorar, no tienen...
Tienen, no más que esperanza y deseo de ser y de tener lo necesario para sobrevivir y desarrollarse personalmente y con su núcleo familiar... por esto emigran, y emigran no a cualquier país. Emigran a Estados Unidos, un país cuya economía se basa en la libertad, en la competencia, en el emprendimiento individual, un país en donde existen y se hacen sentir las instituciones que velan por estos valores en función del bien común.
Emigran a un país en donde todos cumplen sus deberes cívicos... cumplen las leyes y sobre todo, cumplen con el pago de impuestos. Los mandantes que han emigrado indiscutiblemente han vivido y asimilado un sistema de vida que nosotros aún estamos declarando y tenemos en proceso de construcción... ¡tenemos muchísimos ejemplos que confirman lo mucho que nos hace falta por construir!
La o el candidata/o a mandataria/o debe reconocer lo mucho que hace falta para construir un sistema basado en la libertad, en la responsabilidad, en los derechos, en los deberes, en el mercado y sobre todo, en la efectiva regulación del Estado. El sistema que queremos construir no se basa exclusivamente en libertad, en derechos y en mercado porque esto crea segmentos privilegiados y le resta credibilidad al sistema social y económico que anunciamos. La gente que emigra a Estados Unidos sale sin un centavo en la bolsa, lleva deudas en la libreta, se va buscando oportunidades y efectivamente las encuentra, las aprovecha con esfuerzo y perseverancia personal y construye casos de éxito. Son muchos y desconocidos los ejemplos de casos como el del Sr. José Barahona que hasta fue condecorado por la Asamblea Legislativa.
¿Por qué tienen éxito en Estados Unidos? Es la pregunta que políticos y candidatos a mandatarios/as deberían responder para comprometerse con decisiones y acciones que efectivamente aseguren las oportunidades que la gente, esa gente que es la mandante, quiere tener para sentir el beneficio de vivir en un sistema regido por la libertad. La gente no quiere libertad para quedarse en condición de pobreza por falta de oportunidades. Si la gente sigue emigrando, algo no está funcionando bien en nuestro sistema.
Tiempo de cambio... Queremos cambios de contenido, de método, de forma y sobre todo, en las propuestas y los resultados. Hemos avanzado, pero hace falta mucho para construir el país que asegure oportunidad a la igualdad de oportunidades.
Un tanque insaciable
Henry Campos:
Con los últimos aumentos del precio de los combustibles derivados del petróleo, los transportistas ya no están satisfechos con el subsidio concedido al transporte público. Ahora piden más.
En su oportunidad se señaló por parte de diferentes sectores de la sociedad que la decisión de conceder el subsidio a costa de aumentar en diez centavos el precio de la gasolina y el diésel para el resto de ciudadanos era una medida inadecuada. En realidad la decisión pareció ser una respuesta rápida y poco complicada en su ejecución a las demandas hechas por los empresarios del transporte.
Los diez centavos adicionales que ahora deben pagar los ciudadanos se suman a los aumentos internacionales del precio del petróleo y a los vicios del mercado interno de combustibles, y que impacta en casi todos los precios de los productos. Ahora hasta los propios transportistas comprenden que la decisión les perjudica a final de cuentas a ellos mismos y por eso creen que la liberación de los precios del transporte público sería una mejor solución para aumentar sus ingresos.
Sin embargo, una liberación de los precios del transporte público es probable que permitiría hacer llegar mayores fondos para las empresas transportistas; pero igualmente podría seguir disparando el aumento de precios de otros productos o servicios, que terminaría por aumentar sus costos y reducir sus ganancias.
Algunos sostienen que para evitar esas consecuencias y perjuicios políticos para el gobierno, deberían de concederse subsidios directamente a los ciudadanos. Es decir, que sean estos los que reciban el subsidio y no los transportistas; pudiendo estos aumentar los precios. No obstante esta solución, aunque mejor por cambiar de beneficiario directo, no evitaría que se recurra siempre a buscar fondos aumentando los diez centavos en el precio de la gasolina y exigiría una mejora administrativa y en los procesos de gestión de las empresas de los transportistas y las oficinas de gobierno, que no ha sido posible lograr hasta ahora por los intereses en juego.
Algunos funcionarios dicen que no son posibles otras medidas y no pueden ocultar sus preocupaciones por las elecciones de 2009, que probablemente demandan respuestas rápidas.
Mientras, la realidad exhibe otras opciones. Los medios de comunicación recogieron infinidad de propuestas razonables para evitar un aumento de los precios en general y del transporte colectivo en particular: desarrollar una política energética que evite depender exclusivamente del petróleo; desarrollar una política de transporte que amplíe los medios y la oferta a una pluralidad de sectores y formas empresariales; apoyar económica y técnicamente la utilización de otros combustibles por los transportistas; utilizar fondos obtenidos por un tributo excepcional y de plazo limitado, es decir, por una contribución especial, para crear empresas estatales y municipales del transporte; aplicar medidas legislativas para asegurar mayor eficiencia de las empresas del transporte colectivo; asegurar compras colectivas de combustibles, repuestos y unidades por los empresarios, etc.
Como hemos dicho en otras oportunidades, se trata de superar intereses parciales para ejecutar decisiones de beneficio general. Hay que buscar nuevas alternativas del transporte público. No se puede seguir dependiendo de un servicio de buses y microbuses que han recibido beneficios y múltiples plazos para mejorar y todo sigue igual.
Las medidas desde luego no son fáciles de ejecutar en un breve plazo; pero debe comenzarse a realizarlas desde ahora. Incluso talvez habría mejor disposición ciudadana al aumento del precio de los combustibles, si le dijeran que será por el plazo de un año o 6 meses, mientras entran en funcionamiento las empresas municipales de transporte, la revitalización de los trenes, la adaptación de las unidades a otros combustibles más baratos y otras medidas.
Obama y el cambio
Sergio Muñoz Bata:
Independientemente del desenlace final de las elecciones primarias y admitiendo que la carrera presidencial de 2008 apenas ha empezado, lo trascendental hasta el momento ha sido el grado de aceptación a la candidatura de Barack Obama en Iowa y New Hampshire, entre otras cosas, porque documenta el dramático cambio ocurrido en este país en materia de relaciones interraciales.
Y si bien es cierto que el racismo individual sigue siendo tan irremediable como repugnante en EUA y en el resto del mundo, la victoria de un neófito senador de raza negra en las asambleas partidarias de Iowa, un estado en el que solo el 3% de la población es afroamericana, debería, por lo menos, atemperar el prejuicio tan común en el extranjero de que las relaciones entre las distintas razas y etnias nacionales no han evolucionado en Estados Unidos.
Lo que hay que agradecerle a Obama es que él ha sido el candidato ideal para evidenciar el cambio que necesita el país. Y, en este sentido, no es accidental que haya instituido el “cambio” como eje central de su campaña.
Obama también ha introducido un cambio importante en el tema de la identidad racial. Si algo evidencia su discurso esperanzador, reposado, unificador e incluyente es la caducidad del viejo modelo del liderazgo negro ejemplificado por Martin Luther King. Un movimiento que en su momento fue fundamental para reivindicar los derechos de quienes eran discriminados y segregados por el color de su piel, y para acabar con el “apartheid” estadounidense promulgando leyes que institucionalizaron la igualdad entre las razas.
El mensaje de Obama también obsoleta el activismo gritón, enojado, callejero y acusador, de predicadores como Jesse Jackson y, sobre todo, Al Sharpton, que basan su liderazgo en la confrontación con los distintos grupos étnicos y raciales del país y asumen como inevitable, a la vez que rentable, la victimización de la comunidad negra.
Justo es señalar aquí que la experiencia de Obama es muy diferente a la que vivieron King, Jackson, Sharpton y la inmensa mayoría de los líderes de la comunidad afroamericana. Hijo de madre blanca y padre africano, creció con sus abuelos maternos en Hawái y no sufrió el impacto frontal de la discriminación y la segregación que tuvieron que resistir los otros. Pero Obama no niega su negritud. Tampoco solicita el consejo de los viejos activistas y sin subestimar las carencias y las necesidades de la comunidad negra privilegia la integración sobre la confrontación como medio para subsanarlas.
De continuar su cadena de triunfos, para cuando llegue la primaria de Carolina del Sur el 19 de enero, en la que la mitad de los votantes son negros, no solo va a ser difícil detener su camino a la nominación, sino que la reconciliación con ese sector de la comunidad negra, que no lo considera uno de los suyos, será inevitable.
El tercer cambio que propone Obama es evidente. Lo que él y sus seguidores quieren es sacar a los republicanos de la Casa Blanca y de ser posible aprovechar el impulso para aumentar las mayorías demócratas en el Congreso. Y en cuarto lugar busca el cambio de guardia en el liderazgo demócrata. Obama no solo pertenece a una generación distinta a la de los otros contendientes a la nominación, sino que es quien menos carrera política tiene. A cambio de experiencia ofrece su inteligencia, su carisma, su esperanza y una sonrisa que nunca parece posada.
El quinto cambio, siendo el más ambicioso, es sin duda el más difícil porque intenta resolver los grandes problemas nacionales que no dependen de la voluntad de una persona.
¿Podrá Obama encontrarle solución permanente al limitado horizonte del servicio nacional de pensiones y al bajo desempeño de las escuelas públicas? ¿Tendrá la fuerza para someter a las industrias de seguros, farmacéuticas y a hospitales y doctores para implantar un sistema de seguro médico económico, accesible y confiable?
Y qué decir del complicado panorama internacional en el que con un limitadísimo margen de maniobra quien sustituya a George W. Bush tiene como encargo resolver el conflicto en Iraq, facilitar el acuerdo entre judíos y palestinos, suavizar la relación y contener la expansión del programa nuclear en Irán y en Corea del Norte entre otros asuntos.
En el largo camino a la nominación, no basta con tener una sonrisa encantadora. En los próximos meses, Obama tendrá que mostrarles a los votantes que está preparado para gobernar y que tiene respuestas específicas a los problemas concretos que enfrentaría. Pero no adelantemos vísperas porque la carrera a la presidencia apenas está comenzando.
“Espere en línea por favor…”
Miguel Huezo Mixco:
Muchos nos sentimos estafados por la atención que recibimos de empresas proveedoras de servicios de teléfono, cable, internet, transporte público y muchos más. Pagamos suficientemente caro para que, además, seamos engañados por esos mal llamados departamentos de “atención al cliente”.
Pese a mi escepticismo inicial, el año pasado tuve éxito en los reclamos que presenté a través de la Defensoría del Consumidor contra dos importantes empresas (un banco y una distribuidora de automóviles, nada menos). Esos triunfos, sin embargo, no consiguen disipar mi frustración ante los reiterados abusos de que somos víctimas a diario. Son tantos, que uno no puede pasarse la vida diligenciando demandas.
Por ejemplo, tengo ya medio año intentando que una reconocida comercializadora de electrodomésticos repare o cambie un televisor que, tras unas pocas semanas de funcionamiento, se echó a perder. El taller de la empresa me lo devolvió, después de meses de espera, presentando el mismo “chime” por el cual fui y reclamé, una y otra, y otra vez, a su departamento de atención al cliente. Mi nuevo reclamo, como ya se imaginan, no ha sido atendido, y la garantía está por caducar.
Cuando el internet se cae, uno debe armarse de mucha paciencia para que un humano se ponga al teléfono. Puedo declamar de memoria el mensaje que me anuncia, hasta el agotamiento nervioso, que soy importante para su empresa: “Espere en línea, pronto será atendido por uno de nuestros operadores”. Y si el servicio de televisión por cable deja de funcionar por días, la factura cobra siempre la tarifa fija, aunque la empresa no haya prestado el servicio al que se ha comprometido.
Otra empresa, en este caso una de telefonía móvil, fue incapaz de resarcir a un conocido por el cobro indebido de llamadas internacionales que nunca realizó pero que le fueron puntualmente cobradas. Con esos dineros, dicha empresa ha colocado en la carretera panamericana, rumbo a occidente, vallas publicitarias decoradas con la bandera del partido de gobierno, donde se proclaman los nombres de los (as) alcaldes.
Y ya que entramos en política, también los usuarios de la alcaldía capitalina nos vemos obligados a recibir un baño del culto a la personalidad del extinto Schafik Hándal, mientras se tramitan documentos en ese recinto, que a ratos parece una reproducción a escala del caótico centro de San Salvador.
Los administradores de un circo que visita la ciudad no solo se burlan del público
entregando como “recibo” de ingreso al polvoriento parqueo, boletos de un evento pasado; además, ordenan que los vehículos se estacionen de tal manera que se vuelve imposible salir de allí mientras no se muevan otros 10 carros. Roguemos porque no ocurra un temblor de aquellos. El transporte público, subsidiado con nuestros bolsillos, es la quintaesencia del abuso contra la clientela. Los buses chatarra, además de ser sucios e incómodos, representan un alto riesgo para el usuario. Pobres salvadoreños.
El reclamo por un buen servicio no es un simple capricho burgués. Como lo advierte Néstor García Canclini, muchas de las preguntas propias de los ciudadanos (a dónde pertenezco, qué derechos tengo, quién representa mis intereses) ahora se responden más en el consumo privado de bienes que en las reglas abstractas de la democracia.
La manera en que se irrespetan los derechos del consumidor habla muy mal no solo de las empresas que lo hacen, sino también del estado de nuestra democracia. Donde hay clientes o consumidores estafados y abusados, hay ciudadanos atropellados y defraudados.
El embrollo de la sucesión presidencial
Joaquín Samayoa:
Abundan las especulaciones, algunas interesantes y otras interesadas, sobre quién será el candidato de ARENA. Pero también hay dudas y desconfianza sobre el proceso de selección.
La dirigencia arenera ha venido trabajando diligentemente durante varios meses en la consolidación de su organización territorial y en la selección de sus candidatos para concejos municipales y curules en la Asamblea Legislativa. Eso es muy importante, pero a poca gente parece interesarle. Vivimos en un régimen presidencialista y, mientras no haya humo blanco en la designación de la fórmula presidencial, seguirán circulando muchos rumores y los seguidores de ARENA no podrán dormir tranquilos.
Hay una cierta lógica en la decisión del COENA de resistirse a ser poseído por el demonio de las ansiedades electorales, pero también la hay en el viejo refrán que sentencia al buey lerdo a beber aguas sucias. En cualquier hipótesis, el problema no es tanto de tiempos cuanto de calidad del proceso. Y esto último también está ocasionando preocupación, sobre todo en la vieja guardia del partido y en los círculos más tradicionales de poder económico, pues ellos saben bien que el proceso de selección de candidatos es menos abierto y democrático de lo que parece ser.
La preocupación es compartida también, y con justa razón, por ciudadanos que nada tienen que ver con ARENA. Los partidos son controlados por determinados grupos de poder, pero constituyen entidades de interés público. Si un partido tiene altas probabilidades de ganar una elección presidencial, como es ahora el caso de ARENA y el FMLN, sus decisiones nos conciernen a todos los ciudadanos, ya que todos tendremos que someternos a la autoridad de quien resulte electo y a todos nos afectará, positiva o negativamente, la gestión de esa persona al frente del poder Ejecutivo.
Eso nos da derecho a opinar sobre las candidaturas de cualquier partido que tenga posibilidades de ganar. En el FMLN ya no tiene caso hacerlo. La suerte está echada; el tiempo dirá si para bien o para mal. En ARENA la decisión está todavía pendiente y parece haber un poco más de receptividad a opiniones que, desde dentro o desde fuera del partido, buscan genuinamente lo mejor para el país.
Abundan las especulaciones, algunas interesantes y otras interesadas, sobre quién será el candidato de ARENA. Pero también hay dudas y desconfianza sobre el proceso de selección. La gente quiere saber quiénes deciden y cómo deciden. La explicación oficial es que deciden “las estructuras” del partido mediante un procedimiento y con base en un perfil, elaborados ambos por el COENA con el insumo de amplias consultas. Eso es verdad, pero no es toda la verdad.
Las estructuras de ARENA están constituidas por sus directivas sectoriales, departamentales y municipales; su bancada legislativa y el mismo COENA. ¿Qué tienen todas ellas en común? Haber sido designadas por el COENA, particularmente por un reducido grupo de dirigentes muy cercanos al presidente Saca. Lo que cabe esperar de tales estructuras es lealtad al presidente. Es un caso de relaciones políticas incestuosas, con todos los males que estas suelen ocasionar. “Compadre hablado”, decimos los salvadoreños, con una suspicacia bastante justificada.
Tal como está diseñado, el proceso de selección podría dejar fuera a los mejores candidatos con los que ARENA y el país debieran contar. La solución no es que el presidente Saca se abstenga de participar formalmente en la selección del candidato, ya que, aunque se aparte, seguirá estando presente. Algunos areneros piden la renovación total del COENA antes de iniciarse el proceso de selección del candidato, pero esa solución tendría inconvenientes de otra índole.
El presidente Saca no puede y no debe aislarse del proceso. Su mejor opción para obtener resultados óptimos y apuntalar la confianza de sus correligionarios y la de una significativa cantidad de votantes independientes es sumarse, como uno más y con mente abierta, al esfuerzo de la gente pensante y experimentada de su partido para identificar a la persona que reúna las mejores cualidades para ganar y para gobernar.
En ARENA hay mucha gente valiosa que no forma parte de las estructuras del partido, pero debiera tener una mejor oportunidad de incidencia en la selección de su candidato. Su criterio puede ser mucho más valioso que el de un montón de manos alzadas en instancias secundarias de dirección partidaria, muchas de las cuales no tienen ni la independencia para resistirse a posibles manipulaciones, ni los elementos de juicio suficientes para tomar una buena decisión.
La renuncia voluntaria de René Figueroa y César Funes a competir por la candidatura es una decisión correcta y encomiable, pero no es suficiente para garantizar la calidad ni los buenos resultados del proceso.
Difícil elección de la candidatura arenera
Ivo Príamo Alvarenga:
Condicionantes de los electores. Cuáles votantes van a decidir la victoria de 2009, es la primera cuestión a plantearse para definir las precandidaturas, y luego la candidatura, areneras. La respuesta es fácil: serán los 400,000 que optaron por Tony Saca en las presidenciales y luego se abstuvieron en la contienda para diputados y alcaldes, lanzándole al presidente este mensaje: estuvimos, o estamos, con usted, pero no con su partido; o con los postulados a diputados y alcaldes.
Es un voto oscilante como badajo, que sonó a un lado de la campana; después se quedó silente; y podría el año próximo, o volver a repicar al mismo costado, bueno para ARENA; permanecer otra vez callado, malo; o, lo peor, tañer al contrario.
Qué desean y prefieren esos votantes “duroblanditos”, sin alienarse su voto duro, es lo que debe descubrir el partido gobernante, con uno o varios estudios de opinión, serios y objetivos. No pueden bastarle las especulaciones, incluso sabias, de sus líderes; ni sondeos superficiales o sesgados.
Condicionantes de la contraparte. El FMLN está en posición ventajosa para un opositor en lucha por el poder: que se achaquen al partido que lo ejerce, los males del país. No es obra suya, pues aunque la población percibe que los problemas tienen múltiples explicaciones, en gran medida se los atribuye al Gobierno y las élites económicas o políticas que lo rodean.
El FMLN y su candidato pueden ceñirse la corona de “gran engañador”. Schafik, en la pasada campaña, se fingió cristiano, sin conocer una pizca de cristianismo, ni haber experimentado en manera alguna la virtud cardinal de la fe. Mauricio Funes, en su trayectoria de entrevistador, simuló ser independiente, crítico y objetivo; siendo en realidad pro izquierda y antigobierno o empresa privada.
Ahora continúa la hipocresía cristiana, hasta blasfemando al decir que su propaganda se tiñe con “sangre de Jesucristo”; y su mensaje político-económico es social democrático, cercano a Lula y no a Chávez, del que se distancia diciendo que su política “no le incumbe”.
Eso para la cúpula dominante son blasfemias. No lo de Jesucristo, sino lo de socialdemócrata. Facundo Guardado y muchos otros, por querer imprimir ese sello al partido, fueron expulsados. La dirigencia está por el “socialismo del siglo XXI” que Chávez impone a punta de dólares en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, uniformados sus gobiernos en querer perpetuarse en el mando, en dividir irreconciliablemente a la población y en las medidas populistas que crean inflación, desocupación y emigración.
Sin embargo, se acomoda al discurso moderado, sabiendo que puede ser una carta triunfante. Al fin y al cabo, si Funes como presidente quisiera escapárseles, siempre puede enfermarse o sufrir un accidente, para que lo sustituya Sánchez Cerén.
La difícil selección. Dos de las principales fichas que ARENA podía apostar fueron eliminadas.
Ana Vilma de Escobar hubiera sido excelente presidenta, pero jugaron contra ella su condición
de mujer, el haberse lanzado audazmente sin bendiciones previas y la supuesta sujeción al grupo Poma, siendo esto último el peor absurdo, porque las cabezas de las empresas nunca le dieron su aval; es más, les molestó que se les mezclara en la chismografía política partidaria. René Figueroa también hubiese sido gran administrador, capaz e infatigable en mesura casi milagrosa, pero despertó potentes objeciones.
Ahora queda un grupo de personas competentes, ninguna de las cuales, a decir la triste verdad, hace bailotear de alegría a las bases del partido o los simpatizantes de la derecha.
Un propósito para el año 2008
Rafael Castellanos:
La campaña presidencial, de diputados y alcaldes, que se da junta pocas veces, amenaza con acaparar la energía del país, por el accionar de los partidos, por la enorme cobertura de los medios y por la natural fascinación que ejerce sobre la población.
Es evidente la importancia de la elección de 2009, pero debemos ser lo suficientemente sensatos para que ese proceso no se trague toda la energía del país, que no lo paralice.
La nación debe tener la confianza de que hemos avanzado lo suficiente en el proceso democrático y de desarrollo. Aunque es natural que haya temores, seguiremos bien, el país ha superado suficientes pruebas difíciles que demuestran el temple, la determinación y la sabiduría de los salvadoreños. La historia termina prevaleciendo.
Debemos asegurarnos de que el gobierno siga funcionando, que los inversionistas continúen sus nuevos proyectos con confianza, que las empresas sigan creciendo con impulso y superando los problemas del giro del negocio, sin dejarse abrumar por la campaña.
Debemos tratar de que una molesta campaña tan adelantada, en un sistema que tiene ya demasiadas elecciones seguidas, en vez de paralizarnos nos motive para pensar más allá de 2009, para ser más intensos, más ingeniosos, más determinados, tener más deseos de superar las situaciones difíciles y aprovechar las oportunidades que se presenten.
Se dice que los gobiernos no funcionan el último año, que la agenda electoral y las ansiedades de los que se van y las de los que quieren ser reelegidos se imponen sobre lo relevante. Esto aplica al Ejecutivo, al Legislativo y a los gobiernos municipales, se dice que ignoran lo importante y trabajan únicamente buscando réditos electorales.
La situación debe ser diferente ahora. La elección presidencial y en gran parte la de diputados será definida por esos aproximadamente 500 mil votos que no son voto duro de ARENA ni del Frente, y ellos quieren ver algo diferente.
Los funcionarios que sean más politiqueros se verán castigados en las urnas; y quienes mejor trabajen resolviendo los problemas que importan a la población se verán favorecidos.
Hay temas de nación que deben ventilarse y tratar de que se adopten, apartándolos del trabajo electoral, son los temas que no nos permiten despegar con el vigor que ambicionamos.
El más importante es avanzar a establecer la institucionalidad y el estado de derecho, probablemente la acción que más impacto tendría sobre nuestro futuro.
El combate a la violencia es tema de nación que debe separarse de la elección. Solamente puede solucionarse con acciones conjuntas del gobierno con municipalidades, comunidades, locales, mejor coordinación entre fiscalía y órgano judicial, un mejor desempeño de los jueces. Eso solo se logra con acuerdos nacionales.
No le sirve a la ciudadanía que el gobierno se eche solo el saco a cuestas y aunque haya indudable mejoría, no es suficiente. Además al hacerlo, quienes no quieren al gobierno no lo creen y desprestigian al país.
No le sirve a la ciudadanía que la oposición critique la violencia delincuencial culpando al ejecutivo para ganancia electoral. Si no se suman al esfuerzo por corregirla, pierden simpatía electoral entre los 500 mil.
Todos sabemos que la educación es la fuente de la riqueza y el progreso de los países. Tenemos un buen Plan de Nación, el 2021, diseñado con amplísima representación de la sociedad. Hasta ahora, el MINED hace la mejor parte, con alguna ayuda de actores externos. Pero a un año y medio del cambio de gobierno, no hemos sido exitosos en que la sociedad conozca el plan y lo adopte. Se han dado acercamientos y oportunidades para que el Frente lo adopte, pero al final no han prosperado.
Se corre el peligro de que el 2021 muera con este gobierno, como otros planes, y eso sería un crimen de lesa patria. Con pocos recursos y las muchas limitaciones del país, el turismo ha comenzado a ser una actividad económica de alguna significación y buen futuro, excelente esfuerzo del ministro Rochi y los muchos privados que trabajan en esa industria.
Bajar la violencia, educar a todos para ser amables con el turista y una campaña nacional contra la basura en las calles servirían en este empeño. De nuevo, debe ser un tema nacional, no de partidos, sino de todos.
Unas palabras de cierre: Al final del año preguntaron a muchos sobre el personaje del año. La mayoría mencionó a políticos. Cristina López y su Oro panamericano, Jorge Jiménez y su Oro mundial, merecen serlo.
Pongámosle optimismo, intensidad y visión a 2008. Evitemos la mediocridad, el pesimismo y que nos trague la campaña.
La farsa de Tirofijo y el ridículo de Chávez
Geovani Galeas:
El coronel Hugo Chávez creyó haber encontrado una fórmula ideal para paliar las consecuencias de la cadena de tropiezos que le abollaron gravemente el prestigio en los últimos meses del año pasado: su descalificación, por parte del presidente colombiano, Álvaro Uribe, como mediador en la entrega de un grupo de secuestrados de las FARC, su bochornosa actuación en la Cumbre de mandatarios hispanoamericanos realizada en Chile, y finalmente la derrota en las urnas de sus aspiraciones de perpetuarse indefinidamente en el poder.
En tan desastrosas circunstancias, el jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Manuel Marulanda, Tirofijo, anunció el pasado 18 de diciembre que, como un gesto humanitario y al mismo tiempo un acto de desagravio al coronel Chávez, le entregaría a este, incondicionalmente, a tres personas secuestradas por sus fuerzas. Se trataba de la ex congresista Consuelo González de Perdomo, la ex candidata a la vicepresidencia Clara Rojas y su hijo de tres años y medio de edad, Emmanuel, que había nacido en cautiverio.
Los secuestrados serían entregados, en algún punto de las selvas del sureste colombiano, a la Cruz Roja Internacional en presencia de delegados de siete países. Toda la operación sería coordinada personalmente por Chávez desde Venezuela. Desde ahí partiría la delegación internacional en tres aeronaves hasta una ciudad colombiana, Villavicencio, y en algún momento recibirían las coordenadas del lugar del rescate.
Para comenzar la operación, Chávez se enfundó un traje militar de fatiga, convocó a la prensa mundial e incluso al célebre cineasta norteamericano Oliver Stone con todo y su equipo, y ante las cámaras anunció que no se trataba solo del rescate de tres secuestrados, sino también del primer paso del proceso de la liberación de Ingrid Betancourt y de todos los cautivos de las FARC, que se cuentan por centenas y algunos de los cuales tienen ya diez años en cautiverio.
Pero además, según el coronel, ese también podía ser el principio de la pacificación de Colombia, de la cual por supuesto él mismo sería el principal gestor, garante y protagonista. Así, de la mano de Tirofijo, emergía como un héroe internacional de entre las cenizas de sus propias derrotas. Todo estaba listo y dio la orden de salida de las aeronaves. El mundo entero estaba pendiente.
Sin embargo, pasaron tres días y las famosas coordenadas no llegaron.
El 31 de diciembre Tirofijo anunció que la operación se suspendía indefinidamente “porque el ejército colombiano no ha cumplido el compromiso de retirarse de la zona, y en esas condiciones es imposible entregar a los secuestrados con la seguridad debida”. Era una mentira. Ese mismo día, el presidente colombiano reveló el verdadero motivo: el pequeño Emmanuel no estaba en manos de las FARC, en la selva, sino en Bogotá, en una institución de Bienestar Infantil.
Pocos días antes, la inteligencia colombiana había descubierto que el niño, enfermo y desnutrido, había sido ingresado en un hospital bajo un nombre falso. El compás de espera de las coordenadas había obedecido a los esfuerzos de las FARC por recuperarlo, pero las autoridades colombianas se adelantaron y lo pusieron a resguardo. Tirofijo le había mentido al mundo, pero también a su compinche Chávez, que quedó en ridículo.
Nada raro. Seis meses antes, en junio, las FARC habían masacrado a mansalva a 11 diputados que mantenían secuestrados desde hacía seis años. ¿Qué pasará ahora con Consuelo, Clara, Ingrid y los otros cientos de secuestrados? Quizá Daniel Ortega, que hace unos días llamó “digno hermano revolucionario” a Tirofijo, se aventure a mediar para liberarlos. A Chávez no creo que le queden ganas de volver a intentarlo.
Aporte periodístico
Roberto Turcios:
Tremenda tarea tiene el periodismo en la campaña electoral en marcha. Contamos con señales de una contienda polarizada y, por lo mismo, de la necesidad de actuaciones imparciales e independientes, dos características inherentes al buen desempeño periodístico.
Si algo requerimos durante la campaña es un genuino ejercicio democrático. Sin embargo, como están planteadas las cosas, es muy probable que vivamos una contienda desmesurada, con golpes bajos, simulaciones y ofensas.
Por el ambiente que se viene ya andan circulando iniciativas ciudadanas apreciables, como una que propone el bloqueo de los correos electrónicos con mensajes denigrantes a los candidatos y los partidos. Algo más podrían aportar los periodistas y los medios de comunicación; ellos harían una diferencia enorme con el pasado, si se comprometieran con la crítica a las formas desmesuradas e indecentes de la competencia política.
Por lo que se lee hoy en los periódicos con mayor circulación existe un desequilibrio informativo. Por un lado tienden a aparecer posturas afirmativas; por el otro, dudas y contradicciones. No creo exagerar. Vea una selección arbitraria de titulares recientes: “Funes baja la guardia en su postura sobre el TLC y la dolarización”; “Saca dice que elección 2009 será reñida”; “Precandidatos de ARENA inician lid”; “Efemelenistas discrepan con Funes por el TLC”; “FMLN quiere armonizar fracción con Funes”; “COENA decide no adelantar procesos”; “El país no tiene tiempo para aprendices”; “ARENA ya definió 85 candidatos”; “FMLN ablanda postura sobre base monitoreo”.
El tratamiento diferente entre los hechos de un partido y otro parece obvio. De acuerdo con esos titulares, mientras un partido genera informaciones rotundas, el otro produce confusiones y contradicciones. En este caso parecen oportunos los estudios que podrían hacer las universidades sobre la imparcialidad de la cobertura periodística.
Ya se sabe que las corrientes de opinión entre la ciudadanía son variables. También que ellas responden a las principales fuentes generadoras de percepciones sobre la vida pública. Y si estas últimas son desequilibradas, pues, en tal caso, tienden a formarse opiniones unilaterales e, incluso, intolerantes. De ahí la tremenda importancia de la tarea periodística en la cobertura de la campaña electoral en marcha. En cierta forma, el clima de la campaña electoral y el del día siguiente a los resultados dependerán del trabajo periodístico.
Imagine qué ocurriría si en las entrevistas frecuentes de los medios de comunicación los periodistas exigieran explicaciones cuando cualquier candidato se lanzara por la pendiente de los calificativos denigrantes contra sus adversarios; o si los editores de los periódicos se negaran a reproducir los ataques bajos lanzados por los partidos y sus voceros. Con esas actuaciones, talvez la bajeza y la desmesura serían menores.
El periodismo puede hacer aportes significativos en esta larga campaña en marcha, si se sale de los lugares comunes, los prejuicios y las interpretaciones simplistas, en especial, si cuestiona los enfoques dictados por los partidos y las personas con mayor poder, y opta, en cambio, por prestar el mejor servicio posible a la ciudadanía. Ante el desafío de la equidad, la decencia y la actuación democrática en una campaña polarizada, el periodismo cuenta con fórmulas probadas para sobreponerse a los conflictos agravados por la intransigencia; tiene, por ejemplo, el ejercicio crítico sin concesiones, aquel que se preocupa por servir a la ciudadanía, no a quienes detentan más poder en la sociedad.
Radiografía de un drama inconcluso
Juan Héctor Vidal:
Aunque al momento de escribir estas líneas, lo único claro en los intentos de liberar a tres —o a dos— rehenes de la guerrilla colombiana es la confusión, la incertidumbre y el desaliento, sin duda muchos hombres y mujeres de buena voluntad todavía abrigamos la esperanza de un desenlace feliz. Idealmente, este debería ser solo el preludio de una nueva fase que ponga fin al desencuentro que ha vivido Colombia por tanto tiempo.
Pero la dramática y prolongada prueba a que han estado sometidas las propias víctimas y sus familiares han servido para confirmar dos cosas: por un lado, las dimensiones multifacéticas y complejas del conflicto que vive ese gran país; por otra, la solidaridad internacional alrededor de una causa que toca las fibras sensibles de una sociedad ávida de paz.
Infortunadamente, en el caso que nos ocupa, los personalismos y la forma en que se administraron los imprevistos rebasaron la prudencia y la cordura de aquellos a quienes todo el mundo consideraba como los verdaderos artífices de la faena. Aún más, los señalamientos sobre quién es el verdadero responsable del impasse generado —que provocó incluso el retiro de la escena de los invitados a presenciar la entrega de los rehenes— no han hecho otra cosa que generar sospechas acerca de las verdaderas intenciones del presidente Chávez y las FARC.
Obviamente, no estamos en condiciones de juzgar si la actuación del gobierno colombiano fue correcta o no, cuando todo indicaba que las cosas estaban bajo control. De hecho, no ayuda a despejar las interrogantes la misma estrategia mediática que desde el principio montó el gobernante venezolano alrededor del caso. Sin embargo, el buen juicio sugiere, al menos, que el presidente Uribe no tenía ninguna razón visible para entorpecer el curso de los acontecimientos.
El mero hecho de haber aceptado la mediación de un personaje muy dado a avasallar a quien se le pone enfrente —que ya estaba precedida de un intento de generarle la mala voluntad de sus propios conciudadanos— ya señala la apertura y sensatez del mandatario colombiano. Esto, al margen de los antecedentes nada auspiciosos para la dignidad de su país, gestados en las también conocidas actitudes mesiánicas que caracterizan al coronel Chávez.
Más allá de las connotaciones humanitarias que sin duda tiene el caso, nos parece que el proceso comenzó a tornarse cuesta arriba, cuando don Hugo, en su visita a Francia, anticipó públicamente detalles de lo que se suponía se haría con altura de miras, al tiempo que hacía alarde del compromiso que había obtenido del presidente Sarkozy de ejercer una fuerte presión sobre el gobierno colombiano, aprovechando la ascendencia francesa de una de las rehenes más conocidas, la señora Betancourt. La situación se complicó más, cuando el comandante Chávez se atrevió a tratar el tema con las altas autoridades castrenses de Colombia, a espaldas de su presidente.
El caso del pequeño Enmanuel —de comprobarse que desde hace dos años está bajo la protección de una institución colombiana— tampoco dejaría bien paradas a las FARC y, en cambio pondría en ridículo al coronel Chávez. Puede suceder que el presidente Uribe tampoco salga bien librado. Aun considerando la nobleza y del sentido humanitario que parecen haber moldeado sus decisiones, el costo político no está descartado. Los excesos que le ha permitido a Chávez, incluyendo los insultos en su contra, pueden ser interpretados más tarde como agravios imperdonables por parte de la sociedad colombiana.
Con todo, una vez finalizado este drama, uno de sus principales actores debería idealmente mantenerse en cartelera, desempeñando un papel similar. Chávez debería de ocuparse de convencer a su mentor para que libere a los numerosos presos políticos que languidecen en las ergástulas cubanas.
Inflación y escasez en la Venezuela socialista
Claudio M. de Rosa:
... Ni los socialistas venezolanos ni los salvadoreños aún aprenden la lección, donde la experiencia muestra que por muchos controles que se tengan, sin libertad no se alcanzan los resultados de bajos precios y abundancia.
La Venezuela socialista, con controles de precios y de importaciones de “alimentos estratégicos” (leche en polvo, azúcar, trigo, oleaginosas, leguminosas, cereales...) por parte del Ministerio del Poder Popular para la Alimentación (MINPAL), registró una inflación de 22.5% en 2007, que sumada a las alzas de 2005 y 2006 han generado una inflación de 50.24% en tres años. Y eso que como productores de petróleo tienen el galón de gasolina a 17 centavos de dólar. La inflación venezolana contrasta con la de El Salvador, que llegó alrededor de 4.9% en 2007, y una acumulación de 14.71% en tres años, casi 3½ veces menos que en Venezuela, con precios libres, sin permisos de importación y un alto precio del combustible por ser importador.
Entre las causas de la alta inflación venezolana destacan “la baja asignación de dólares para el sector alimentos y la aplicación del Impuesto a las Transacciones Financieras, que inciden de forma determinante en los niveles de escasez de los productos de primera necesidad y en los costos que deben asumir productores y comerciantes. Además, enfrentan una severa escasez de dólares, y para adquirirlos se debe solicitar un permiso especial y esperar varias semanas para que se los asignen, si se tiene suerte”.
Viven alta inflación y aguda escasez de “alimentos estratégicos”, que desaparecieron durante las fiestas de fin de año. Como paradoja, el MINPAL “es responsable de administrar la alimentación y dar acceso a la población de todos los alimentos de la canasta alimentaria, de la cual subsidia 14 rubros que distribuye a través de la red de mercados de alimentos, Mercal”. Su misión es “diseñar, elaborar, formular, controlar y evaluar las políticas alimentarias en el ciclo de producción, transformación, distribución, comercialización y consumo... (para) garantizar la seguridad alimentaria del país”, así como “combatir la especulación y garantizar oportunamente los alimentos, por medio de la comercialización y venta directa de rubros básicos a precios solidarios y de excelente calidad”. ¿No es esto comunismo? Indudablemente, ni los socialistas venezolanos ni los salvadoreños aún aprenden la lección, donde la experiencia muestra que por muchos controles que se tengan, sin libertad no se alcanzan los resultados de bajos precios y abundancia.
Los males del socialismo en Venezuela también se dan en Cuba. Leer los ensayos de Yoani Sánchez, joven licenciada en Filología, es ilustrador. Ella dice: “Una sensación de cuerda tensada, de asfixia colectiva, siento por estos días en las calles. Raro diciembre este, en el que no oigo a nadie lanzar pronósticos para el nuevo año. Ni siquiera el tímido vaticinio de que 2008 quizás nos traiga ‘cosas mejores’.
Las expectativas nos las gastamos en la Noche Vieja anterior, cuando conjeturamos que con 2007 vendrían las ansiadas aperturas económicas y los necesarios cambios políticos. A finales de julio estaba claro que las cosas irían mucho más lentas de lo que creíamos. (Hoy) anuncios de agua potable todo el día, de caminos reparados y de nuevos ómnibus circulando en la ciudad, son el repertorio de lo que se nos promete. Todas estas metas me recuerdan las ansiadas conquistas de cuarenta o cincuenta años atrás, pero qué limitadas, tardías y falsas me parecen ahora. Hoy voy a celebrar la noche buena con mi familia y mis amigos. Armaremos una improvisada mesa con las viejas puertas del ascensor y sobre ella una sábana hará las veces de mantel. Cada uno traerá algo para festejar. No tendremos las uvas, la sidra o el turrón, pero estaremos juntos y en armonía —lo cual es ya un lujazo”.
Más adelante dice: “A la cabeza de la mesa mantendremos una silla que permanece sin su ocupante desde la Navidad de 2003. Es el lugar de Adolfo Fernández Saínz —condenado en la Primavera Negra a quince años de prisión—. Será triste comprobar, por quinta vez, su ausencia”. En cuanto los “nuevos métodos educativos” de la enseñanza media cubana, donde se usa un televisor en muchas aulas que “hace las veces de profesor alrededor del 60% del horario docente... los jóvenes se aburren, no pueden decir ‘Profe, repita que no entendí’ y copian sin parar lo que les dictan desde la pantalla. Con esa nueva técnica pedagógica se intenta paliar la crisis de maestros, motivada por los bajos salarios y el poco reconocimiento social e institucional”.
Será por todo esto las tribulaciones del FMLN sobre ¿mantenerse como “revolucionarios, socialistas” ortodoxos o romper con esa línea y declararla fracasada, como lo hizo Felipe González en España, para modernizarla y sacarla adelante con un modelo de corte neoliberal?
Un futuro sin pasado
Tomás Eloy Martínez
La frase que constituye este titular ha sido atribuida a tantos personajes remotos que no se sabe ya si es una leyenda. Fue puesta en boca de Ifícrates, un general ateniense del siglo IV antes de Cristo; de Cicerón, de Voltaire y de por lo menos dos mariscales de Napoleón, Ney y Bernadotte. A una pregunta sobre su linaje, el interpelado responde: “La historia de mi familia empieza conmigo. La suya termina con usted”.
Cristina Fernández de Kirchner no la repitió en su primer discurso como presidenta el 10 de diciembre, pero el eco de esa frase resonó en el dibujo que hizo del país que gobierna desde entonces. En sus palabras, el pasado de la Argentina se pierde en una prehistoria que culmina con la crisis de diciembre de 2001. Después empezaría la historia: la construcción de las estructuras que ha dejado su antecesor y marido, Néstor Kirchner.
Como él, Cristina depositó el bastón de mando en manos de Florencia, la hija menor, antes de tomar juramento a los ministros de su gabinete. No es ese el único gesto que los asemeja. En su exposición de casi una hora los observadores imparciales han vislumbrado los signos de continuidad anticipados hasta la extenuación en la campaña electoral.
La presidenta a la que votó el 45.29 por ciento de los argentinos destacó que asumía en condiciones diferentes a las de hace cuatro años, cuando su marido fue el primer mandatario elegido —por una mayoría ínfima e inestable— luego de la renuncia de Fernando de la Rúa y sus cuatro sucesores interinos.
“El presidente que está sentado a mi lado cambió en estos cuatro años y medio ese escenario”, dijo. La sociedad —recuérdese— yacía entonces en un abismo sin fondo, desengañada de los políticos, a los que exigía una retirada sin regreso; la economía estaba sumida en el desconcierto, erosionada por el “default”.
Al definir las líneas básicas de su gobierno Cristina Kirchner manifestó preocupación por “la calidad institucional”, un tema que inauguró el marido al renovar la desprestigiada Corte Suprema en la segunda semana de su mandato y que dejó pendiente en puntos claves como la prometida reforma política, a la que aludió la presidenta solo indirectamente en su discurso inaugural.
“Ese es el país que tenemos que reconstruir los argentinos, reconociéndonos, en nuevos instrumentos y en nuevas políticas”, declaró.
El Frente por la Victoria que la llevó a la primera magistratura es, sin embargo, un ejemplo de las dificultades nacionales para crear nuevas políticas. Ese desprendimiento del peronismo —un movimiento en el cual, desde sus orígenes como Partido Laborista, pesaron más los nombres que la estructura partidaria democrática— suma préstamos sin otra explicación que los réditos electorales, como el del vicepresidente Julio Cobos, quien proviene de la debilitada Unión Cívica Radical. La ausencia en la ceremonia de asunción de los anteriores jefes de Estado —Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde— indica que las aguas del Frente para la Victoria no se mezclan con afluentes extraños, a menos que esos afluentes aumenten su caudal.
Son nombres y no ideas los que han prevalecido en las últimas décadas de una democracia que ya nadie discute. Las veinte verdades del peronismo, que postulaban un tosco programa de gobierno, lo que sobrevive ahora del viejo tronco plantado por Perón, es solo un tejido que asume diferentes formas según las alianzas de los caudillos: Carlos Menem en el noroeste y en Cuyo, Duhalde en la poderosa provincia de Buenos Aires, Kirchner en la Patagonia.
Nombres y no estructuras partidarias con base y dirigentes organizan las cuatro escasas estaciones del pasado en las que se detuvo la presidenta. Tres nombres del siglo XIX: Mariano Moreno, José de San Martín y Manuel Belgrano, figuras de la revolución y de las guerras por la independencia de España. Y uno del siglo XX, la figura mitológica del peronismo.
Gobernar el país “me va a costar más porque soy mujer”, dijo Cristina Kirchner. Su guía será “el ejemplo de Eva Perón, que quizá hubiera merecido esto más que yo”.
La Argentina es una democracia sin partidos. Tras décadas de proscripciones, dictaduras y fracasos económicos, que naturalizaron la debilidad política y la desconfianza en la justicia, los argentinos parecen haberse conformado con una cuota mínima de institucionalidad.
La nueva mandataria tiene claro que necesita resultados concretos en el Mercosur y el aporte de capitales extranjeros más allá de la ayuda siempre costosa del presidente venezolano Hugo Chávez. “Un mundo unilateral es un mundo inseguro e injusto”, dijo.
Con una inflación que según los economistas supera el doble del 9 por ciento oficial, y que golpea sobre todo a los sectores de ingresos menores, era necesario que en su primer mensaje la presidenta mencionase el desafío de mantener el crecimiento. “Mientras haya un pobre en la patria no habrá victoria definitiva”, dijo, y en la idea de movilidad social unió la economía con la educación.
Acaso hablaba de ella, de su infancia en un hogar de clase media en los suburbios de La Plata, en la provincia de Buenos Aires, donde comenzó su militancia juvenil: “Mi esposo y yo somos hijos de la escuela y de la universidad públicas. Pero aquella educación que nosotros recibimos no es la de hoy”.
Las escuelas están devastadas, en ruinas, y la Argentina ha dejado de exportar cultura, como hace medio siglo. Exporta técnicos e intelectuales brillantes, pero no ideas ni los instrumentos que hacen posibles esas ideas.
En el pasado están los errores intolerables que no se pueden volver a cometer, las tragedias que han dejado marcas indelebles, los caminos que condujeron a callejones sin salida. No hay futuro sin pasado. El vacío ocupó el horizonte solo una vez, en 1516, cuando la Argentina era inhóspita y ni siquiera tenía nombre. Ahora no.
El pasado es tan fértil en lecciones que cualquier futuro es mejor, a condición de que no se olvide ni se niegue que la realidad empezó hace mucho más de cuatro años y medio.
2008: Año de Alto Voltaje
Rafael Ernesto Góchez
La atención mundial se concentrará en EUA, Pakistán, China y Medio Oriente. El Salvador tendrá los ojos puestos en EUA: ¿desaceleración o recesión económica?, depreciación del dólar, elecciones presidenciales y crisis inmobiliaria (el sector construcción demandaría menos trabajo de los inmigrantes y el flujo de remesas podría disminuir). Para 2008, la CEPAL pronostica un crecimiento de Latinoamérica del 4.9%. En Centroamérica, Panamá es el país que tiene la mejor perspectiva económica. En materia ambiental, los efectos del calentamiento global, el deterioro ecológico y los recurrentes desastres naturales hacen que Centroamérica tenga el riesgo de perder entre el 3% y 5% de su PIB.
El panorama económico latinoamericano es mejor que el mundial. Centroamérica es diferente porque es importador neto de petróleo y sus economías se verán afectadas por dicha factura. El Salvador será aún más perjudicado porque la generación de su energía depende mayoritariamente del petróleo (la producción hidroeléctrica es menos del 40%).
El Salvador 2008 estará marcado por la contienda electoral. Las dos fuerzas antagónicas pondrán a prueba sus “maquinarias electorales” para las votaciones de alcaldes, diputados y presidente de 2009. Será una lucha política-ideológica nunca antes vista. Solo un milagro o una emergencia nacional sería capaz de desviar “el huracán electoral que viene”.
¿Qué significa este escenario? Varias cosas. Una, la población será atormentada con el tema electoral todo el año. Dos, mancharán de colores partidarios las aceras, puentes y postes de todo el país. Tres, la propaganda hará que millones de salvadoreños piensen que su bienestar se definirá en 2009 (cuando en realidad ningún partido político —por sí solo— es capaz de solucionar los problemas nacionales).
Es poco probable que 2008 sea un año de sensatez, tolerancia y entendimiento. Todo lo contrario. Se prevé un período de injurias, especulaciones y golpes bajos. De ser así, se habrán creado las condiciones para la aparición de la agresividad política. ¿Quién pierde? El Salvador. Ya que un clima de violencia sociopolítica pondría en peligro el sistema democrático y la estabilidad económica. Razón por la que la Fuerza Armada salvadoreña tendría su primera “prueba ácida” después de los Acuerdos de Paz.
La polarización política hará que la gente se aleje de la gestión pública. ¿Por qué? Debido a que prevalecerá la lógica política-partidaria y predominará el raciocinio electoral. Todo lo demás será secundario. Seguirá aplazándose la acción conjunta de los sectores público, social y privado para mejorar la educación, saneamiento básico, gestión de cuencas hidrográficas, generación de empleos locales y seguridad humana.
La población será fastidiada con mensajes electorales durante 2008, pero la mayoría se mantendrá distante de las estratagemas partidarias. El pueblo es sabio. Lo delicado es que las bases de los partidos mayoritarios difícilmente aceptarán la victoria del adversario en 2009. El perdedor interpretará el resultado electoral como falso y negativo para el país.
Por ello, 2008 se perfila como un año potencialmente conflictivo. En 2008 se divulgarán absurdos y exageraciones, alimentándose con ello el fanatismo de ambas fuerzas antagónicas y la desconfianza en los futuros gobernantes. Lo cual será crítico para la gobernabilidad democrática.
Actualmente, la sociedad salvadoreña no tiene la capacidad de cambiar la política partidaria. Hay poca cultura cívica y gran dispersión de esfuerzos. La esperanza es que los candidatos presidenciales tengan la visión y el liderazgo requeridos para construir un proyecto de país. De esta suerte, el futuro inmediato de El Salvador se sabrá en 2008. ¿Usted qué opina?
Gualococti 07
Sandra de Barraza
Hace exactamente un año, el presidente de la República sancionó la ley del FOMILENIO. El acto fue público, hubo participación de funcionarios del gobierno central y participación y presencia de ciudadanos y autoridades de la zona norte. Hubo presencia de diputados que días antes, por unanimidad, habían aprobado la ley del FOMILENIO. Fue simbólico el lugar seleccionado, Gualococti, por lo ejemplar de los municipios de la zona norte.
Gualococti tiene, como muchos otros de la zona, un acceso difícil. La carretera no está pavimentada y demanda bastante tiempo la trayectoria. El acto se organizó en el espacio público más amplio de la comunidad, la cancha de fútbol. Y, como otros 52 más, es de los municipios que registra indicadores de desarrollo humano más desventajosos. Esta en Red Solidaria y las autoridades, aun cuando no son del partido oficial, reconocen la importancia y también las limitaciones de esta iniciativa gubernamental.
Han pasado 12 meses desde ese primer acto de lanzamiento oficial del FOMILENIO, institución responsable de asegurar el cumplimiento de objetivos y metas incluidos en el convenio suscrito con la MCC que fue ratificado por la Asamblea Legislativa el 19 de diciembre del mismo año. Por esto, el año 2007 tuvo un inicio de mucha esperanza, especialmente para la gente de la zona norte. Esperanza porque indiscutiblemente el convenio y el recurso financiero que incluye (US$462 millones) son la única fuente de financiamiento público para estimular el desarrollo de la zona norte de nuestro país. No hay nada más seguro aunque no debe olvidarse que el gobierno tiene la responsabilidad de aportar durante la ejecución del programa US$327 millones adicionales.
El FOMILENIO tiene 60 meses para hacer realidad los 3 programas y componentes. Ya entró a su cuarto mes y este año se enfrentará al ambiente electoral. Por esto será reconocido el cuidado que tenga para no quedar atrapado en el discurso y el interés partidario. Convenio que administra el FOMILENIO está comprometido con el interés y el beneficio de la población de la zona norte. Por esto, su presencia en el territorio para impulsar un programa de y para la zona norte es clave. El programa debe tener identidad y la gente debe identificarse con él. Y esto se logra estando en el lugar de los hechos.
Participación, transparencia y rendición de cuentas son atributos que debe satisfacer el FOMILENIO y para que esto sea realidad el compromiso y la identificación deben ser con la población que tienen identidad y localización en cada uno de los 94 municipios que están incluidos como beneficiarios del programa. La participación y la rendición de cuentas deben darse con la población con la que se tiene el compromiso institucional. Y esto no puede lograrse desde San Salvador.
Desde acá, no es posible inspirar el sentido de propiedad y territorialidad. Por esto, con mucha expectativa se espera que se hagan sentir en el territorio las particularidades de esta institución cuya ley fue sancionada por el presidente de la República hace un año en el municipio de Gualococti, un municipio simbólico de la zona norte del país.
La sanción de la ley del FOMILENIO se hizo con presencia de gente del municipio de Gualococti, gente sencilla pero con mucha esperanza, gente que reside entre cerros con accesos muy difíciles, gente que se ha hecho presente a escala nacional por sus niveles de pobreza. La población con la que FOMILENIO está comprometida es esa población poco accesible o inaccesible por la misma situación de olvido y abandono en la que ha vivido, pero esta es la población que debe tenerse como el eje principal.
Del FOMILENIO se espera inspiración en el sentido común de la gente de la zona norte y a un año de su creación vale comentar que se espera una institución que, por su estilo y resultados, haga diferencia con todo lo que anteriormente se ha conocido en la zona norte. Para esto, nada mejor que asegurarse que se responde a las características y particularidades de la gente que debe incorporarse, dar opinión y dar cuentas sobre el trabajo y el beneficio logrado.
Los municipios y las comunidades deben dar contraparte en el componente de desarrollo humano y se espera que los productores y empresarios en su conjunto aporten una buena cantidad de dinero en el componente de desarrollo productivo. Y esto será posible si el producto es acorde a las características y expectativas de la gente que vive en la zona norte.
Lenguaje diplomático
Henry Campos
La denominada auditoría practicada por una comisión técnica de la OEA al padrón electoral, entre el 17 de septiembre y el 20 de diciembre del año recién pasado, concluyó diciendo que el Registro Electoral es en términos “instrumento confiable”.
El Tribunal Supremo Electoral fue más allá y en su propaganda pagada sostiene que se confirma la transparencia del registro y se garantizan los procesos electorales de 2009.
Hay mucha diferencia entre lo transparente y lo confiable. Lo que afirma la comisión de la OEA es que el registro es digno de confianza o que nos podemos fiar del mismo; pero no ha demostrado que el Registro Electoral contiene datos ciertos o que corresponden a la realidad. Mucho menos que se trata de datos de conocimiento público, sometido a buenos controles, con normativa apropiada y con responsabilidades y sanciones bien diseñadas para protegerlo.
En todo caso la presunta auditoría y su procedimiento no ha sido publicada integral ni parcialmente, de tal forma que pueda evaluarse. Lo que se sabe ha sido gracias a una versión que nos han dado las autoridades y los partidos políticos, por medio de propaganda y a través de informaciones publicadas en los medios de comunicación.
Los técnicos publicaron anuncios llamando a los ciudadanos a proporcionarles información sobre irregularidades, no dieron participación a organizaciones ciudadanas, no accedieron al registro electoral sino que las instituciones les proporcionaron algunos datos, tomaron muestras de algunos ciudadanos y las compararon con los datos proporcionados por unas alcaldías y no contrastaron su veracidad.
Fue un trabajo de escritorio donde hubo más espera que búsqueda. Lo que se sabe del procedimiento revela que no se trató de una verdadera auditoría, sino de un examen parcial y que sus afirmaciones son correctas dentro del lenguaje diplomático, pero insostenibles dentro del lenguaje con sentido común.
Tal comportamiento es muy común en nuestro país y a veces nos conformamos con afirmaciones no sustentadas. Incluso algunos periodistas se conforman con las simples afirmaciones de un entrevistado, cuando se refiere a hechos.
Este es el caso de los datos de los homicidios. Si antes a los ciudadanos nos deberían ofrecer acceso a expedientes y otras informaciones para corroborar las estadísticas de la Policía, la Fiscalía y el Instituto de Medicina Legal, ahora que entre las tres instituciones negocian los datos para obtener una cifra única, con mayor razón las mismas deberían proporcionar el respaldo de sus datos, ofreciendo acceso a expedientes, libros de registro, consultas con empleados y funcionarios, etcétera.
Sobre los datos de homicidios ha habido esfuerzos periodísticos y de investigadores independientes por obtener los mismos. Por ejemplo cuando se conoció el informe del PNUD sobre la eficacia de la investigación policial y trabajo fiscal, que confirma que existen problemas de gestión que entorpecen la buena administración de justicia, el director de Medicina Legal llegó a sostener que algunos datos procedentes de sus archivos no eran ciertos.
Como consecuencia de ello los investigadores Díaz-Blanco solicitaron información sobre los homicidios registrados por esa oficina y así contrastarlos. Medicina Legal nunca proporcionó esa información. Eso hace sospechar que la falta de transparencia de estas oficinas se debe a que ocultan la verdad sobre los datos.
Sobre los datos de homicidio ninguna fuente independiente ha contrastado los mismos con las diferentes informaciones de la Policía, Fiscalía, fichas hospitalarias y documentos de las alcaldías municipales.
El periodista, los ciudadanos y las instituciones creíbles deben proceder con cortesía, pero no están obligados a conformarse con simples palabras o a aceptar versiones de los servidores públicos, para no infringir la práctica diplomática.
Rechacemos la política sucia
Rafael E. Lorenzana
Una persona, a la que todos los salvadoreños respetamos, decía en una entrevista radiofónica en la que ambos participamos: “Estamos evolucionado en la democracia, hemos y estamos progresando; el que se inicie la campaña con tanta anticipación es parte de esa evolución”. Y agregó: “Yo no veo por qué preocuparnos”.
En ese momento recordé los eventos electorales y forcejeos políticos del reciente pasado y sí, tuve que estar de acuerdo. “Vamos caminado”, pensé.
El optimismo lo voy a mantener, porque sí se ha evolucionado; prueba de ello es que los del Frente cambiaron su discurso, lo adaptaron a la realidad del país y buscaron un candidato moderado y elegible. La mayoría de los areneros con que converso y las manifestaciones públicas de destacados miembros de ese partido expresan que ellos están buscando y desean al mejor candidato de su historia. Un prominente arenero lo describió muy bien en una entrevista reciente: “Lo que puedo decir es que estoy convencido de que debe ser alguien que tenga kilómetros recorridos, porque el país no tiene tiempo para aprendices”.
ARENA también ha cambiado su discurso y las que fueran ofertas exclusivas del Frente, hoy ya tienen otro acompañante.
Los partidos satélites están siendo atraídos a su centro y solo el PDC ha salido respondón. Esto ha traído como consecuencia la pérdida de un valioso candidato, como lo era el ingeniero Arturo Zablah y la posibilidad, de talvez, incorporar a otro candidato muy popular sobre todo en el oriente del país.
Mientras este juego político demuestra la evolución alcanzada, para satisfacción de un pueblo que se quiere ver maduro y respetado por la comunidad internacional, por su desarrollo democrático, no dejan de aparecer los políticos de mentalidad obsoleta, que empañan ese progreso del que nos sentimos orgullosos y compartimos, sin color político, todos los salvadoreños, sin distinción de credo o sexo. Me refiero a aquellos que ya empezaron a patrocinar las campañas sucias, detestables y sobre todo carentes de contenido cívico, moral y positivo. Se denota la falta de respeto para ellos mismos, sus correligionarios y el resto de los ciudadanos a quienes se supone quieren conquistar.
Estas prácticas no son de un partido exclusivo. Hasta hoy, he visto un sinfín de correos criticando de manera sucia y vulgar a los personeros de los dos partidos mayoritarios. Estas malsanas campañas me motivaron a escribir este artículo, para solicitar a los ciudadanos decentes que reflexionemos y le volteemos la espalda a tan torpe manera de hacer política. Muchos de mis amigos ya estamos eliminando esos correos y no los hacemos circular; sabemos que es poco, pero es una manera de repudiar y de exigir respeto a nuestra inteligencia y dignidad.
Demandemos programas de gobierno que planteen una ruta a seguir, con claras metas y cristalinos propósitos.
Que contenga medidas económicas sostenibles, desarrollo de la educación, que con la salud y seguridad ciudadana se conviertan en los principales ejes de las propuestas. Que ofrezcan cambios que tiendan a liberarnos de una Asamblea Legislativa venal e incapaz, a través de las reformas electorales que el pueblo reclama.
Los medios de información, como organizaciones de servicio público, deberían asumir su verdadero rol de orientadores y hacer acuerdos, como lo han hecho en otras ocasiones, para autocensurarse en beneficio de una población que merece superarse, políticamente, recibiendo de los políticos planteamientos serios.
Diferenciémonos de los fanáticos, rechazando esa propaganda dañina y demandemos una campaña política de altura, que refleje esa evolución política, de la que hablaba ese personaje tan salvadoreño.
A la política le toca madurar
Al concluir 2007, que ha sido un año de gran intensidad en casi todos los órdenes de la vida nacional, lo que queda es la sensación de que estamos pasando a lo que podría ser la etapa final de la transición de posguerra.
A 15 años de haberse superado el conflicto bélico interno con una solución política sin precedentes en la historia del país, estamos en un momento en que el proceso nacional demanda una actitud fundamentalmente madura, abierta y visionaria de parte de todos, y muy en especial de las fuerzas políticas, que son las que aspiran a representar a la población en las posiciones de poder.
Los meses que vienen, de aquí a 2009, serán un período de prueba en lo que se refiere, básicamente, a la madurez del proceso y de sus actores. Esto es lo que caracteriza en particular esta coyuntura que ya estamos viviendo. El pasionismo electoral tiende a hacer creer que la prueba se reduce a quién ganará las próximas elecciones, sobre todo en el nivel presidencial; pero en verdad la prueba es de actitudes, de previsiones y de propuestas.
Ya estamos viendo algunos signos de que esta vez la disputa no se quedará dentro de los límites del personalismo tradicional o de las posturas superficiales, y eso indica que el proceso como tal está dando muestras de maduración que en el pasado reciente no se percibían o eran menos discernibles.
Si el proceso madura, lo lógico sería que los actores políticos lo hicieran en la misma medida; pero eso es lo que aún está en veremos, y las señales son más bien desalentadoras al respecto. Si es así, lo que de seguro veremos es que el proceso les pasará a los actores una factura por su retraso histórico. Nadie debería exponerse a esto.
Desafíos cada vez mayores
Nuestro país enfrenta desafíos cada vez más complejos y apremiantes, en razón de dos realidades que se dan superpuestas: los requerimientos sociales, económicos y políticos propios del avance del proceso democrático por una parte, y, por otra, las evoluciones del fenómeno global, en el que por primera vez estamos inmersos. En este último ámbito formamos parte de una América Latina que, en comparación con su situación de hace algunos años, ha mejorado notablemente, como lo demuestran sus índices de crecimiento; pero que, en contraste con lo que pasa en otras zonas como el Oriente, continúa estando peligrosamente rezagada en tiempos de alta aceleración.
Ante un panorama tan demandante de modernización, eficiencia y competitividad, países como el nuestro no se pueden dar el lujo de quedar encerrados en sus pequeñas rencillas locales o, menos aún, de intentar cualquier tipo de aventuras imprevisibles, como está pasando en otros países latinoamericanos. Tenemos que mostrar, específicamente en este campo, una madurez que nos permita ir evolucionando en forma constructiva, sin traumatismos estériles ni radicalismos obsoletos.
Si logramos hacer tránsitos políticos maduros y responsables, la estabilidad ganará una solidez a toda prueba. Y esto es independiente de quién gane las próximas elecciones. El compromiso de una sana y progresiva gobernabilidad no debe tener colores políticos, y el llegar a esa madurez será el mejor signo de nuestra verdadera mayoría de edad.
Tres Salidas en Falso
Paolo Lüers
Suficientes resúmenes del año han sido publicados. No hace falta otro. Voy a limitarme a resaltar algunos eventos/procesos con potencial de cambiar el mapa político del país:
1) La salida en falso de Mauricio Funes y Leonel González en la carrera presidencial. En deporte, la segunda es la vencida. No aplica en este caso, porque empezaron a correr tan temprano que aún no había nadie en el estadio, ni competidores, ni público, ni jueces. Por esto nadie los sancionó. Sólo que cuando toque la salida de verdad, contra competidores reales, ellos ya estarán agotados.
Pero broma aparte: El FMLN necesita este tiempo extra --y con gusto paga su costo-- para lograr transformarse de oposición maximalista y ortodoxa en contendiente real por el poder, por primera vez.
Una vez eliminada toda oposición interna de sectores renovadores y reformistas, el candidato "civil" Mauricio Funes facilita a la cúpula del FMLN la adopción de posiciones reformistas y pragmáticas, necesarias para poder competir exitosamente en elecciones presidenciales. Con Héctor Silva hubieran podido ganar, pero con él el ala renovador hubiera tomado control del partido. Con Mauricio no existe este peligro, porque ya no existe ala renovador.
2) El intento de Arturo Zablah de convencer al FMLN a construir una amplia alianza. Se abortó con la nominación prematura de Funes. Su plan B --abrir una vía alterna al cambio y a la alternancia-- también se frustró. Dejando colgados de la brocha a sus potenciales socios en CD y FDR.
Con esto se confirma la incapacidad de la izquierda socialdemócrata de articularse como fuerza política. Existe, tiene fuerza e influencia como corriente de pensamiento, pero no logra competir por el poder.
3) La tercera salida en falso, la de René Figueroa, provocada por un tiro de salida falso a manos de Ana Vilma Escobar, también se frustró. Tiro por la culata: En vez de continuismo, habrá un viraje estratégico en ARENA, una apertura, un posicionamiento nuevo como partido reformista del centro...
Aunque al final de este año, ARENA aún está buscando construir consensos sobre su apuesta estratégica y su fórmula, ya está clara la dirección de su viraje.
4) La toma de control de la Universidad de El Salvador por parte del FMLN, que tomó partido en las elecciones universitarias, las ganó, puso rector, y ahora está en el escaparate: Quien quiere ver lo mal que gobierna el Frente, ya tiene dos ejemplos a estudiar: la alcaldía de San Salvador y la UES.
El FMLN va a tratar de contrarrestar estas manchas con una maniobra audaz y muy pragmática: Sacrificar a la fracasada alcaldesa Violeta Menjívar y ofrecer un concejo capitalino plural, con participación de profesionales independientes y otros partidos de izquierda, con un candidato a alcalde externo. Alguien como Héctor Silva o Héctor Dada. Si van solos, de cualquier manera pierden la capital, y con esto las presidenciales. Entonces, mejor ofrecer un escaparate nuevo: "Vean, somos capaces de ser flexibles, abiertos y plurales"…
5) La salida de Will Salgado es el inicio del fin del PCN, por lo menos en su rol parasitario de proveedor de mayorías. Con Salgado en el PDC, serán Rodolfo Parker y Ana Guadalupe Martínez con quienes habrá que hablar de gobernabilidad. Aunque a muchos no le guste, por lo menos será gobernabilidad concertada, ya no la gobernabilidad comprada al PCN. Y esto independiente de quien sea el residente de Casa Presidencial.
6) El "efecto Tony Saca". Saca sigue siendo el político más popular del país. Y por una sola razón: sus políticas sociales. Lo que sólo logrará capitalizar a favor de su partido si decide apoyar al viraje y sintonizarse con el nuevo discurso que adoptará el candidato. Las 19 medidas sociales de su "Alianza para la Familia" (nombre equivocado para políticas correctas) apuntan en esta dirección, y seguramente tendrá otros panes en el horno. Sorpresas incluidas.
7) Suchitoto, 2 de julio. La realidad detrás de los discursos. Demostraciones de fuerza del FMLN y del aparato de seguridad del Estado. Se exhibe el potencial y la disposición a provocar violencia. El Frente feliz por tener presos políticos. El gobierno feliz por poder aplicar su ley antiterrorista. Los moderados de los dos lados apartados de las decisiones y obligados a asumir el discurso bélico de los halcones.
¿Ya es cosa del pasado, ahora que todos hablan suave? Será pasado cuando en ambos bandos los candidatos y las direcciones digan públicamente: "Suchitoto fue un error, no volverá a pasar".
No hay Derecho al Poder
Paolo Lüers
Alternabilidad, alternancia..., palabras mayores en estos días. Con razón, se trata de la esencia de la democracia: Todos tienen la posibilidad de llegar al poder, siempre y cuando el pueblo así lo decida en elecciones.Pero esto no significa que todos tienen derecho a gobernar.
En la democracia no hay ninguna regla que diga: Hoy le toca el turno a quien nunca ha gobernado. Hay quienes nunca van a gobernar, porque nunca van a ganar elecciones, Por suerte. ¿O queremos que le toque el turno nuevamente al PCN? Y esto, que algunos nunca van a gobernar, es inherente al concepto de la alternabilidad democrática.El simple “hoy me toca a mí” no es argumento. No hay turnos que reclamar.El hecho que en El Salvador ARENA esté gobernando de manera permanente, no es muestra de la falta de alternabilidad.
Más bien de la falta de alternativa. La culpa no tiene ARENA, sino la izquierda que es incapaz de proyectarse como alternativa viable.En democracia, la aspiración de quedarse en el gobierno –incluso por quinta vez- es tan legítima que la aspiración de la oposición de llegar al poder.Además hay otro malentendido: que sólo desde el ejecutivo se puede poner en práctica las ideas programáticas de su partido. Esto es así mientras la concepción de oposición es obstrucción.
Pero en una cultura política donde oposición incluye propuesta, concertación, negociación y niveles de corresponsabilidad, gobernar no es la única forma de producir cambios, reformas y avances.Hay otra palabra que todos usan: cambio. Viene el cambio, dice el FMLN, mientras Arturo Zablah y el FDR hablaron de construir una alianza para el cambio. En la cual querían que participe otro partido que incluso adoptó la codiciada palabra y marca en su nombre: Cambio Democrático.Palabras como el cambio son putas, no son amantes leales. Van con cualquiera.
No tienen dueños. Esto ya lo tuvo que aprender Schafick Handal, quien pensaba que la palabra cambio fue inventada para o por él. Gran sorpresa, cuando un señor arenero le quitó la bandera anunciando: ¿Cambio quieren? Pues,¡que bueno, el cambio soy yo!. Y ganó.Hoy, aun más que en el tiempo de Schafick, la gente demanda cambios. Todas las encuestas lo confirman. Y nuevamente hay quienes se confunden y piensan que quien más y más alto grita “¡cambio!”, convence a los ciudadanos que quieren cambio. Afortunadamente, no es así.
Los ciudadanos que quieren cambio, esta masa crítica de la sociedad, no pregunta quién promete más cambio, sino quién tiene capacidad de producirlo. No es la cantidad y radicalidad de cambios prometidas que gana votos, sino más bien la factibilidad de los cambios que le gente ve que alguien puede producir.La izquierda -cierta clase de izquierda- tiende a adolecer de una enfermedad que afecta de manera misteriosa su capacidad de análisis: la enfermedad de sentirse asistido por la historia.
Antes en los manuales del marxismo producidos por Moscú esta locura de creer que la historia es de mi lado, por tanto el cambio, la transformación, siempre va a favorecer a la izquierda, se llamaba ‘materialismo histórico’. Siempre ha sido y sigue siendo un error fatal que lleva a estrategias y políticas equivocadas.Los cambios se dan cuando la sociedad lo demanda. Y si una fuerza política no es capaz de producirlos –por más que lleve la palabra ‘cambio’ en su discurso-, lo va a hacer la otra. Simplemente porque la sociedad lo exige.
Y si esta otra fuerza política es conservadora –de derecha-, en esta situación histórica se va a convertir en fuerza transformadora. El peronismo argentino es un ejemplo clásico de una fuerza de derecha que produce los cambios sociales que la izquierda es incapaz de producir. En México, cuando se agotó el régimen del PRI, el PAN tuvo que asumir las reformas democráticas porque el PRD no estaba listo para gobernar.En El Salvador está abierto quién es la fuerza que producirá los cambios. De esto se trata de aquí al 2009.